España se ha quedado sin una capacidad de patrulla marítima acorde con su condición de potencia marítima y su entorno de amenazas, tras la baja de los P‑3 Orion en 2022 y la ausencia de un relevo estratégico inmediato. El almirante retirado Luis Cayetano y Garrido analiza la situación en su interesante artículo “La Patrulla Marítima y la Armada” publicado en el boletín del Centro de Pensamiento Naval.
De la cooperación con Estados Unidos al vacío de los P‑3
El autor recuerda que la patrulla marítima moderna en España nace al calor de los primeros acuerdos de defensa con Estados Unidos, cuando el entonces Ejército del Aire recibió sus primeros Grumman Albatross antisubmarinos, reforzados después con aparatos procedentes de Noruega. Desde el inicio, la Armada se implicó destinando oficiales con la aptitud de Tactical Coordinator (TACCO) para completar las tripulaciones, cimentando una cultura operativa conjunta.
El salto cualitativo llegó en los años setenta con la incorporación de los P‑3A Orion “Deltic” y, posteriormente, con la llegada de P‑3B de la Real Fuerza Aérea Noruega, modernizados a la versión P‑3M en un programa liderado por Airbus que, sin embargo, quedó recortado: de cinco aviones previstos solo se modernizaron tres por “limitaciones presupuestarias” o falta de prioridad en el Ejército del Aire. A juicio del autor, esa pauta de prioridades explica que, décadas después, el último Orion se diera de baja en diciembre de 2022 sin un programa de reemplazo alineado en plazos, con la consiguiente pérdida de una capacidad “imprescindible para la Defensa y la Disuasión”.
El cierre de la Base de La Parra y el traslado del Ala 22 a Morón, convertido en Grupo 22, supusieron también la ruptura del vínculo diario con la Base Naval de Rota, que para el autor debería haber sido la base natural de unos aviones concebidos para operar sobre espacios marítimos alejados y estratégicos. Esa desconexión geográfica simboliza, en su opinión, una desconexión de prioridades: otros programas (como el relevo de los C‑101 por los Pilatus PC‑21, el Programa Halcón para sustituir a los F‑18 o el sistema de entrenamiento basado en el Hurjet turco) sí encontraron financiación millonaria, mientras la patrulla marítima quedaba relegada.
Un entorno geopolítico que refuerza el valor del mar
El almirante retirado enmarca su crítica en un contexto internacional en rápida transformación, que describe como una “inevitable nueva e incierta Guerra Fría”, marcada por la agresividad de Rusia, la asertividad de China, la nueva política estadounidense y el activismo de potencias regionales. Ese entorno, atravesado por tecnologías disruptivas y nuevos dominios como el espacio, el ciberespacio o el ámbito cognitivo, no ha restado protagonismo al mar, sino todo lo contrario: el dominio marítimo, en superficie y en el subsuelo, gana peso estratégico.
Cayetano cita la Estrategia de Seguridad Marítima de 2024 para subrayar que más del 80% del comercio mundial se mueve por mar, que alrededor de dos tercios del petróleo y gas se extraen o transportan por vía marítima y que hasta el 99% de los datos globales circulan por cables submarinos. En ese mapa, España ocupa una posición “a caballo” de dos continentes, con el Estrecho, el Mediterráneo, Baleares, Canarias, el Atlántico Norte y la creciente importancia de África Occidental y el Golfo de Guinea, lo que exige —sostiene— capacidades como la patrulla marítima para enfrentar la amenaza submarina y operar en aguas abiertas y profundas.
Esa mirada no excluye la participación española en coaliciones en escenarios tan lejanos como el Indo‑Pacífico, pero el autor insiste en que es una cuestión de prioridades y de medios: antes de proyectarse lejos, hay que garantizar la defensa de los intereses nacionales en el entorno marítimo inmediato. En coherencia con los procesos de revisión estratégica, aboga por reforzar disuasión y defensa y apostar por el desarrollo de capacidades industriales propias en defensa.
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Los P-3 Orion estuvieron desplegados en Djibouti en el marco de la operación Atalanta (Estado Mayor de la Defensa)
La amenaza submarina y el papel de los MPA
Tras el fin de la Guerra Fría, muchas marinas y fuerzas aéreas redujeron sus flotas de aviones de patrulla marítima (Maritime Patrol Aircraft o MPA) con capacidad antisubmarina (Anti-Submarine Warfare o ASW), pero sin renunciar del todo a esa función, conscientes de que el entorno podía exigirla de nuevo. Para Cayetano, la evolución reciente le da la razón a quienes mantuvieron esa apuesta mínima: el incremento de la amenaza submarina y la vulnerabilidad de las líneas de abastecimiento y de las infraestructuras críticas subacuáticas devuelven al primer plano la necesidad de medios ASW eficaces.
