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UK-raine: Reino Unido, el más fiel aliado de Ucrania en la guerra contra Rusia

GUERRA EN UCRANIA, OTRO FOCO

Alegórica bandera de UK-raine.

Antes de entrar en materia, debemos hacer una pequeña precisión sobre el título de este documento. UK-raine es un acrónimo construido mediante la fusión, o más bien semi-absorción, de dos elementos léxicos: “UK” (a su vez acrónimo de United Kingdom [Reino Unido]) y “Ukraine” (Ucrania en inglés).

Debemos confesar que el término no es de nuestra invención y por ello no nos atribuiremos tal mérito. La realidad es que hace algunos años – en 2015 – paseando por el distrito londinense de Chelsea, nos topamos con este imaginativo acrónimo “UK-raine” que se usaba para anunciar una exposición que reunía a artistas de ambos países.

Ucrania por entonces ya era objeto de creciente atención debido a los sucesos del Euromaidan (2013) que acabarían con el derrocamiento del presidente Viktor Yanukovich y los levantamientos de las regiones de mayoría etnia y afiliación rusa que le siguieron (2014); sucesos que a la postre darían lugar a la actual guerra.

En aquel entonces ya era patente el polifacético apoyo y muy especial dedicación que Londres prestaba a los asuntos ucranianos; por ello nos llamó la atención este singular acrónimo que ahora recordamos y que artísticamente indica que entre “UK” y “Ukraine” hay una relación de gran alcance y profundidad.

Por otra parte, desde hace semanas viene constándose que el cansancio bélico, los escasos resultados de la contraofensiva y los venideros procesos electorales están marcando la evolución de las relaciones de Kiev con sus aliados (todo ello sin contar la inesperada eclosión de otro foco de desaforada violencia en Gaza). En un anterior artículo dábamos cuenta de los pobres resultados de la gira americana de Zelenski y en otro previo de las relaciones en Europa que, en evidente crisis, amenazan con convertirse en tóxica relación.

En el artículo dedicado a los aliados europeos decíamos que excluíamos al Reino Unido por no ser miembro de la Unión Europea y sobre todopor ser país cuya política e intereses en Ucrania son tan particulares, anfibológicos y polimórficos que bien merecen un análisis en separata”.

Para completar la trilogía aliada, en las siguientes líneas haremos un breve repaso por los aspectos más relevantes de los vínculos entre Reino Unido y Ucrania así como del papel de Londres en el conflicto. Así comenzaremos con un breve apunte histórico para posteriormente señalar algunos aspectos políticos, económicos y – como no – militares de la alianza Londres-Kiev.

Combatientes de la 3ª Brigada (antigua Azov), el que aparece en primer plano sobre la insignia de la Unidad luce la bandera británica

La Historia

Reino Unido, por su insularidad, es un país con eminente vocación marítima que basó la creación de su imperio en el poderío naval. Para ello además de una gran flota era necesario contar con bases y puertos estratégicamente situados a lo largo y ancho del mundo. El mar Mediterráneo no iba a ser una excepción y así tomó y todavía mantiene bases navales operativas tanto en el extremo occidental (Gibraltar en España) como en el oriental (Akrotiri y Dekelia en Chipre).

Reino Unido ocupó Gibraltar aprovechando la Guerra de Sucesión en España (1713-1715) manteniendo y ampliando la colonia en virtud de una muy británica, flemática y laxa interpretación del tratado de Utrech (1715).

En el otro extremo Chipre pasó a convertirse en colonia británica a consecuencia de una de las guerras ruso-turcas (1877-1878), posteriormente cuando Chipre alcanzó la independencia (1960) Londres aprovechó la división entre las comunidades ortodoxo-chipriota y turco-chipriota para deslizar un acuerdo en el cual se contemplaba que Akrotiri y Dekelia permanecerían como bases de soberanía británica.

