Con una Armada prácticamente sin medios -a excepción de la Aviacion Naval- mientras el Gobierno persiste en su diferendo con el astillero español Cardama (que pese la rescisión contractual unilateral planteada por el gobierno uruguayo ha recibido los ejes del primer OPV que hubiera dotado a la Amada de Uruguay, además de superar las pruebas de los sensores Terma), se ha decidido aceptar la donación de Estados Unidos de una patrullera ex USCG Clase Reliance.
La cesión, a través de la Agencia de Cooperación para la Seguridad de la Defensa, mediante el programa Excess Defense Article, se había planteado a Uruguay desde 2022, aunque la Armada demostró inicialmente escaso interés, aduciendo altos costos de mantenimiento y la veteranía del navío (promedialmente unos 58 años de servicio, ya que la primera fue botada en 1964), no obstante la serie fue sometida a una modernización en los años 80.
Capacidades de la Clase Reliance
En esos años se introdujeron, para sustituir su propulsión Codad, dos motores diésel ALCO 251B de 2500 hp, chimenea tradicional, se mejoran las infraestructuras y sus recursos anti incendio. En materia de radares cuentan con 2 AN/SPS-64.
Su armamento consiste en una ametralladora MK 38, de 25 mm, y dos .50 Browning M2HB. En el caso de Ari Lanka a una de sus unidades se le instalan cañones ZPU de 14.5 mm. La Guardia Costera ya ha desprogramado 8 de los 16 ejemplares que integran la Clase Reliance, algunos de los cuales han sido cedidos a Colombia y Sri Lanka. Con 64 metros de eslora, y 10,3 de manga, operando usualmente con helicópteros Dolphin (Dauphin modificado), aunque Colombia lo hace con Bell 412. su alcance es de 6.000 millas náuticas a 14 nudos o 3.000 a 18.
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¿Y los OPV?
La pregunta subyacente tras este acuerdo es qué pasará con la dotación de navíos del tipo OPV a la Armada Uruguaya, un proyecto que arrancó en 2011 y para dilucidar el cuál distintos gobiernos han evitado una licitación, limitándose a procesos de compra directa, algunos bastante problemáticos, como el que en 2022 le dió una victoria parcial a la China CTSC, sin ser el más barato y ofreciendo equipo occidental cuya compra tenía vetada, hasta desembocar en un último llamado, ya sin participación China, del que emergió la propuesta naval de Cardama.
Antes, se habían comprado dos viejas fragatas portuguesas João Belo al fin de su carrera y de escasa vida útil por 15 millones de euros, así como algunas económicas lanchas SAR alemanas a posteriori, seguidas por una donada, y por la cesión estadounidense de tres unidades Clase Protector, así como de una coreana Clase Chamsuri, accidentada recientemente en el Dique de la Armada.
Tampoco se decide nada acerca de la necesidad, de cara al exponencial avance del narcotráfico vía Uruguay hacia Europa y África, de implementar un sistema de Vigilancia Costera VTS, del cual se carece desde 1994, habiendo sido vanguardia regional el país en su instalación. Ni siquiera la inmensa mayoría de los radares portuarios son de tipo profesional, en el interior han llegado a fugarse buques retenidos de los muelles sin ser captados, y ha habido bases invadidas por delincuentes en busca de armas.
Con buques antiguos, sin medios electrónicos, con periódicos escándalos en los últimos 22 años y sin un entorno favorable, ¿hasta cuándo podrá subsistir la Armada Nacional Uruguaya con un mínimo de operatividad? En este momento es una suerte de insuficiente, mal equipada y precaria Guardia Costera. Una Prefectura Marítima con Aviación Naval, que sigue precisando medios. Incluyendo OPV. Nuevos. (Javier Bonilla / Fotos USCG)







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