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Europa acelera cinco proyectos de defensa para movilizar unos 190.000 millones de euros para 2036 en 5 programas, España participa en cuatro de ellos

Bruselas ha dado un nuevo paso para reforzar la base industrial de defensa europea con la propuesta de cinco Proyectos Europeos de Defensa de Interés Común (EDPCI), una batería de iniciativas, con distintos plazos de ejecución, que aspira a movilizar un total de 281.000 millones de euros hasta 2045 y en la que España participa en cuatro de los cinco programas, lo que la sitúa en una posición de entrada bastante favorable dentro de la nueva arquitectura europea de defensa. 

 

La Comisión Europea presentó estos proyectos el 3 de julio, en el marco del Programa Europeo de la Industria de Defensa (EDIP), dotado con 1.500 millones de euros para 2026 y 2027, de los que 325 millones se reservan específicamente para el despliegue de estos proyectos comunes.

Europa quiere dejar de comprar y desarrollar capacidad militar de forma fragmentada. Bruselas plantea así estos proyectos como marcos de cooperación a gran escala para sistemas demasiado caros o complejos para ser abordados por un solo Estado miembro, con el objetivo de aumentar la interoperabilidad, acelerar la producción y reducir las dependencias externas.

Para España, esto abre una oportunidad industrial evidente, pero también obliga a posicionarse en programas de alto nivel tecnológico donde la competencia entre países y empresas será intensa. Los proyectos europeos de gran tamaño suelen concentrar valor en unos pocos líderes industriales, por lo que España deberá evitar quedar relegada a tareas de bajo margen. El reto será asegurar participación en la arquitectura, la integración y la producción crítica, y no solo en fases auxiliares o de suministros.

Un salto de escala industrial

EDIP no financia únicamente investigación o compras puntuales: trata de estructurar consorcios estables, impulsar la producción en serie y crear una arquitectura común en áreas críticas como drones, espacio, guerra marítima, defensa aérea y protección del flanco este. La Comisión subraya además que los proyectos se alinean con prioridades de capacidad de la OTAN, buscando hacer compatible la autonomía estratégica europea con la interoperabilidad aliada.

En términos prácticos, esto significa que la Unión deja de pensar solo en programas nacionales y empieza a empujar grandes cadenas de valor transfronterizas. Para la industria española, el impacto potencial va más allá de la simple participación en contratos, se traduce en acceso a financiación europea, mayor capacidad de exportación, más cooperación con socios de primer nivel y un papel más sólido en futuras compras conjuntas.

Drones y sistemas antidrones

El primer programa, DronE and Counter Drone European Resolve (DECODER), se centra en el desarrollo, escalado y despliegue coordinado de sistemas europeos no tripulados y de defensa contra drones. Su objetivo es cerrar brechas de capacidad crítica en los Estados miembros, un ámbito que ha ganado urgencia por el empleo masivo de drones en conflictos recientes y por la proliferación de amenazas híbridas contra infraestructuras militares y civiles. Participan 26 Estados miembros y países asociados como Noruega y Ucrania, con una estimación financiera global de entre 3.500 y 5.000 millones de euros hasta 2033.

Para España, este programa encaja con varias necesidades simultáneas: defensa de bases, protección de instalaciones navales, vigilancia de fronteras, apoyo a operaciones expedicionarias y desarrollo de una industria nacional con experiencia en sensores, software, guerra electrónica y plataformas no tripuladas. También puede favorecer a empresas españolas especializadas en integración de sistemas, ciberdefensa, optrónica y mando y control, ámbitos donde el valor no está solo en la plataforma, sino en el sistema completo.

Defensa marítima y del lecho marino

El segundo gran bloque, Integrated Maritime and Seabed Defence (IMSD), busca crear una arquitectura federada de defensa marítima y de los fondos marinos. Este programa responde a una realidad cada vez más evidente: cables submarinos, gasoductos, puertos, nodos logísticos, sensores y activos de vigilancia bajo el mar se han convertido en objetivos de alto valor estratégico. La iniciativa reúne a 17 países y aspira a movilizar entre 43.000 y 72.000 millones de euros hasta 2045.

Se basa en la integración de tres pilares fundamentales que se refuerzan mutuamente: el conocimiento del ámbito marítimo, el combate naval y la interdicción marítima, y la guerra submarina y del lecho marino. El proyecto busca mejorar el conocimiento común del dominio marítimo mediante una arquitectura de intercambio de información de la UE interoperable e integrada, y apoyará un desarrollo industrial coordinado, la ampliación y la adquisición conjunta de plataformas navales, sistemas submarinos, sistemas no tripulados, herramientas de inteligencia, vigilancia y reconocimiento (ISR) y capacidades de guerra submarina.

Con un alcance significativo y un volumen financiero total estimado muy considerable, el proyecto se basa en varias iniciativas en curso de la PESCO y la EDA y tiene en cuenta las actividades pertinentes de la OTAN. Cuenta con la participación de un gran número de países (17), entre ellos España, y sus beneficios se extienden a una parte más amplia de la Unión.