En la Cumbre de la OTAN en Vilna (2023), recuerda el almirante retirado, los aliados subrayaron la importancia de la seguridad transatlántica y el riesgo que suponen los submarinos para los flujos logísticos en el Atlántico, así como la protección de infraestructuras submarinas frente a tácticas de guerra híbrida que alteran la paz sin cruzar umbrales de conflicto armado abierto. En ese contexto, la Armada española necesita capacidades avanzadas para seguir siendo una fuerza decisiva, tecnológicamente a la vanguardia y plenamente interoperable, pero equilibrando su compromiso en el teatro transatlántico con la defensa de sus intereses y prioridades propias.
El autor detalla el papel central de los MPA: aviones de ala fija capaces de operar largos periodos sobre el mar, dotados de sensores, sonoboyas, armas y sistemas de mando y control, que proporcionan vigilancia, obtención de información y guerra antisubmarina y antisuperficie. El P‑3, producido en Estados Unidos, Japón y Canadá, ha sido el MPA de referencia en Occidente, ahora reemplazado por el P‑8 Poseidon en varias marinas aliadas, mientras España, tras dar de baja sus Orion, ha apostado por el C295 en configuración de patrulla marítima, un aparato que Cayetano considera insuficiente como sustituto estratégico.
C295, Grupo 22 y la pérdida de experiencia
El programa C295 de patrulla marítima, que superó la Revisión Preliminar de Diseño en noviembre de 2024, ofrece una plataforma versátil de transporte medio adaptada a misiones de vigilancia, búsqueda y rescate y vigilancia marítima limitada, con sonoboyas y cierta capacidad de mando y control. Sin embargo, el almirante retirado sostiene que no puede reemplazar a un auténtico MPA de alcance estratégico y operacional capaz de ejecutar patrulla marítima antisubmarina en escenarios alejados de la Península y de los archipiélagos.
Más incomprensible le resulta la desactivación del Grupo 22, con la consiguiente dispersión de personal, pérdida de experiencia, adiestramiento y espíritu de equipo, así como el frenazo en la formación de pilotos y tripulaciones especializados. Actualmente, señala, los TACCO españoles están completando su formación en P‑3 de la Fuerza Aérea portuguesa, un recurso externo que, a su juicio, no compensa la pérdida de una estructura nacional consolidada.
En paralelo, el marco doctrinal conjunto destaca que los MPA son un “potenciador” esencial para la guerra submarina y de superficie, un medio prioritario de obtención de información por su autonomía, discreción frente a la amenaza submarina y capacidad de operar todo tiempo, día y noche, con cobertura permanente. La misma doctrina apunta al creciente papel de los sistemas aéreos no tripulados (RPAS) en vigilancia y reconocimiento, conectados con MPA de gran permanencia en zona, pero esa evolución tecnológica, advierte Cayetano, no debería confundirse con un sustituto de la patrulla marítima tripulada estratégica.
Organización, planeamiento y la propuesta de pasar la patrulla marítima a la Armada
En el plano orgánico, el almirante retirado repasa la Ley Orgánica 5/2005 de Defensa Nacional y el reparto de responsabilidades entre los jefes de Estado Mayor de cada ejército —encargados de la preparación de la fuerza— y el Jefe de Estado Mayor de la Defensa (JEMAD), responsable del empleo operativo mediante las operaciones de Presencia, Vigilancia y Disuasión (OPVD). El cumplimiento eficaz de estas misiones exige que las Fuerzas Armadas dispongan de capacidades apropiadas en todos los dominios, incluido el marítimo, donde las operaciones aeronavales dependen de conceptos como la Maritime Air Control Authority (MACA) en Rota, al menos sobre el papel.
Cayetano subraya que la reciente reorganización del Ejército del Aire y del Espacio, que creó un Mando del Espacio en marzo de 2023, ha requerido plantilla y recursos en detrimento de otras capacidades específicas o conjuntas como la patrulla marítima, que ni siquiera se menciona en la normativa que desarrolla la nueva estructura. El mensaje implícito es claro: la patrulla marítima tiene hoy “la prioridad más baja o no tiene prioridad”, lo que se ha traducido en la pérdida efectiva de la capacidad con la baja del último MPA en 2022 y un horizonte de recuperación limitado en el mejor de los casos.
