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Domingo, 16 de junio de 2024 Iniciar Sesión Suscríbase

“La contraofensiva Ucraniana 2023: condenada al fracaso”, el otro foco de John Mearsheimer

UCRANIA, OTRO FOCO

A pesar de los intensos combates las líneas de frente en Ucrania apenas han registrado movimientos significativos.

“Ahora está claro que la tan ansiosamente anticipada contraofensiva de Ucrania ha sido un fracaso colosal. Después de tres meses, el ejército ucraniano ha logrado pocos avances para hacer retroceder a los rusos. De hecho, todavía no ha llegado más allá de la denominada “zona gris”, la franja de terreno fuertemente disputada que se encuentra delante la primera línea importante de las defensas rusas”.

Así comienza un extenso artículo publicado el pasado 2 de septiembre por John Mearsheimer cuyo título – “Bound to lose: Ucranine´s 2023 Counterffensive” (La contraofensiva ucraniana 2023: condenada al fracaso), ya anticipa su crítico y contundente contenido. Conviene señalar que el autor es uno de los más famosos y reputados politólogos estadounidenses.

Nacido en Nueva York en 1947, pasó por la Academia Militar de West Point y sirvió durante algunos años en la “US Air Force” para finalmente dedicarse a la enseñanza y la investigación en el área de las relaciones internacionales. Profesor de Ciencia Política en la Universidad de Chicago desde 1982, es considerado el padre del denominado realismo ofensivo. Dicho esto, el artículo, cuya lectura recomendamos, nos parece interesante pues rompe con el casi monocolor panorama que recibimos sobre la guerra de Ucrania, tratando de ofrecer, al igual que esta sección, otro foco. 

Como dice, el profesor neoyorquino, “después de tres meses, el ejército ucraniano ha logrado pocos avances” y, según parece, añadimos nosotros, ha experimentado muy notables pérdidas. Efectivamente, después de tres meses de ofensiva, las imágenes tomadas por drones y satélites no muestran grandes cambios en el frente, salvo la ubicua presencia de vehículos destruidos y posiciones machacadas. 

Las pérdidas son tan enormes que se han organizado exposiciones con el material destruido al enemigo, en la imagen la organizada en Kiev el verano de 2022 dentro del marco de las celebraciones por la independencia.

Ni Ucrania ni Rusia han conseguido éxitos de calado, lo que sí vienen logrando día a día es provocarse un mutuo y enorme desgaste.  Zelenski vendió la piel del oso mucho antes de matarlo y, de momento, la frívolamente pregonada ofensiva (que de un solo golpe dejaría K.O. al ruso) no parece estar dando los resultados tan anticipada y alegremente anunciados.

Putin por su parte siempre ha manifestado su preferencia por un combate a quince asaltos – o los que hagan falta – y parece que su oponente ucraniano (al cual hay que reconocer inmenso valor y ciega fe en la victoria) ha entrado al trapo luchando donde, cuando y como se le espera a costa de encajar terribles golpes. Transcurridos tres meses desde el inicio de la ofensiva de verano parece oportuno hacer un expedito balance de lo pasado y algún arriesgado pronóstico de lo futuro.

El balance de lo pasado: Mutua atrición

Aunque los datos son difíciles de contrastar, lo cierto es que las pérdidas por ambos bandos son terribles. Al comienzo de la invasión los rusos se llevaron la peor parte cuando – con excesiva confianza – ocuparon grandes zonas con escasas y mal preparadas unidades. Ahora, la obstinada ofensiva ucraniana que, valerosa pero impenitentemente, trata de romper las, en esta ocasión, bien preparadas defensas rusas está haciendo que el balance se vaya equilibrando.

Según los datos de la plataforma holandesa “oryxspioenkop” (inteligencia de fuentes abiertas) en los últimos tres meses las fuerzas ucranianas habrían perdido una buena parte de los vehículos que llegaron antes del verano dentro del gran paquete de ayuda occidental (hay que señalar que esta plataforma solo certifica la baja de un vehículo cuando existen informaciones e imágenes fidedignas sobre su localización y estado).

Pues bien según “oryxspioenkop” (datos actualizados a fecha 7 de septiembre) ya se habrían perdido 16 tanques Leopard de fabricación alemana, 1 Challenger británico, 4 vehículos caza-carros AMX-10 de procedencia francesa y un gran número de vehículos acorazados de diverso tipo, entre otros 123 Humvee en sus diferentes versiones, 61 MaxxPro, 56 TOA M113, 53 Bradley, 21 Oshosh y 3 Stryker, todos ellos donados por Estados Unidos; 26 Mastiff, 19 Husky, 14 Saxon, 4 Mamba y 3 Spartan enviados por Reino Unido; 12 VAB procedentes de Francia así como 6 Dingo de Alemania, a los que habría que añadir otro goteo de material de diversos modelos y procedencia.

No obstante hay que señalar que según esta misma plataforma, en el cómputo global de la contienda las pérdidas rusas, en lo que a material se refiere, siguen siendo superiores.

