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Sábado, 25 de mayo de 2024 Iniciar Sesión Suscríbase

“Zelensky se enfrenta a sus horas más oscuras”

GUERRA EN UCRANIA, OTRO FOCO

Marines ucranianos equipados con lanchas neumáticas ligeras tratan de establecer cabezas de puente en la margen izquierda del rio Dnieper.

Este es el titular con el que hace unos días el “Daily Digest” abría un artículo en el que, sorpresivamente, pintaba un sombrío panorama para el presidente de Ucrania. Decimos “sorpresivamente” pues este medio es uno de los que, con más acérrima fidelidad y fantástico triunfalismo, viene otorgando un tratamiento preferente a los éxitos y fracasos de Kiev (magnificando los unos y acicalando los otros).

El artículo continúa así: «Volodimir Zelensky atraviesa uno de sus peores momentos. Su apoyo internacional se está debilitando pero además están comenzando a registrarse síntomas de desgaste y hastío dentro de su país». Al hilo de este contundente titular trataremos de resumir cuales son los escollos que aparecen en la cada vez más procelosa travesía de Zelensky (escollos que siempre han estado ahí y que a estas alturas parece imposible maquillar u ocultar). Nos centraremos en tres asuntos: el campo de batalla; la coyuntura internacional y la situación interna.

Lanzacohetes BM-27 Uragan, la artillería constituye uno de los elementos esenciales en la solidez de las líneas defensivas rusas

El campo de batalla

Hemos de comenzar volviendo a decir lo ya dicho en anteriores ocasiones: salvo improbable colapso de alguno de los contendientes, la situación en el campo de batalla va a cambiar poco y los reducidos avances que puedan producirse lo serán a elevadísimo coste.

La razón, la ya enunciada en el artículo que hace unos meses publicamos con el siguiente título “La contraofensiva 2023 condenada al fracaso: el otro foco de John Mearsheimer: «Hay un factor clave que no puede ni debe pasar desapercibido, ni de cara al desarrollo de las operaciones ni al de futuras conversaciones de paz. Actualmente las zonas bajo control de los respectivos ejércitos coinciden, con alguna reserva y matización, con las regiones donde la población es afín, lo que facilita enormemente su control y defensa». 

Hemos de reconocer que las fuerzas ucranianas lo han intentado con mucho valor y mayor obstinación (tal vez demasiada). Pero la realidad es que a fecha de hoy controlan menos terreno del que tenían antes del verano y el coste ha sido enormes.

Las tropas de Kiev comenzaron atacando en el sector Zaporiyia donde, tras durísimos combates y a costa de terribles quebranto, lograron recuperar unos exiguos kilómetros cuadrados (que fueron vendidos como gran triunfo y preludio de la inminente victoria); la realidad fue que las líneas rusas no se rompieron y el avance se detuvo en seco. Kiev volvió a intentarlo en Bajmut con renovados esfuerzos pero con idénticos resultados: avances ridículos a un desorbitado coste (la prensa nuevamente anunció la propincua y aplastante victoria).

Finalmente se optó por quemar las naves en una osada operación anfibia a través del río Dnieper, de nuevo algo parecido, los marines ucranianos consiguieron algunas cabezas de puente en la orilla izquierda del curso fluvial pero sin posibilidades reales de ampliación o mantenimiento a largo plazo.

En el momento de escribir este artículo, las fuerzas ucranianas controlan, como decimos, menos terreno del que tenían antes del verano. La reducida zona conquistada en Zaporiyia resiste a duras penas y las tropas del Kremlin presionan para volver a recuperar Verbovoye y Rabotino (dos de los pocos y pequeños pueblos conquistados en la contraofensiva). En Bajmut la cosa va aún peor, en el flanco sur los rusos están recuperando el terreno cedido en Klischiivka, Andriivka y Kurdymovka; en el norte los avances podrían llegar a amenazar las estratégicas posiciones de Chasyv Yar (abriendo una vía de penetración hacía Sloviansk y Kramatorsk).

