Existen constantes que se repiten en la historia política de España y una es que los cambios de ciclos políticos terminan con una anomalía, un colapso o una situación próxima al caos que provoca un cambio radical o una transición. La Restauración y la República cayeron con sendos golpes de estado. La dictadura de Primo de Rivera con la caída de la Monarquía.
Si nos fijamos en la Transición, el colapso de la UCD trajo la mayoría socialista, los atentados del 11-M a Zapatero, la crisis de las subprime a Rajoy. Hay otro fenómeno bastante abundante que ha provocado grandes cambios, las máquinas de juego de Strauss & Pearl acabaron con el gobierno del bienio conservador, el caso Matesa trajo la presidencia de Carrero, los escándalos de Roldan y circundantes la victoria del PP en 1996, la Gürtel a Sánchez y la trama Zapatero & Co provocará en apenas unos meses otro de esos grandes vaivenes de la política española.
Basta abrir cada día la prensa para darse cuenta de que el país es una olla a presión que ni siquiera el cocinero Sánchez ya puede graduar. Si todas las encuestas se confirman, para el verano que viene, como muy tarde, se producirá el terremoto político más importante de la democracia.
Pasaremos de un gobierno radical de izquierda apoyado en independentistas a uno del centro derecha con la derecha nacional. Las consecuencias de este cambio serán demasiado importantes como para dejarlo todo a esperar pacientemente la ruptura, que solo perjudicará a los españoles.
A la presión de la situación política nacional, se une la internacional: la guerra en Ucrania y sus consecuencias no solo estratégicas sino también industriales. El signo de la guerra apunta a una derrota, –consciente de que es un término complejo– de Rusia que provocará nuevas amenazas sobre el resto de Europa. La guerra de Irán está lejos de estar finiquitada.
Ninguna de las causas que la provocaron han sido removidas y la situación ha empeorado. El propio Trump encomendó al Estado islámico de Siria la protección de Israel, lo que supone una clara fractura de la alianza político militar más importante de la región. China parece tener la batuta de la orquesta mundial ante el despropósito continuado de la Administración de Estados Unidos y nosotros estamos a punto de implosionar por falta de responsabilidad.
Dentro de esta olla a presión, regresando al terreno doméstico, tenemos decenas de miles de millones de programas especiales de modernización (PEM) de las Fuerzas Armadas sacados de la chistera, que no del presupuesto, concepto que ya forma parte de la historia.
Un Gobierno en esta situación no puede determinar las próximas cinco décadas de la seguridad y la industria de defensa, pues el procedimiento usado en este entorno de olla a presión resulta inquietante. Lo lógico y beneficioso habría sido consensuar los programas con la oposición y discutirlos en el Parlamento, que dejó de ser la cámara legislativa y de control para ser percibida como una amenaza a la acción unilateral del Ejecutivo.
Lejos de la máxima concurrencia y publicidad, se ha optado por vías expeditas y decisiones innovadoras, sorpresivas y poco continuistas de la tradición de nuestras capacidades. Más allá de otras consideraciones, gestionar estos programas en este estado altamente gaseoso está resultando una tarea titánica.
Si exceptuamos las adquisiciones con entregas en 2027 o aquellas que son continuidad de programas anteriores como las plataformas navales, NH90, Eurofighter, A400M, etc., todos los demás programas deberían esperar a la despresurización para regresar al orden, a la transparencia y al análisis sosegado.
El programa de modernización con el 2,1 por ciento mágico para pasar el test, ha alcanzado su objetivo publicitario internacional, pero desde entonces se ha ido diluyendo en problemas y cuitas que ponen de manifiesto esta falta de previsión y el entorno periférico. Un botón de muestra de las consecuencias de planificar de mala manera el futuro en este estado de cosas es lo que ha pasado en Indra.
En cinco años, el mayor accionista, el Gobierno, ha cesado a tres presidentes: Abril Martorell, Murtra y Ángel Escribano y acaba de nombrar al cuarto, que presentará un plan estratégico que durará lo que dure la legislatura, ya que el nuevo gobierno traerá otro presidente con las ideas de un gobierno muy diferente. El llamado en el pasado campeón nacional, la piedra angular de difunto FCAS, el eje de los programas de modernización, no puede vivir con esta tensión que desmotiva a los empleados que son al final los que hacen viables los programas, transmitiendo a sus clientes internacionales una imagen complicada.
Es una empresa en bolsa en defensa a la que el Gobierno ha puesto palos en la rueda constantemente. ¿Qué pensarán los ingenieros, directivos, clientes y proveedores de semejantes inconsistencias? La cadena de suministro esta anonadada, y en plena expansión del gasto comienzan a pensar en ajustes de plantilla.
La actual dirección debería trabajar en la continuidad del plan estratégico, consensuándolo con el previsible nuevo gobierno. Si no actúa de esta manera, es mejor que no se adentre en un terreno de corto recorrido. En medio de esta olla se nos ha caído la piedra angular del futuro de nuestra industria de defensa, el FCAS y las soluciones que se ponen encima de la mesa son todavía poco consistentes o dan miedo por las incertidumbres que conllevan.
¿Cómo tomar la decisión correcta en estas circunstancias? La falta de diálogo, el empeño en la confrontación contra el díscolo ha puesto a los jueces a definir el futuro de la artillería española, cuando se invertirá la mayor cantidad de la historia en estos sistemas. ¿Cabe mayor dislate? Este cambio de ciclo nunca debería afectar a la defensa si se hubiera basado en el consenso, pero es que todo el esfuerzo se ha puesto en el disenso, que seguramente se mantendrá cuando haya cambio de Gobierno. ¿Realmente podemos creer que el nuevo va a tragar con todas las decisiones que se tomen ahora unilateralmente? Soy consciente de que esto es predicar en el desierto.
La propia gestión de los PEM se ve salpicada por el chorro de vapor que sale de la olla. Problemas de definición y configuración, industrialización, de colaboración creándose estructuras organizativas que. viendo los partícipes, difícil que no acaben en duelo, ya que del amor al odio se puede pasar muy rápidamente y, sin embargo, las decisiones tardan más tiempo en consolidarse. Lo peor es el sentimiento que queda. La mayor oportunidad para 2 generaciones de la industria de defensa y con todos estos lastres.
Podemos hacer grandes cosas, que no es solo crear empleo o multiplicar la facturación y los beneficios, sino construir el futuro y hay mucha gente excelente en el sector. Nunca hubo tantas start ups innovando de verdad, sin alaracas ni humos; tenemos unos ingenieros y trabajadores con gran talento; disponemos de unos excelentes funcionarios y militares que deben tener un liderazgo mayor porque son el hilo conductor de la historia y un contribuyente ejemplar que renuncia a resolver problemas endémicos para que España tenga una industria fuerte de defensa y se sienta segura.
No se puede defraudar tanta ilusión y expectativa. Hay que sacar la presión, antes de que ya el nuevo Gobierno abra con libertad y sin herencias la olla, y pensar en un futuro más estable, con más diálogo y sin interferencias externas, que en nada ayudan al sector y a la defensa. (Enrique Navarro. Presidente MQGloNet)





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