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Miércoles, 20 de mayo de 2026 Iniciar Sesión Suscríbase

El INTA reivindica el espacio como dominio vital para la defensa

El teniente general Enrique Campo Loarte, director general del INTA.
El teniente general Enrique Campo Loarte, director general del INTA.

El teniente general Enrique Campo Loarte, director general del INTA, aprovechó su intervención en el Congreso del Espacio 2026 que organizan TEDAE y la Agencia Espacial Española para reivindicar el espacio como dominio estratégico vital para la defensa y la seguridad, y para subrayar que España ocupa hoy una posición privilegiada en este ámbito, siempre que no pierda el impulso alcanzado.

Un dominio estratégico para la defensa

Campo Loarte abrió su intervención recordando que el espacio ha estado ligado a la seguridad desde los primeros navegantes que, en el siglo XVI, se guiaban por las estrellas para explorar y conectar océanos, con todos los riesgos y oportunidades que ello implicaba. Hoy, ese paralelismo se traslada al espacio ultraterrestre, un medio “homogéneo, tridimensional e ilimitado” sometido a condiciones extremas de radiación, vacío y temperaturas, que exige un altísimo nivel tecnológico para operar en él.

El director general del INTA recalcó que prácticamente todas las capacidades militares modernas dependen de sistemas espaciales, desde el mando y control hasta las municiones guiadas, lo que convierte al espacio en un multiplicador de fuerza y en un habilitador directo de la superioridad de información y de la rapidez en la toma de decisiones. A esta dimensión militar se suma una marcada horizontalidad y dualidad: los mismos sistemas dan servicio a sectores como la agricultura, la energía, las finanzas, la meteorología, el transporte o la salud, reforzando el carácter estratégico del sector espacial.

Comunicaciones, navegación y observación: pilares espaciales

Campo Loarte estructuró la contribución del espacio a la defensa en tres grandes campos de acción: comunicaciones, observación a distancia y sistemas globales de posicionamiento, navegación y sincronización temporal. La diferencia entre los usos civiles y de defensa, apuntó, reside sobre todo en la calidad del producto —por ejemplo, la resolución de las imágenes— y en la seguridad de los sistemas.

Como ejemplo de esta dualidad citó el sistema europeo Galileo, cuyos servicios abiertos ya ofrecen algunas de las mejores prestaciones civiles disponibles, mientras que el servicio gubernamental reservado incorpora funciones avanzadas de integridad, alarmas y protección, clave para aplicaciones críticas de defensa. En observación de la Tierra, subrayó la importancia de contar con imágenes de altísima resolución en espectro visible y radar, de día y de noche, así como en infrarrojo, capaces de detectar movimientos, identificar patrones, seguir objetivos y registrar cambios en el terreno con gran persistencia.

Programas espaciales de defensa españoles

El director general recordó que el Ministerio de Defensa lleva invirtiendo en capacidades espaciales desde finales de los años ochenta, con programas conjuntos de observación con Francia y su posterior consolidación desde 2018. España dispone actualmente de capacidad de observación radar a través del satélite PAZ, cuya renovación está en marcha con el futuro PAZ-2, y trabaja también en la renovación de la capacidad óptica mediante un nuevo programa, con sensores de alta resolución en espectros visible e infrarrojo.

En el ámbito de las comunicaciones militares, Campo Loarte se refirió a los sistemas gubernamentales que conectan centros de mando con fuerzas desplegadas en plataformas aéreas, navales, terrestres e incluso espaciales, garantizando alta disponibilidad en entornos degradados y protección frente a interferencias y ataques electrónicos. Citó la trayectoria de España en este campo con diferentes iniciativas, así como la importancia de los sistemas de inteligencia de señales (SIGINT) para interceptar y analizar radiaciones electromagnéticas del adversario.

Operaciones multidominio y contra-espaciales

Campo Loarte insistió en que las capacidades espaciales son esenciales en las operaciones multidominio, donde las Fuerzas Armadas combinan en tiempo real capacidades en los dominios terrestre, marítimo, aéreo, cibernético y espacial. Todo ello se integra mediante complejas arquitecturas de mando y control que fusionan datos de sensores desplegados en tierra, mar y aire con la información procedente del espacio.

