El gobierno español acumuló 30 años de éxitos en la elección de aviones de combate con una continuidad tecnológica e industrial entre 1970 y 1995. Se adquirió el F-5 con una línea final de ensamblaje en España y un alto contenido industrial, el F-4 con la capacidad de sostener todos los aviones F-4 de la USAF en Europa. La adquisición del F-18 con el programa de offsets más exitoso de la historia, la entrada en el programa Eurofighter, en el AV8B- Harrier plus y en el A-400 M, significaron un salto al futuro de nuestra industria aeroespacial y de defensa de los que todavía vivimos.
Pero en los 25 años de este siglo, acumulamos una serie de errores sobre el avión de combate que sustituiría al Eurofighter, que no llega a ser un avión de quinta generación porque nació hace cuarenta años. Una sucesión de equivocaciones de consecuencias trascendentales para nuestra seguridad y un gravísimo perjuicio para nuestra industria aeroespacial y de sistemas que aspiraba a sobrevivir a los programas actuales aeronáuticos con un flujo de negocio que superaría los 35.000 millones de euros.
Cadena de malas decisiones
Nos equivocamos al no aceptar en 2005 entrar como socios principales del programa JSF que nos ofreció Estados Unidos, que derivó en el F-35. Es cierto que se trata de un programa muy costoso, pero podríamos haber alcanzado una participación industrial 7% del total del programa y a estas alturas ya tendríamos aviones de quinta generación operativos, incluyendo la versión de despegue y aterrizaje vertical. En esta solución Indra podría haber tenido un papel relevante en simuladores, bancos automáticos, sistema IFF, entre otros. GMV, Tecnobit y sobre ITP hubieran sido grandes beneficiarios posicionándose como proveedores de referencia del Pentágono en tecnologías de última generación.
El segundo error fue entrar en FCAS y no en el programa liderado por BAe Systems (GCAP), que era la continuidad natural de Eurofighter con BAe Systems como líder de los dos programas y con Leonardo como socio principal de sistemas como el radar. La historia ya nos mostraba que poner a cooperar a Francia y Alemania en el campo de la aviación de combate era poner a dos gallos en una jaula, pero con uno solo que sabía pelear por experiencia. Nos dejamos arrastrar por Airbus y el programa continental, cuando los tres líderes europeos de la cuarta generación han sido Bae, SAAB y Dassault.
Un error a mi juicio fue la decisión de colocar a Indra como la receptora de todos los fondos públicos de defensa coordinando el programa nacional, cuando ni siquiera lideraba los sistemas del avión –Hensoldt y Thales acumulaban el 75% de los equipos a bordo–, en lugar de colocar a Airbus España, reduciendo la capacidad de presión de Airbus sobre Dassault. Tener un líder nacional con escasa aportación industrial al global con un gobierno que ha sido más espectador que actor frente a Airbus, Dassault y Thales, era una tarea que no podía salir bien.
Finalmente, nuestra participación en el programa FCAS aportando un tercio del total ha sido poco decisiva. No hemos impuesto nunca nuestra voz en el programa esperando a que cayera la fruta madura. España era el banco del proyecto, pero no el tecnólogo. El problema de fondo es que somos los mayores perjudicados porque Alemania y Francia ya han tomado muchas decisiones paliativas en los últimos años y nosotros estábamos a por uvas.
España debe hacer una reflexión profunda pero rápida para no perder el tren industrial ni los activos tecnológicos que se han acumulado en estos años. Alemania ya se ha movido, aunque parece un movimiento que llevaba mucho tiempo andando, que ha sido crear un eje industrial sueco-alemán liderado por Airbus Alemania denominado “Team Gen 6” en consorcio con Saab. El principal problema que presenta este programa es que comienza de cero; esto supone al menos cinco años de retraso y el calendario aprieta a nuestras Fuerzas Armadas y a nuestra industria. Indra podría tener en este consorcio un papel más relevante al ausentarse Thales, pero Alemania no va a ceder el liderazgo de los sistemas de Hensoldt, que para eso tiene capital público. Por calendario y escaso valor añadido no creo que sea una buena solución.
Opciones en este momento
Una opción sería solicitar la entrada en el programa GCAP. Pero en el mundo real no existe todavía esta posibilidad. Tiene la ventaja de ser un programa más maduro con la participación de Reino Unido, Italia y Japón que se apoya en la excelente sintonía industrial entre Italia y Reino Unido gracias al desarrollo conjunto previo del Eurofighter. Desde el punto de vista de necesidades de las Fuerzas Armadas sería el más rápido en implementarse, pero la propia madurez del proyecto limitaría mucho las ventajas industriales para España que quedarían muy reducidas respecto de las expectativas de FCAS.
La segunda opción sería comprar el caza estadounidense F-35 a corto plazo. La cancelación del FCAS nos aboca a esta solución que al menos sería transitoria. Necesitamos un caza superior a Eurofighter tranche IV, Rafale y SU-57 antes de 2040. Esta compra implicaría además la adquisición de unidades para un futuro portaviones, imprescindible a mi juicio para la Armada. El problema es que la fabricación de F-35 está saturada en Europa y los plazos de entrega se van a cinco años mínimo. Además, el retorno industrial debería definirse de una manera totalmente diferente a las expectativas de un programa de desarrollo desde cero que planteaba FCAS. Decantarse por esta opción dependería del retorno industrial, pero no debería suponer más de 24/36 unidades para su despliegue en Morón, y Canarias, y lo mismo habría que esperar a otro presidente en la Casa Blanca. Quizás alguna compra a países que ya están sufriendo los tremendos costes operativos del F-35 como Dinamarca, sería una opción razonable.