No vamos a abundar, por no ser el momento, en el caso de Gibraltar pero sí en la historia de las bases en Chipre pues, aunque no lo parezca, ayudarán a comprender la posición de Londres en el conflicto Ucrania-Rusia.

Durante una de las guerras ruso-turcas, la también conocida como Guerra de Crimea (1853-1856), dos potencias occidentales, Francia y Reino Unido, acudieron en apoyo del Imperio Otomano para evitar una mayor expansión de Rusia hacia el Mediterráneo. Las fuerzas franco-británicas desembarcaron en Crimea en septiembre de 1854.

Uno de sus principales objetivos era la toma de Sebastopol (base naval sede la flota rusa del mar Negro), por ello inmediatamente, el 25 de ese mismo mes pusieron la ciudad bajo asedio. Casi un año después, el 9 de septiembre de 1855, la ciudad cayó en manos de los asediantes.

Sin embargo, la Rusia del siglo XIX no era la España del XVIII y así, el zar Alejandro II en lugar de renunciar a Sebastopol y buscar el armisticio, abandonó las operaciones en Crimea, donde no le iba bien, pero aumentó la presión en otros frentes (particularmente en los Balcanes).

Mientras tanto el correr de tiempo hacía que el estado de las tropas expedicionarias franco-británicas se fuese deteriorando poco a poco por mor del clima, las enfermedades y la falta de suministros. La prolongación de la guerra, con una lejana y muy compleja logística, resultaba difícil y muy costosa, lo que acabó provocando ciertas fisuras en los aliados.

Finalmente Francia, con la reticencia de Reino Unido, promovió el Tratado de París (30 de marzo de 1855) que, en su artículo IV; contemplaba la devolución de Sebastopol a Rusia. Las tropas británicas, al mando del General William Codrington, permanecieron en Sebastopol hasta el 12 de junio, fecha en la que definitivamente abandonaron la ciudad, no sin antes haber volado las principales fortificaciones e instalaciones portuarias.

Londres que se había opuesto al citado artículo IV aceptándolo a regañadientes, se vio obligada a renunciar la codiciada base naval que por unos meses estuvo en sus manos.

No mucho después, aprovechando otra guerra ruso-turca, la denominada Guerra de Oriente (1877-1878), Reino Unido se hizo con su anhelada base. Durante el primer año la guerra tuvo un cierto carácter regional, dirimiéndose entre las fuerzas del sultán Abdülhamid II y las del zar Alejandro II con la participación de los países balcánicos que se pusieron del lado ruso.

Soldados ucranianos sobre un Spartan FV103, en el lateral se ha pintado la cruz de hierro y en el frontal se conserva la bandera de Reino Unido.

Sin embargo, a principios de 1878, cuando la balanza parecía inclinarse a favor de Moscú cuyas fuerzas se acercaban peligrosamente a Estambul, Londres decidió enviar una flota en apoyo de los turcos. Lo cierto es que la intervención británica propició el fin la contienda pero no lo es menos que el socorro acabó en desastre para los socorridos pues los acuerdos de paz fueron auténtica debacle para el Imperio Otomano.

Si el Tratado de San Stefano (3 de marzo) fue malo pues reconocía la independencia de Bulgaria que dejaba de depender de Estambul, el de Berlín (13 de julio) fue peor pues obligaba a reconocer la independencia de Serbia, Montenegro y Rumania, pero además el imperio austro-húngaro se hacía con los territorios de Bosnia-Hezegovina, Rusia con Besarabia y Reino Unido se quedaba con la isla de Chipre (lo que finalmente le permitió instalar las bases navales de Akrotiri y Dekelia que hasta hoy mantiene).

Sin embargo la espina de Sebastopol – que tan cerca estuvo - seguía clavada en el corazón británico. Por ello, finalizada la I Guerra Mundial, Reino Unido decidió enviar nuevamente su flota al mar Negro para apoyar al general Wrangel, el líder de los rusos blancos que se había hecho fuerte en Crimea. Los rusos blancos aguantaron los embates de los denominados ejércitos rojo (rusos bolcheviques) y negro (ucranianos anarquistas) hasta noviembre de 1920, mes en que, ante la imposibilidad de prolongar la resistencia, procedieron a evacuar la península.