Ante este panorama, el autor plantea una propuesta de calado: que la patrulla marítima y la ejecución del programa C295 pasen a ser responsabilidad orgánica de la Armada. Esa decisión exigiría trasladar progresivamente el conocimiento operativo y logístico del extinto Grupo 22 a la 4.ª Escuadrilla de Aeronaves y a la Escuela de Dotaciones Aeronavales (EDAN) en la Base Naval de Rota, donde, defiende, deberían basarse los futuros C295 ASW.
Industria de defensa, Libro Blanco europeo y recuperación de capacidades
El artículo de Luis Cayetano sitúa la crisis de la patrulla marítima en el marco más amplio del planeamiento de la defensa y la relación con la industria. La Orden Ministerial sobre Planeamiento de la Defensa pretende un proceso más integral y flexible en el que el JEMAD fija capacidades, prioridades y necesidades a corto, medio y largo plazo; sin embargo, el autor considera que el gran número de autoridades de planeamiento y la lentitud en la elaboración de estrategias y directivas limitan esa flexibilidad.
En su opinión, la patrulla marítima figura en el Objetivo de Capacidades Militares, pero con una prioridad y un nivel de ambición tan bajos que han permitido que se pierda la capacidad durante al menos seis años y, cuando se recupere, sea de forma limitada. A ello se suma un modelo de programas de adquisición largos, con fuerte inercia presupuestaria y un peso de la gran industria que, denuncia, a veces condiciona el planeamiento en función de compromisos administrativos más que de necesidades operativas.
Como contraste, el almirante cita la decisión alemana de abrir la modernización de capacidades a proyectos de startups y pymes que pueden presentar sus tecnologías directamente a responsables operativos, sin pasar por ciclos burocráticos tradicionales ni depender solo de grandes contratistas. Esa aproximación permitiría, a su juicio, acelerar la adaptación tecnológica y alinear mejor la oferta industrial con las necesidades reales de las Fuerzas Armadas.
Cayetano ve una ventana de oportunidad en el nuevo ciclo inversor europeo, el Libro Blanco de la Defensa Europea de marzo de 2025, el Plan de Rearme de Europa y el compromiso asumido en la cumbre de La Haya de elevar el gasto de defensa hasta el 3,5% del PIB en diez años. Ese contexto, sostiene, debería servir para recuperar capacidades perdidas como la patrulla marítima y ajustar la distribución de plantillas y presupuestos entre Ejércitos y Armada a la realidad de una nación eminentemente marítima.
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P-3 Orion visto desde el patrullero Serviola de la Armada (Estado Mayor de la Defensa)
“Es perentorio recuperar una capacidad fundamental”
De cara al futuro, Luis Cayetano considera “perentorio” recuperar la patrulla marítima como capacidad fundamental de una España marítima, enlazando esta exigencia con el horizonte doctrinal de “Armada 2050”, que proyecta una marina excelente, especialmente en el ámbito submarino. Esa Armada, afirma, debe disponer de patrulla marítima estratégica y operacional para cumplir sus misiones en operaciones multidominio, garantizar el control del mar y ejercer la acción marítima en defensa de los intereses nacionales y aliados.
La reforma que propone pasa por revisar la Ley Orgánica de Defensa Nacional al cumplir un cuarto de siglo, redefinir competencias específicas, aumentar la plantilla orgánica por encima de los actuales 140.000 efectivos y abandonar el reparto “3‑1‑1” entre Ejércitos y Armada, que a su juicio no responde al perfil de una nación marítima. Paralelamente, plantea no renunciar en la fase de transición a la posible adquisición de P‑8, siguiendo la senda de otros países de la OTAN que han optado por este MPA de nueva generación.
El mensaje final del almirante retirado es tanto técnico como político: si el Estado asume la magnitud del cambio estratégico global y quiere ser coherente con las decisiones de la Unión Europea y la OTAN —construyendo una defensa europea sólida capaz de disuadir y responder a cualquier agresión—, la reconstrucción de la patrulla marítima, su transferencia orgánica a la Armada y un planeamiento más ágil y orientado a capacidades son “apropiados, practicables y aceptables”. Solo así, concluye, España podrá dejar de ser una nación marítima con una laguna crítica en el aire que protege su mar. (José Mª Navarro García)






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