El EF-GenV
La opción por la que yo me inclino es el EF-GenV. Un programa basado en tres pilares: la "Nube de Combate", los “sistemas autónomos ligados a FCAS”, Eurofigther Tranche 5 y dar un salto a los sistemas no tripulados de séptima generación con un largo programa de desarrollo enfocado a una familia de drones de combate.
Esta opción permitiría continuar profundizando en la soberanía europea; nos posibilitaría seguir en los desarrollos que París y Berlín decidieron continuar en FCAS, –otra vez nosotros fuera de juego abstraídos en nuestras cuitas industrial-políticas– de desarrollo de la infraestructura digital (Combat Cloud) y los drones de escolta del FCAS y nos adentraría en un profundo programa de desarrollo a largo plazo nacional.
Lo bueno de esta opción es que podríamos dedicar el presupuesto actual de FCAS, o al menos una parte sustancial, a continuar en estos programas en los que tenemos una presencia interesante como SATNUS y acelerar los esfuerzos para tener una Tranche 5 en 2035 operativa, que nos acercaría a un avión de quinta generación. Aunque pueda parecer un rémora, estoy convencido de que una Tranche V (Long Term Enhancement) con sensores y drones leales de sexta generación satisfarían nuestras necesidades operativas para las próximas décadas.
Para nuestra industria, la Tranche V incorpora sistemas de quinta generación en los que Indra tiene un papel muy relevante como la familia de radares ECRS (European Common Radar System). Las nuevas variantes (como el ECRS Mk 1) permitirán guiar haces electrónicos en milisegundos, permitiendo rastrear múltiples objetivos simultáneos en el aire y la superficie a más de 100 km de distancia, además de sumar capacidades de ataque electrónico activo, unas capacidades similares al F-35.
Incorporará nuevas Capacidades de Guerra Electrónica Avanzada (Eurofighter EK) e integrará, también, sistemas avanzados de localización de emisores, receptores de alerta digital y perturbadores activos para cegar radares hostiles. También supone una nueva Cabina Digital y Arquitectura de Misión (LTE) con un rediseño total de la interfaz hombre-máquina que introduce una Pantalla de Gran Área (LAD) en el panel principal. Un dato muy relevante es que incorporaría un Kit de Modificación Aerodinámica (AMK) con mejoras físicas en el fuselaje, necesarias para acercarse a las capacidades del F-35 (pequeñas extensiones en el borde de ataque y refinamientos aerodinámicos) destinados a aumentar la sustentación del caza en un 25%, dotándolo de mayor agilidad en giros cerrados y capacidad de carga operativa.
Este programa tendría unos liderazgos muy específicos como la integración y FAL en Airbus Defence & Space en Manching, Alemania, y Getafe, España. Aunque la Guerra Electrónica está liderada por SAAB, elegida por Airbus para suministrar la suite de sensores de guerra electrónica Arexis para la variante de ataque electrónico del Eurofighter (EK), Indra podría sumar sus equipos que iban para FCAS al proyecto. En cuando al radar AESA (ECRS Mk 1), está liderado por Hensoldt junto con la española Indra, encargadas del desarrollo, producción y actualización de las capacidades del sensor principal del avión. Sería la continuidad del programa, pero igualmente las expectativas de FCAS ya no se verán colmadas en su totalidad y esto hay que admitirlo desde ya.
Indra sería, a mi juicio, el líder nacional del desarrollo de los sistemas autónomos de séptima generación en un programa con Airbus España (Getafe, Sevilla y Albacete) incorporado a todo el ecosistema de empresas ligadas a los sistemas autónomos.
En definitiva, la nueva solución no tiene que ser un caza de sexta generación, sino la continuidad del Eurofighter, de los drones de enjambre y leales y del Combat Cloud de FCAS y comenzar a trabajar en una familia de cazas de combate no tripulados a futuro, donde ya tenemos excelentes capacidades en nuestra industria, y reorientar parte de nuestra disuasión desde la aviación al espacio y a los misiles hipersónicos dónde además podemos encontrar un mayor retorno industrial.
Para que esto sea posible, el consorcio Eurofighter con tantos actores distraídos en los programas de sexta generación, debe asegurar que en 2040 se entregarán los nuevos aviones EF-V. Este es un elemento crítico para que esta opción sea una realidad. Si no lo fuera, la opción F-35 ganaría muchísimos enteros.
Lo importante ahora es pensar bien las decisiones sin precipitarse. Debemos olvidar la etapa de los campeonatos nacionales y centrarnos en la experiencia, en la estrategia industrial de Defensa y en lo práctico; ya hemos visto que los inventos industriales nos salen muy caros y está en juego nuestra seguridad y superioridad militar, base de la disuasión. Cuanto antes pongamos a la industria a trabajar con un gobierno apostando con decisión, antes solventaremos el problema que hoy tenemos encima de la mesa, que no es menor. (Enrique Navarro)





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