Los integrantes del COMIM tienen entre sus tareas, junto a grupos de elite del Ejército y la Fuerza Aérea Uruguaya, la custodia exterior de cárceles para evitar fugas o lanzamiento de drogas, celulares y armas hacia el interior de las prisiones de todo el país, tarea a la que últimamente se agregó la de la ciudad de Canelones, a 40 km de Montevideo, especialmente disputada por el narcotráfico.
La cantidad de vehículos disponibles en el Comando de Infantería de Marina para el traslado y relevo de efectivos entre esos establecimientos, así como entre bases, destacamentos navales e instalaciones portuarias de relieve es más que exigua, integrada por unas 8 unidades JAC doble cabina y unos pocos camiones y Vans, también chinos, marca Fotón, prácticamente sin repuestos.
En 2024 la Armada gastó poco más de 500.000 dólares en esa flota, descartando alrededor de una docena de camiones Oskosh que Estados Unidos ofreció a Uruguay ( y de hecho, el Ejército sí aceptó) en 50.000 dólares a menos de la mitad de su precio y mediante el programa de Ventas Militares al Exterior/ FMS.
Respecto al armamento, si bien el estándar es el HK G36, en materia de entrenamiento y algunas misiones de vigilancia aún se utilizan unidades FAL absolutamente escasas para adiestramiento (una por cada tres efectivos) y desgastadas al máximo, al tiempo en que también está extremadamente acotada la dotación original de municiones de 9 mm., por lo cual meses atrás hubo que solicitar a Policía Nacional y Ejército un refuerzo. La preocupante escasez de medios también afecta a la modesta flota fluvial de la Unidad.
A este estado de situación se suman complejos cuadros psicosociales y motivacionales del personal, originando unas 11 bajas mensuales en un estimado de los 700 efectivos que componen el Comando de Infantería de Marina. (Javier Bonilla)





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