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La capacidad de producir por delante de la tecnología: Europa en medio de una economía de defensa acelerada

Eurosatory 2026.
Eurosatory 2026.

La reciente muestra Eurosatory 2026 se ha consolidado como un salón de ruptura: récord de expositores y una feria que reflejó más una economía de guerra que un mercado de defensa convencional. Una conclusión se presenta clara: la industria de defensa, especialmente la terrestre, ha entrado en una fase de urgencia estructural, en la que la capacidad de producir y reponer cuenta tanto como la sofisticación tecnológica. 

 

Reunió en torno a 2.600 expositores procedentes de casi 70 países, un 30 por ciento más que en 2024, un reflejo bastante fiel de cómo los gobiernos europeos y sus aliados asumen que el rearme ya no es coyuntural, sino parte de una agenda estratégica de largo recorrido. Centenares de delegaciones la visitaron en busca no tanto de contratos a corto plazo, sino para negociar coproducciones, transferencias tecnológicas y garantías de suministro que, en la práctica, están reconfigurando las cadenas de valor europeas.

Destaca el caso de Ucrania, con cerca de 80 empresas, frente a apenas 10 en la edición anterior, quinto país por expositores (tras Francia, Estados Unidos, Alemania y Australia). Convirtió su presencia en una demostración de saber hacer en guerra de alta intensidad. Esa multiplicación del tejido industrial presente en el salón supone que Kiev ya no solo pide apoyo, lo capitaliza tecnológicamente y se sienta a la mesa como socio de diseño, prueba y validación de sistemas.

Las empresas ucranianas ofrecen soluciones en UAV de ataque y reconocimiento, guerra electrónica táctica, fortificación de posiciones, mando y control distribuido o integración de inteligencia artificial de combate, que vienen marcadas por cuatro años de validación en el frente.

Otra clave es que el UAV deja de ser un nicho para convertirse en vertebrador de casi todas las propuestas de valor, ofensivas o defensivas. La feria se llenó de municiones merodeadoras, plataformas no tripuladas terrestres, sistemas loitering y enjambres coordinados, pero también de radares compactos, sensores ópticos y soluciones soft kill y hard kill diseñadas específicamente para este entorno saturado.

Ningún vehículo de combate se presenta ya por libre: carros de combate y medios de ruedas y cadenas se visten con conjuntos anti UAV más o menos integradas, sistemas de protección activa, kits de sensores distribuidos y propuestas para operar con escoltas no tripulados, integrando el concepto loyal wingman o remote carrier aéreo. La guerra terrestre moderna sustituye el rol tradicional de las plataformas por ecosistemas modulares, donde el vehículo principal es el nodo más protegido de una red de efectos.

Eurosatory 2026 repitió el discurso sobre la urgencia de llenar almacenes y reconstruir existencias estratégicas. Ese énfasis en la disponibilidad inmediata choca frontalmente con el modelo europeo de adquisiciones de las últimas décadas, basado en licitaciones largas, desa­rrollos a medida y ritmos de producción ajustados al céntimo. Lo que se ve ahora son programas que ofrecen capacidades en tres o cinco años, aunque suponga renunciar a parte de la sofisticación prevista.

Europa parece asumir la posibilidad de un choque directo con Rusia, al menos como hipótesis de planificación. El tipo de sistemas protagonistas, como defensa aérea de corto y muy corto alcance, artillería de cohetes, vehículos de alta movilidad y sistemas C2, encajan con una mentalidad de defensa avanzada del territorio europeo. La otra cara de esa realidad es la creciente simetría con los argumentos del adversario: mientras Moscú presenta su rearme como respuesta a una OTAN agresiva, Europa justifica el salto de gasto y capacidad como reacción a la agresión rusa.

Eurosatory reflejó en términos industriales esa lógica de acción-reacción, donde cada avance en sensores, vehículos no tripulados o munición guiada se traduce en un requisito equivalente en el campo contrario.  Si algo debería preocupar a gobiernos e industria no es si se han firmado contratos, sino si la apuesta por una economía de defensa acelerada viene acompañada de una reflexión estratégica igual de seria sobre fines políticos, control civil y sostenibilidad a largo plazo.


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