Preservar capacidades en un puente hasta 2029
España quiere cubrir el vacío dejado por el FCAS entre 2027 y 2029 con nuevos contratos de transición, la idea es que cuando se despeje cuál será el futuro socio o consorcio, los sistemas españoles puedan integrarse con rapidez en el nuevo programa. Para ello ha de mantenerse viva la cadena industrial y el conocimiento técnico y no tener que empezar de cero en el próximo ciclo de combate aéreo en el que, sí o sí, España estará.
El calendario que se maneja es que esas fórmulas están listas para entrar en vigor en el primer trimestre de 2027 y cubran todo ese año, además de 2028 y 2029. Se trata de sostener el tejido industrial mientras se decide cuál será el siguiente socio o programa al que se sumará España. Ese planteamiento se explica por una realidad presupuestaria: España había prometido una inversión inicial de 2.500 millones para el FCAS, pero solo se ha desembolsado aproximadamente la mitad. Por tanto, quedarían en torno a 1.250 millones reutilizables para sostener la transición. Así, se persigue que esos fondos no se pierdan, sino que se reorienten para que la industria siga activa y preparada para el siguiente salto tecnológico.
Una réplica del SIAGEM
SIAGEM, acrónimo de Sistema Integral Aéreo de Última Generación, es el precedente útil de lo que se quiere abordar ahora. Aquel contrato, adjudicado en 2025 por 540 millones de euros a Indra, perseguía exactamente el mismo objetivo: proteger a la industria nacional ante el bloqueo del FCAS. Se concibió como una iniciativa nacional para madurar tecnologías críticas del FCAS y evitar que la industria española quedara paralizada por el bloqueo franco-alemán, a la vista, ya entonces, del fatal desenlace luego confirmado.
El programa fue adjudicado a Indra por 540 millones de euros en 2025 y su objetivo declarado es salvaguardar capacidades tecnológicas clave para España. El diseño del programa buscaba financiar demostradores tecnológicos, ensayos y evolución de sistemas que luego se pudiesen integrar en un futuro programa de combate aéreo. SIAGEN protege todas las áreas donde España tenía peso dentro del FCAS: nube de combate, sensores, sistemas de misión, conectividad y guerra electrónica. El programa sirve para que empresas como Indra sigan desarrollando el “cerebro” del futuro sistema aéreo, aunque el avión tripulado europeo haya quedado bloqueado, y el efecto industrial es claro: mantiene activas a las empresas, equipos de ingeniería y cadenas de suministro.
El nuevo plan pretende ahora replicar esa fórmula a mayor escala. La diferencia es que ahora el horizonte es más amplio y el riesgo industrial más evidente, por eso el Ministerio quiere evitar más demoras y tener el dispositivo en marcha cuanto antes. Lo que es evidente es que si España llega al nuevo programa de avión de combate con tecnologías ya maduras, puede requerir un papel más relevante que si tuviera que empezar desde cero.
Las seis empresas clave
Defensa ha pedido propuestas a Indra, Airbus, ITP Aero, GMV, Sener y Oesía, estas tres últimas a través del consorcio SATNUS, para diseñar los nuevos contratos puente. El reparto no es casual: cada una de esas compañías representa un pilar distinto del trabajo nacional que había quedado clasificado en el FCAS. Airbus llevaba la parte del avión de combate, ITP Aero el motor, Satnus el dron de gran tamaño e Indra el sistema de sistemas, la nube de combate y los sensores.
La lógica del Ministerio es que cada actor siga avanzando en su especialidad sin quedarse bloqueado por la ruptura franco-alemana. Defensa quiere evitar la lentitud de las conversaciones previas y que ahora las empresas presenten directamente sus propuestas, evitando meses de negociación política, como ocurrió con el SIAGEM.





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