Un ejemplo ilustrativo que ofreció fue la alerta temprana ante un misil, que puede optimizarse combinando la detección de su firma infrarroja desde satélites con la información de radar desde sensores terrestres. En este contexto, el teniente general destacó la creciente relevancia de las operaciones contra-espaciales, dirigidas a impedir el uso de sistemas espaciales por parte de un adversario, obtener información de ellos o emplearlos como herramienta de disuasión. Estos efectos pueden dirigirse no solo contra los satélites, sino también contra estaciones terrenas, enlaces de datos, usuarios, cadenas de suministro e incluso el espectro electromagnético.

Además de las acciones hostiles deliberadas, Campo Loarte subrayó que la vulnerabilidad de los sistemas espaciales se ve agravada por la proliferación de desechos orbitales y la congestión de ciertas órbitas, que añaden riesgo de colisión y fragmentaciones. Para afrontarlo, España cuenta con servicios de vigilancia y seguimiento espacial que permiten monitorizar trayectorias, maniobras, fragmentaciones y posibles colisiones, así como apoyar las maniobras de satélites.

En este ámbito, el teniente general citó el papel del Centro Español de Vigilancia y Seguimiento Espacial, contribución nacional al sistema europeo de vigilancia, y del Centro de Operaciones y Vigilancia Espacial del Mando Operativo del Espacio, que aporta capacidades adicionales específicas de defensa. La resiliencia frente a amenazas —cinéticas, no cinéticas y cibernéticas— es, según remarcó, la característica que distingue principalmente al espacio gubernamental respecto al no gubernamental.

De grandes satélites a constelaciones distribuidas

Campo Loarte explicó la transición en curso desde el modelo clásico de grandes satélites únicos o pequeñas constelaciones hacia arquitecturas distribuidas, basadas en gran número de pequeños satélites en órbita baja. Esta aproximación reduce la vulnerabilidad, acorta tiempos de desarrollo, facilita la rápida reposición en caso de pérdida e introduce mejoras tecnológicas de forma incremental durante el ciclo de vida.

El incremento del procesamiento “a bordo” y el uso de enlaces intersatélite son claves para reducir la latencia y mejorar la interoperabilidad entre distintas constelaciones y sistemas. Aquí el director del INTA citó el programa ANSER como ejemplo paradigmático: una constelación de tres nanosatélites en formación, con carga útil distribuida, concebida para demostrar en órbita tecnologías disruptivas de observación de la Tierra y comunicaciones avanzadas. El fallo en el lanzamiento de uno de los satélites y su posterior puesta en órbita y reencuentro con el resto del clúster demostraron, destacó, la resiliencia de este enfoque frente a imprevistos.

Capacidad soberana de acceso y papel de España

El director general del INTA dedicó un apartado a la necesidad de contar con una capacidad soberana, ágil y económica de acceso al espacio, área en la que España, afirmó, está realizando un esfuerzo destacable. Esta autonomía, ligada al desarrollo de lanzadores y a la consolidación de infraestructuras espaciales nacionales, se considera clave para garantizar el apoyo a las operaciones militares y la continuidad de servicios esenciales.

En su conclusión, Campo Loarte definió el espacio y sus activos como estratégicos para una amplia gama de actividades humanas y “muy particularmente” para la seguridad y la defensa, al proporcionar capacidades esenciales que revierten en el bienestar de la sociedad. Defendió que el sector espacial español, apoyado en una fuerte colaboración público-privada y en cooperación con aliados, ocupa hoy una posición privilegiada a nivel internacional, aunque advirtió que es imprescindible mantener el impulso, aprender de los errores y no perder peso en este ámbito estratégico.

Cerró su intervención retomando el símil marítimo con el que había comenzado: igual que los navegantes del siglo XVI afrontaron un cambio de época al lanzarse a explorar los océanos guiados por las estrellas, la España de hoy se enfrenta a nuevos desafíos en el dominio espacial, donde el naufragio no dependerá de la “mar”, sino de la coherencia entre las promesas y las decisiones que se adopten en plena tormenta tecnológica y geopolítica. (José Mª Navarro García)

 

 


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