El componente espacial: una constelación multimisión

El proyecto SPACE se orienta a reforzar las capacidades espaciales europeas con un alcance económico estimado de hasta 24.000 millones de euros en 2034 y 16 países involucrados. El programa tiene como objetivo reforzar las capacidades espaciales europeas en materia de alerta temprana basada en el espacio (SBEW), comunicaciones por satélite (SATCOM), inteligencia, vigilancia y reconocimiento (ISR), incluida la inteligencia de señales (SIGINT), conciencia del dominio espacial (SDA), el posicionamiento, la navegación y la sincronización (PNT) y la guerra de navegación (NAVWAR), los sistemas espaciales adaptativos (RSS) y un enfoque multimisión.

Para aunar las diversas misiones descritas anteriormente, la EDPCI propone estudiar el desarrollo de una constelación multimisión.

El proyecto se centra en la adquisición conjunta de productos de defensa, incluida la infraestructura necesaria, en apoyo de herramientas comunes de planificación militar para el uso compartido de SATCOM, los servicios PNT, las capacidades de ISR y las capacidades de detección y neutralización de NAVWAR. También prevé un mayor desarrollo de las capacidades espaciales...

Aquí España parte con una base importante: tiene una industria espacial consolidada, con presencia en segmentos de satélites, segmentación terrestre, sistemas de misión y tecnología de observación de la Tierra. Además, el espacio es ya un dominio operativo militar y no solo civil; afecta a comunicaciones seguras, mando y control, inteligencia y navegación precisa. Si España consigue una posición relevante en SPACE, no solo ganará contratos, sino también capacidad para influir en la futura arquitectura europea de seguridad espacial.

Defensa aérea y antimisiles

El cuarto programa, EU Federated Integrated Air and Missile Defence including Early Warning (EU-FIAMD), es probablemente uno de los más sensibles desde el punto de vista operativo. Su meta es construir una defensa aérea y antimisiles integrada y colectiva, con sistemas de alerta temprana y estructuras de mando y control compatibles con la OTAN. Participan 16 países, España entre ellos, y la inversión estimada se sitúa entre 55.000 y 80.000 millones de euros para 2040.

Para España, este proyecto tiene implicaciones directas por la necesidad de proteger bases, centros de mando, puertos, infraestructuras energéticas y nodos industriales frente a misiles, drones, municiones merodeadoras y otras amenazas aéreas. También abre la puerta a una mayor integración de sensores, radares, interceptores y redes de mando, un terreno donde la industria española puede aportar sistemas electrónicos, software y capacidades de integración.

El objetivo de EU-FIAMD es proporcionar a los Estados miembros una defensa aérea y antimisiles integrada (IAMD) colectiva y eficaz, que incluya información de alerta temprana y aspectos relacionados con el mando y el control. Su objetivo es permitir a los países desplegar capacidades relevantes para la IAMD, así como garantizar que las diversas soluciones nacionales puedan combinarse de forma eficaz y emplearse de manera conjunta, incluidos sensores, efectores y entornos de mando y control.

Más concretamente, el proyecto se centra en la creación de una arquitectura común global a nivel empresarial y de capacidades, la ampliación industrial de los sistemas existentes y la adquisición común de productos de defensa. El proyecto también se centrará en el desarrollo en apoyo de las tecnologías críticas que sustentan la IAMD.

Flanco este y movilidad militar, el más ambicioso económicante

El quinto programa, Eastern Flank Watch, el único de los 5 en el que España no participa, se centra en la seguridad del flanco oriental de la Unión y en la protección de la integridad territorial europea. Está estructurado en seis pilares: combate terrestre, defensa contra drones, inteligencia C4ISTAR, contramovilidad, movilidad militar y defensa antiaérea. Participan 15 países y la estimación financiera oscila entre los 60.000 y los 100.000 millones de euros hasta 2036.

Estos nuevos 5 proyectos industriales colaborativos, que contribuyen al desarrollo de las capacidades militares de los Estados miembros, beneficiarán a la mayor parte de la UE y están abiertos a la participación de Noruega y Ucrania y se ajustan plenamente a las prioridades de la UE y la OTAN en materia de capacidades y se espera que contribuyan directamente a la preparación para la defensa de la UE. Las oportunidades de financiación se materializarán tras el establecimiento formal de las EDPCI por parte del Consejo y podrán continuar en el marco del futuro Marco Financiero Plurianual de la UE. 

Según Andrius Kubilius, Comisionado de Defensa y Espacio “estos nuevos, ambiciosos y ambiciosos proyectos de defensa a largo plazo constituirán iniciativas clave para reforzar la capacidad de defensa de la UE y consolidar nuestra autonomía estratégica. Los EDPCI que proponemos hoy contribuirán directamente al desarrollo de un Escudo Europeo Aéreo, Marítimo y Espacial, a la mejora de las capacidades de defensa contra drones y sistemas antidrones, y a la seguridad del flanco oriental. Con una financiación conjunta que asciende a unos 190.000 millones de euros para 2036, desempeñarán un papel fundamental en el fortalecimiento de las capacidades de los Estados miembros y en la protección de Europa y de los europeos”. 

 

 

 


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