El potencial demográfico de Ucrania es limitado lo que ha obligado a ampliar la edad de movilización entre 18 y 60 años.

Tras esta referencia a los medios de combate, resulta obligado hacer mención al desgaste humano que, según muchos analistas, constituye el verdadero talón de Aquiles de las Fuerzas Armadas ucranianas. En este punto nos ceñiremos a citar sin mayores comentarios un reciente artículo de James Waterson, el corresponsal en Ucrania de la, en lo que se refiere a esta contienda, nada sospechosa cadena británica BBC.

El trabajo publicado hace tan solo unos días, el pasado 22 de agosto, se anuncia con elocuente titular: “Ukraine war: The men that don´t want to fight”   (La guerra de Ucrania: los hombres que no quieren ir al combate). Sin mayores consideraciones nos limitaremos a tomar prestados y traducir un par de párrafos que consideramos significativos.

“Ucrania está luchando por satisfacer sus necesidades de soldados. Los voluntarios no son suficientes. El país necesita constantemente reemplazar las decenas de miles que han resultado muertos o heridos. Otros muchos se encuentran al borde de la extenuación después de combatir la invasión a gran escala de Rusia.

Algunos hombres, sin embargo, no quieren pelear. Miles han abandonado el país, a veces después de sobornar a funcionarios, y otros tratan de eludir a los oficiales de reclutamiento, quienes a su vez han sido acusados de emplear tácticas cada vez más expeditivas”

El pronostico de lo fututro: “Y nos dieron las diez”

El gran Sabina en una de sus más famosas composiciones, “Y nos dieron las diez”, cantaba así: “el verano pasó y el otoño duró lo que tarda en llegar el invierno”. Pues ahí estamos, a las puertas de un otoño en el que no se prevén grandes sorpresas en el ámbito de las operaciones. A los obstáculos de las defensas rusas se unirán las inclemencias meteorológicas que transformarán aquellos estivales polvos en autumnales lodos, haciendo impracticable una buena parte de las feraces y feroces tierras ucranianas. Y después del otoño, llegará el invierno…

Por otra parte, aunque de momento no podemos mostrarnos muy optimistas, también debemos hacer mención a un posible cese de las hostilidades. En un artículo anterior titulado “Planes de Paz para Ucrania: China, Musk, Minsk, Dayton ¿posibilidades imposibles?” ya se expusieron los elementos que podían constituir la base para configurar posibles planes de paz.

Pues bien también hay algunas iniciativas que, a nuestro entender por mor del desgaste de los unos y el hastío de los otros, vuelven a hablar de negociaciones. La más reciente la reunión celebrada en Arabia Saudí el pasado mes de agosto que, a fuerza de ser realistas, no ha levantado grandes expectativas (entre otras cosas porque Rusia no fue invitada). 

Dinamarca es uno de los países que ya ha anunciado el envío de  F-16 a Ucrania.

En esta coyuntura, salvo que por cansancio, azar o milagro se impulse un proceso negociador serio, nos veremos el verano siguiente en análoga tesitura. De hecho ya se está volviendo a pregonar (el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra) la próxima ofensiva. Y si en la del presente ejercicio las armas determinantes habrían de ser los carros Leopard, en la venidera lo serán los cazabombarderos F-16.

Naturalmente tan explícito y anticipado anunció hace flaco favor a los futuros pilotos ucranianos, pues habremos de suponer que los rusos, por muy incompetentes que puedan ser o nos empeñemos que lo sean, estarán estudiando a fondo las características y vulnerabilidades de estos aparatos y, al igual que prepararon sólidas defensas contracarro, harán lo propio con las antiaéreas.

A modo de conclusión: la clave

Hay un factor clave que no puede ni debe pasar desapercibido, ni de cara al desarrollo de las operaciones ni al de futuras conversaciones de paz. Actualmente las zonas bajo control de los respectivos ejércitos coinciden, con alguna reserva y matización, con las regiones donde la población es afín, lo que facilita enormemente su control y defensa.

Recordemos que la fuerzas rusas fracasaron estrepitosamente cuando ocuparon zonas, en especial al norte de Kiev, donde la población era hostil; pero también debemos recordar el no menor fracaso de las fuerzas ucranianas, que desde el año 2014 han tratado sin éxito de reducir a los rebeldes de Donetsk y Lugansk, regiones donde la población por ser de origen y sentimiento ruso es también profundamente anti-ucraniana. 

En estas circunstancias es poco probable que, salvo colapso de alguno de los contendientes, se registren grandes movimientos en las actuales líneas de frente y/o posturas negociadoras.

Finalmente y con moderado pesimismo, hay que poner en valor el hecho de que, tal vez por una mezcla de cansancio y amarga realidad, desde múltiples sectores, políticos y mediáticos, comiencen a observarse aptitudes, menos triunfalistas y beligerantes, que contemplan otras opciones distintas del blanco o el negro: el camino a la paz se antoja de color gris.

     

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