Los británicos prestaron apoyo a Wrangel hasta el último momento. Durante los dos años de guerra los buques de su majestad proporcionaban la mayor parte de los suministros logísticos e impedían que los bolcheviques pudieran realizar movimientos u operaciones navales en los mares de Azov y Negro. Finalmente, cuando el ejército blanco se vio obligado a abandonar Crimea, los navíos británicos llevaron el peso de la evacuación. La esquiva Sebastopol se escurría de nuevo volviendo a quedar en manos rusas.

La alianza Londres-Kiev

El análisis de la historia nos enseña los fundados y añejos intereses británicos en la zona. No queremos decir que Londres apoye a Kiev por intereses particulares ni mucho menos insinuar que siga aspirando a anclar sus navíos en Sebastopol pero lo que es innegable es que Reino Unido y Rusia son sinceros y ancestrales rivales geopolíticos y que sus enfrentamientos más cáusticos y abruptos se han producido en el mar Negro. 

Lo cierto es que la historia nos ayuda a comprender porque la alianza de Londres y Kiev no es alianza cualquiera.  Esta alianza se viene manifestando en muchas y variadas formas.

En el terreno político Reino Unido siempre ha utilizado sus influencias para atraer a los sectores ucranianos más pro-occidentales tratando que el país se alejase de la esfera de influencia post-soviética. A partir de las revueltas del Maidán (2013) este apoyo se hizo más intenso y evidente, ampliándose en fondo y formas para alcanzar los más variados ámbitos: diplomático, económico, militar e incluso cultural (recordemos la ya mencionada exposición de 2015 que da título al artículo: UK-raine).

En el 2014, con la Guerra del Dombás, la cooperación militar pasó a ser primera prioridad y mucho más a partir de la invasión rusa en febrero de 2022 aportando asesores (se ignora, pero se sospecha, que el número de militares británicos en tareas de “asesoramiento” es elevado) y transfiriendo material bélico (vehículos, armamento y municiones). En este marco, hay analistas que opinan que Londres ha sido y es el aliado más sólido y fiel de Kiev y efectivamente hay indicios y detalles que avalan esta tesis.

Los MIG-29 de origen polaco cedidos a Ucrania han sido modificados para permitir el lanzamiento de los misiles Storm Shadow

Por citar algún ejemplo nos referiremos a algunos hechos recientes significativos. Durante el primer semestre del año 2023, Reino Unido ha sido el país que ha dado instrucción militar acelerada al mayor contingente de soldados ucranianos para preparar la largamente anunciada contraofensiva.

En este mismo contexto, el pasado mes de agosto ya estaba claro que la citada contraofensiva no era tan triunfal como se había pregonado, inmediatamente Zelenski marchó a Londres – entendemos que no por casualidad - para, según sus propias palabras, pedir “garantías de seguridad”. Ante las enormes pérdidas registradas con los asaltos acorazados se produjo un cambio de estrategia que cambiaría los asaltos frontales de unidades acorazadas y mecanizadas por acciones en la retaguardia enemiga.

Estas acciones se están llevando a cabo con misiles de gran alcance y potencia para destruir infraestructuras y neutralizar objetivos de alto rendimiento: cuarteles generales, puestos de mando, comunicaciones, bases logísticas… No se puede confirmar que Londres haya patrocinado este cambio de estrategia pero lo que sí es cierto es que se está llevando a cabo con misiles, los famosos Storm Shadow; transferidos por Reino Unido.

Todo ello sin contar el doblemente inestimable apoyo de la inteligencia británica; decimos doble porque por una parte no se puede estimar su alcance y por otra porque no tiene precio. No obstante, no nos extenderemos sobre este tema para, valga la redundancia, no extender en demasía el presente documento.

 

 


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