En el Dnieper tampoco mejoran las perspectivas, el tránsito de pertrechos (munición y abastecimientos) y personal (refuerzos y evacuaciones) en pequeñas embarcaciones está sometido a la continua vigilancia y acción de drones y artillería; de hecho la cabeza de puente de Krynki (donde se han hecho los mayores esfuerzos), puede, salvo milagro, darse por perdida.

Pero además las tropas de Moscú han tomado la iniciativa en otras áreas como Kupiansk o Donetsk. En Kupiansk, al norte, parece que la finalidad es sobre todo distraer fuerzas de otros sectores. En Donetsk, capital de la oblast del mismo nombre, la situación es más compleja, el objetivo sería alejar de la ciudad a las fuerzas ucranianas que desde 2014 hostigan a la población e impiden el uso del aeropuerto; al oeste los rusos han tomado Mariinka y en el este maniobran – no sin grandes dificultades – para cercar el fortín de Avdiivka cuya suerte, salvo sorpresa, está echada.

Las tropas ucranianas fuertemente atrincheradas en Avdiivka tratan de evitar el cerco del estratégico enclave

La coyuntura internacional

Los reveses en el campo de batalla, la aparición de otros focos de conflictividad (muy en particular en Oriente Medio a partir de la incursión terrorista de Hamás en Israel) y el hastío de ciertos sectores de la sociedad occidental han hecho que la causa ucraniana esté perdiendo “momentum”.  Estados Unidos, a las puertas de unas elecciones y con división de opiniones (demócratas vs republicanos) no parece que vaya a seguir enviando ayuda militar en las magnas proporciones en que lo venía haciendo.

En Europa también se están produciendo recortes análogos y la unidad dentro de la UE, que nunca fue total, cada día lo es menos. En un reciente sondeo, el denominado Eurobarómetro planteaba la cuestión de si Ucrania debería continuar con una guerra total hasta recuperar todo el territorio o si debía optar por un compromiso de paz a cambio de territorios. Tan solo en cuatro países la opinión pública se decantó por la primera opción con los porcentajes que aparecen en el cuadro.

PAÍS

A favor de

guerra total

A favor de

paz por territorios

No sabe

No contesta

Estonia

63 %

13 %

24 %

Dinamarca

46 %

24 %

30 %

Polonia

43 %

22 %

35 %

Reino Unido

41 %

19 %

40 %

El gobierno británico, a pesar de las malas perspectivas y las más que justificadas dudas, sigue manifestándose dispuesto a no abandonar a Zelensky quien, según algunas opiniones está y sigue en el cargo por obra y gracia de Londres. Reino Unido es probablemente el país occidental que más ha tenido y tiene que ver con el conflicto y que, además, parece decidido a llevar su implicación hasta las últimas consecuencias.

Hace tan solo unos días, el diario británico “The Telegraph” publicaba una información donde en titulares anunciaba: “Gran Bretaña impulsará el apoyo naval a Ucrania para que Kiev pueda prolongar la lucha. La iniciativa forma parte de un pacto de seguridad a diez años que se firmará en las próximas semanas”.

Según todos los indicios, la armada de Su Majestad no renuncia a sus históricamente frustradas aspiraciones en el Mar Negro y parece que los buques de guerra británicos volverán una vez más a tan revueltas aguas (ver el documento “UK-raine: Reino Unido el más fiel aliado de Ucrania en la guerra contra Rusia”).

El mayor peligro es que se trata de un país de la Alianza Atlántica y un enfrentamiento directo entre buques rusos y británicos podría provocar – vía artículo 5 del Tratado de Washington – una escalada de imprevisible alcance (no sería la primera vez que un incidente naval constituye el casus belli de una conflagración a gran escala). El riesgo – ora medido, ora querido – no es cuestión baladí.

