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Sábado, 25 de mayo de 2024 Iniciar Sesión Suscríbase

La Guerra de Ucrania y el polvorín balcánico. Serbios que combaten en el bando ruso: “Deki” y Daniela Lazovic, “la Pantera”

GUERRA DE UCRANIA, OTRO FOCO

Fotografía: Daniela Lazovic con el rostro cubierto junto a Dejan Beric, ambos portan armas de fabricación yugoslava, ella un fusil de precisión Zastava M91 y él un fusil de competición Zastava LK M85 (con cierre de cerrojo Mauser).

La guerra Ucrania-Rusia ya va durando más de lo que nadie se atrevió a pronosticar, lo cual no constituye una buena noticia. Para mayor y más sombrío abundamiento, las perspectivas no son nada halagüeñas: hoy por hoy, una posible negociación de paz se presenta como puro anatema y, más bien al contrario, de vez en cuando aparecen preocupantes indicios que apuntarían a una internacionalización del conflicto.

La más nombrada y temida tempestad podría producirse en Asia, si China, aprovechando la convulsa situación y su afinidad con Rusia, se lanzase a una análoga aventura en Taiwán. En África también se vienen registrando tiempos borrascosos, en algunos países la presencia rusa es bienvenida y preferida a la de sus antiguas potencias coloniales (de hecho la Unión Europea está disminuyendo, cuando no clausurando, muchas de las misiones de cooperación militar).

Pero, además, la inestabilidad también podría llegar a América Latina; el pasado cinco de julio, en la Cumbre de la Juventud de la OTAN, Jens Stoltemberg fue preguntado sobre la creciente influencia china y rusa en países latinoamericanos, el Secretario General de la OTAN respondió así: "Lo que vemos es que China y Rusia se acercan cada vez más, vemos que tratan de aumentar su presencia y crear alianzas con diferentes países de todo el mundo. Y por supuesto, esto es algo que seguimos de cerca".

Dejan Beric mostrando su recién adquirido pasaporte de la República Popular de Donetsk

Sin embargo, esta lógica y necesaria preocupación global no debe hacernos olvidar lo que pasa en la propia Europa, cuya situación a veces miramos con voluntaria miopía obviando cercanas amenazas y preocupantes debilidades. En primer lugar, no hay que olvidar que la guerra de Ucrania tiene lugar en suelo europeo y que la posible extensión del conflicto más allá de las fronteras ucranianas no es del todo descartable.

La mayoría de los analistas, por aquello de la proximidad geográfica y las analogías Dombás-Transnitria, ven con preocupación a Moldavia (ver artículo  “Moldavia: el riesgo de internacionalización de la Guerra en Ucrania”), pero, además, empiezan a detectarse peligrosos indicios de calentamiento en el complejo y voltario escenario balcánico. Como alguna vez dijo el buen Sancho Panza, “al perro flaco todo es pulgas”, y parece que con tanto ruido en Ucrania, un conflicto que andaba medio adormecido podría estar despertando.

La República Srspka 

Tras varios años (1992-1995) de guerra en Bosnia y Herzegovina, los acuerdos de Dayton configuraron un país con dos entidades: la Federación de Bosnia y Herzegovina (bosniacos y croatas) y la República Serbia de Bosnia (serbios). Esta última es también y más conocida como República Srspka (capital Banja Luka), para diferenciarla de la República de Serbia (capital Belgrado). Los habitantes de esta zona son eslavos muy ortodoxos con fuertes vínculos (étnicos, culturales, religiosos, políticos…) con Rusia.

Además, una buena parte de la población alberga opiniones y sentimientos muy negativos hacia Occidente y, muy en particular, hacia la Alianza Atlántica (consideran que la intervención militar de la OTAN frustró sus aspiraciones secesionistas e impidió la constitución de la “Gran Serbia”). 

Desde el inicio del conflicto, allá por 2014, los sectores serbios más nacionalistas y beligerantes, simpatizaban abiertamente con los rebeldes separatistas del Dombás apoyando a las autoproclamadas Repúblicas Populares de Donestk (RPD) y Lugansk (RPL). Desde entonces, los serbios constituyen el más numeroso grupo de personal extranjero que combate en el lado ruso.

