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Sábado, 25 de mayo de 2024 Iniciar Sesión Suscríbase

La guerra de Ucrania y la tensión entre Kosovo y la República de Serbia

GUERRA DE UCRANIA, OTRO FOCO

Enfrentamientos entre manifestantes serbios y fuerzas antidisturbios de KFOR.

La semana pasada hacíamos una primera incursión en los territorios de la antigua Yugoslavia con el artículo: La Guerra de Ucrania y el polvorín balcánico. Serbios que combaten en el bando ruso: “Deki” y Daniela Lazovic, “la Pantera”. Dábamos cuenta de las más que buenas y preocupantes relaciones entre la República Srpska (capital Banja Luka) y la Federación Rusa (capital Moscú) que, muy recientemente, han quedado escenificadas con el intercambio de condecoraciones entre sus respectivos mandatarios: el serbio Dodic y el ruso Putin.

En esta ocasión y sin movernos del escenario balcánico nos ocuparemos de las tensiones entre Kosovo (capital Pristina) y la República de Serbia (capital Belgrado) donde la persistente fricción parece estar dando paso a episodios de abierta violencia.

Los tres policías kosovares detenidos por las fuerzas serbias.

Kosovo: Historia reciente

El caso kosovar ha tenido, al menos como precedente y excusa, una cierta y, en ocasiones, no bien valorada importancia en el devenir de los acontecimientos en Ucrania. No nos vamos a extender sobre este asunto, pero sí vamos a transcribir unas ilustrativas líneas tomadas de un artículo que apareció en la Revista Ejército allá por el año 2016: Kosovo y Crimea, Pandora y Procusto

En este documento (cuya lectura recomendamos a los que quieran ampliar información) se cita a Christian Marxsen, doctor en derecho e investigador del prestigioso Instituto Max Planck (célebre centro de pensamiento, dependiente la Universidad de Heidelberg y especializado en estudios de Derecho Internacional). El doctor Marxsen publicó en 2015 un trabajo titulado La declaración de independencia de Crimea donde decía así:

“Crimea y las autoridades rusas buscan justificar sus acciones al amparo del Derecho Internacional, en particular mediante la referencia a la opinión consultiva dictada por la Corte Internacional de Justica sobre Kosovo. En una declaración efectuada el 11 de marzo de 2014, el Consejo Supremo de Crimea proclamó estar actuando “de acuerdo con la carta de Naciones Unidas así como de una amplia gama de documentos de carácter internacional y teniendo en consideración la confirmación del status de Kosovo efectuada por la Corte Internacional de Justicia de Naciones Unidas el 22 de julio de 2010, la cual dice que la declaración de independencia de una parte del país no viola ninguna norma internacional” […]

Al aceptar la extensión del derecho de auto-determinación al caso Kosovo, los Estados occidentales han de asumir su parte de responsabilidad al haber habilitado argumentos de tal índole y minado la ley internacional”.

En la historia reciente de Kosovo hay dos hechos que deben ser considerados trascendentales: en 1999, la intervención militar de la OTAN, que aún hoy mantiene un contingente militar denominado KFOR (Kosovo Force) y en 2008 la declaración unilateral de independencia que dos años más tarde fue validada por la ONU. Estas experiencias, han dejado dolorosa e indeleble huella en el pueblo serbio y, en los sectores más nacionalistas, profundo resentimiento y animadversión hacia un Occidente que – a su modo de ver – patrocinó y certificó la secesión de Kosovo (región considerada la cuna de la nación serbia). Las heridas nunca cicatrizaron del todo y ahora parece que vuelven a abrirse con conatos de descarnada violencia.

Soldados del contingente polaco de KFOR en el área de Kosovska Mitrovica.

Kosovo: presente efervescente

A finales del mes de mayo, en el área de Kosovska Mitrovica (región situado al norte de Kosovo donde la mayoría de la población es serbia), se producían violentos incidentes a resultas de los cuales resultaron heridos una treintena de miembros de KFOR  y alrededor de cincuenta manifestantes (tres de ellos en estado grave). El presidente de Serbia, Aleksander Vucic decreto el estado de alerta máxima para sus Fuerzas Armadas y dio instrucciones para reforzar el despliegue en la zona fronteriza. La OTAN, por su parte, también ordenó el refuerzo de KFOR, autorizando el envío de alrededor de 700 efectivos de refuerzo.

La llegada de los refuerzos KFOR no han conseguido enfriar la situación y así, hace tan solo unos días, el 14 de junio, se ha producido otro grave incidente con dos versiones radicalmente opuestas. Belgrado anunció la detención de tres miembros de las Fuerzas Especiales de Kosovo que se habían introducido en territorio serbio, mientras Pristina afirmaba que fuerzas especiales serbias habían penetrado en territorio kosovar para secuestrar a tres de sus policías.

El presidente de Serbia, Aleksandar Vucic, ha afirmado que los efectivos kosovares fueron detenidos por sus fuerzas antiterroristas cuando se habían adentrado en territorio serbio alrededor de dos kilómetros aprovechando para lanzar un crítico mensaje hacia las fuerzas de la OTAN: “para KFOR debería ser fácil verificar esto”. Por su parte, el primer ministro de Kosovo, Albin Kurti, ha exigido públicamente la condena internacional de lo que él ha calificado como agresión serbia.

La desescalada y vuelta al dialogo solicitadas por los Estados Unidos y la Unión Europea no van por buen camino, pue este incidente ha provocado un mayor tensión entre  Belgrado y Pristina. Mientras tanto el Kremlin, debe estar celebrando y, posiblemente promoviendo, la ruptura con la finalidad de atraer a su órbita a los serbios que, además de ser un pueblo eslavo histórica y culturalmente ligado al ruso, se sienten agraviados por las recientes intervenciones de Occidente en la región.

Finalmente y para concluir una pequeña reflexión operativa. Para Moscú, la apertura de un segundo frente en Europa, sería una excelente noticia ya que los aliados de Ucrania tendrían que diversificar su atención y esfuerzo; para Europa, por razones obvias, tal posibilidad sería un auténtico desastre.  

 


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