La movilización de la mujer se interpreta como una muy mala señal en lo que respecta a las capacidades de reclutamiento de Ucrania

La situación interna

Los malos resultados de la batalla, la convulsa coyuntura internacional y dos años de guerra han hecho sería mella en la cohesión de la sociedad ucraniana que, al igual que la europea, alberga serias dudas sobre los beneficios de continuar la guerra hasta consumar la cada día más utópica derrota de Moscú.

La creciente desafección de la población y los enfrentamientos de Zelensky con relevantes personalidades tanto de la vida política (como el carismático alcalde de Kiev, Vitali Klichkó) como de la estructura militar (como el propio jefe de las Fuerzas Armadas, general Valery Zaluzhny) no constituyen ningún secreto.

El principal y más controvertido asunto es la movilización que constituye verdadero talón de Aquiles de Ucrania. En un contexto donde se registra un enorme incremento de las bajas y una rampante crisis en el alistamiento de voluntarios (nacionales o extranjeros), el pasado 17 de diciembre, el Jefe de la Inteligencia ucraniana, Kyrylo Budanov reconocía que para continuar la guerra las Fuerzas Armadas del país necesitaban mantener alrededor del millón de efectivos y afirmaba que “sin la movilización, el reclutamiento no podría satisfacer esas necesidades”.

Hasta este verano, se estimaba – al menos en Occidente – que las pérdidas rusas superaban las ucranianas; sin embargo, con la pregonada y contumaz contraofensiva la balanza, como mínimo, se ha equilibrado. En el apartado de personal, los cálculos más fiables apuntan a unas entre 300.000 y 400.000 bajas (muertos, heridos graves y desaparecidos) por bando. La reposición de tan elevado número de combatientes no está resultando nada fácil. Los voluntarios ucranianos ya están en el frente – algunos desde hace años – y los extranjeros también han dejado de alistarse.

La denominada Legión Internacional que al principio tuvo cierto tirón, ahora anda de capa caída viéndose obligada a relajar al extremo las condiciones de ingreso (los límites de edad se han ampliado entre 18 y 60 años y se han eliminado requisitos tales como la experiencia previa o el conocimiento del idioma ucraniano o inglés).

Aun así, no parece que el alistamiento de extranjeros vaya a revertir su decreciente tendencia. Por todo ello el jefe de las Fuerzas Armadas de Ucrania ha hecho llegar a su presidente, que en ausencia de voluntarios, resulta imprescindible movilizar 500.000 efectivos si se quiere continuar con la campaña militar. Todo ello en un marco en el que una elevada proporción de personal movilizable trata de eludir la incorporación a filas por todos los medios – legales o no – a su alcance.

El problema no es solo la cantidad sino, dicho sea con todo el respeto hacia los futuros movilizados, también y más bien la calidad. Se está llamando a filas a hombres demasiado jóvenes y demasiado viejos, sin formación y sin experiencia, con poca moral y ninguna convicción para dejarse la vida en el frente. Todo ello se está traduciendo en un muy significativo aumento de deserciones y rendiciones en unas tropas que, en ocasiones, empiezan a mostrarse poco combativas.

Para mayor abundamiento y en inequívoca prueba de que la situación anda bastante mal, en estos últimos días también se ha decretado la movilización de mujeres, si bien se ha matizado que éstas no serán enviadas a las trincheras de primera línea. En cualquier caso, sea en el frente sea en retaguardia la movilización forzosa de la mujer es una muy mala señal.

Visto lo visto, parece que el titular del “Daily Digest” no es gratuito y que, efectivamente, Zelensky se enfrenta a su hora más oscura. La imagen y valoración del otrora alabado e intocable presidente ucraniano no deja de perder enteros y algunos, dentro y fuera de Ucrania, comienzan a verle como un autócrata ególatra y mesiánico que ha perdido la noción de la realidad.

No queremos ser “pájaro de mal agüero” pero, con la actual inercia y salvo inesperado giro argumental, la historia del actor que llegó a presidente y luego se metió a héroe podría tener un mal final.


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