Un grupo de combatientes serbios en Dombás

Por pragmáticas razones los voluntarios serbios combaten bajo pasaporte de la RPD, RPL o de la propia Federación Rusa. Esta práctica también es habitual en el otro bando y así los foráneos (sobre todo polacos y británicos) que combaten junto a las fuerzas de Kiev lo hacen  como “ucranianos” de reciente y acelerado cuño.

El objetivo es que estos extranjeros, que en principio deberían ser considerados mercenarios, adquieran el estatus formal de combatiente. Según el Derecho Internacional Humanitario (Convenios de Ginebra y de la Haya) sólo los miembros de las Fuerzas Armadas de una parte en conflicto son considerados combatientes.

Con el pasaporte se obtiene la nacionalidad exprés y con ella se consigue eludir la aplicación de la norma 108 del Protocolo Adicional I de los Convenios Ginebra que dice así: “Los mercenarios […] no tienen derecho al estatuto de combatiente o de prisionero de guerra”. La realidad es que, con pasaporte de conveniencia o sin él,  desde 2014 la presencia serbia en el Dombás ha sido constante con algunos casos de cierta trascendencia mediática como la de los francotiradores Dejan Beric o Daniela Lazovic.

Dejan Beric, alias “Deki”

Es posiblemente el más famoso entre los serbios que combaten en el bando ruso. En mayo de 2014, nada más comenzar el conflicto, “Deki” se unió a la Milicia Popular de Donetsk, pero fue capturado casi inmediatamente, en julio de ese mismo año. Sin embargo, según parece, sus captores lo liberaron a cambio de un rescate y se reincorporó a la milicia. A partir de entonces comenzó su carrera como francotirador especializado en la eliminación de tiradores enemigos y en la instrucción de nuevos equipos.

Beric, ha llegado a alcanzar el grado de comandante y ha recibido numerosas condecoraciones convirtiéndose en una figura de gran notoriedad. En 2015 escribió un libro, “Cuando la muerte habla”, en clave autobiográfica, en 2018 se rodó un documental sobre su vida “La guerra del francotirador” y más recientemente ha llegado a aparecer en ruedas de prensa junto a la portavoz del Kremlin María Zaharova. Gracias a su popularidad, desde el año 2021 se ha convertido en reclamo e impulsor del reclutamiento de voluntarios serbios.

Daniela Lazovic

Respecto a Daniela Lazovic, las noticias que han circulado sobre este personaje han sido muchas y muy variadas (posiblemente la mayoría sean exageradas, noveladas o simplemente inventadas). A Daniela se la identifica con una francotiradora, conocida como el apodo de Bagheera (“la pantera”), a quien se atribuye un registro personal de más de cincuenta bajas.

Sobre ella se ha dicho que, antes de unirse a los rebeldes de Dombás en 2014, fue jugadora profesional de balonmano, monja y narcotraficante; también se dice que adquirió la nacionalidad rusa adoptando el nombre de Irina Starikova (juego de palabras que podría traducirse como “la vieja Irina”). La última noticia – cuya veracidad también conviene poner en cuarentena – afirmaba que fue capturada por las fuerzas ucranianas en marzo de pasado año.

Daniela Lazovic, la enigmática francotiradora serbia conocida como “la pantera”

Aparte de casos singulares como los ya mencionados, la cuestión es que, a medida que avanza el conflicto, la proximidad entre Banja Luka y Moscú se ha ido haciendo mayor. En enero de este mismo año, el presidente de la República Srpska, Mirolad Dodic, concedió a Putin la Medalla de Honor (la más alta distinción de la RS). El pasado veintitrés de mayo, Dodic se trasladó personalmente a Moscú para imponer la condecoración (ha de presumirse que ambos mandatarios aprovecharían la ocasión para hablar de temas de mayor calado).

Finalmente, hace tan solo unos días, el seis de junio, el presidente ruso concedió a Dodic la Orden de Alexander Nevski.  El caso es que, a rio revuelto, resulta más que probable que la República Srpska aproveche la ocasión y el respaldo ruso para aumentar la presión con exigencias y acciones vindicativas, elevando la temperatura del volátil escenario balcánico.

 

 

 

 


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