El panorama de la defensa en Marruecos vive una transformación gradual con el establecimiento de empresas especializadas en la producción de vehículos aéreos no tripulados (UAV o drones ), convirtiendo al país en base para la fabricación, ensamblaje y comercialización de estos sistemas, ya sea para satisfacer las necesidades marroquíes o para expandirse en el mercado africano.
En el centro de este movimiento, la francesa Delair, especializada en la fabricación de drones, anunció la apertura de una planta en Marruecos bajo el nombre de Delair Africa, estableciendo en la ciudad de Rabat la sede central de sus actividades para todo el continente africano. Esta consolidación institucional tiene un profundo significado: la empresa, que anteriormente gestionaba sus operaciones africanas desde su sede en la ciudad francesa de Toulouse, ha decidido ahora trasladar su centro de gravedad logístico y técnico a Marruecos, convertido el país en plataforma de lanzamiento hacia el mercado africano.
Según su director general, Bastien Mancini, la empresa tiene como objetivo alcanzar un volumen de negocios de entre 500 y 1.000 millones de euros para 2030, y el continente africano constituye un pilar fundamental en este ambicioso cálculo. Esta ambición se basa en una presencia previa sobre el terreno en África, ya que comenzó las primeras entregas de sus dronesDT26 a Níger en 2019, seguidas de contratos con Costa de Marfil, Nigeria, Chad, Mauritania y Benín, para cubrir misiones esenciales como el control de fronteras y el apoyo a operaciones antiterroristas.
El dron DT26 destaca por su capacidad de permanecer en el aire durante 170 minutos, con la posibilidad de despegar mediante catapulta en solo ocho minutos y aterrizar en diversos terrenos, mientras que el dron DT46 asume las misiones de largo alcance. Marruecos se había incorporado a la cartera de clientes de la empresa en 2021, cuando la Gendarmería Real adquirió unos quince DT26 destinados a misiones de control fronterizo. El establecimiento de Delair en Marruecos refleja una clara apuesta por la infraestructura del Reino y su ubicación geográfica estratégica para satisfacer las crecientes necesidades africanas en los ámbitos de la seguridad y la vigilancia, especialmente ante la necesidad estructural del continente de asegurar sus fronteras y combatir amenazas asimétricas.
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Fabricantes norteamericanos e israelíes
La radicación en el país no se limita a las empresas europeas, se extiende a grupos norteamericanos. Informes publicados el pasado mes de marzo indican que el grupo canadiense INKAS, reconocida por su peso en el sector de los blindados civiles y militares, está estudiando la creación de una fábrica en Marruecos para la producción de drones y vehículos blindados. Este paso supone un nuevo desarrollo en una asociación iniciada en 2023 entre la empresa con sede en Ontario y Rabat. Esta tendencia se inscribe en el contexto del acelerado ritmo de las industrias de defensa marroquíes, INKAS exhibe una avanzada gama de drones, que incluye municiones merodeadoras, o los conocidos como drones kamikaze, de diversos alcances: desde drones FPV de corto alcance, hasta modelos de corto y largo alcance como el Delta F150, que alcanza los 1.500 kilómetros y tiene una capacidad de vuelo continuo de diez horas.
La cartera de la empresa también incluye drones señuelo, diseñados específicamente para confundir los sistemas de defensa aérea del adversario; esta categoría se caracteriza por un bajo coste de fabricación y un alcance de entre 300 y 500 kilómetros. La idea de localizar la fabricación de estos sistemas en Marruecos refleja la comprensión de las necesidades del mercado regional, que ahora exige sistemas flexibles, de bajo coste y capaces de saturar los campos de batalla modernos.
En cuanto a la transferencia tecnológica real, la israelí BlueBird Aero Systems, filial de Israel Aerospace Industries (IAI), recibió a equipos técnicos marroquíes durante el año pasado como parte de un programa intensivo de transferencia de tecnología destinado a iniciar la producción del dron SpyX en Marruecos. Ingenieros y técnicos marroquíes fueron integrados en las líneas de producción de la empresa, donde recibieron formación avanzada que incluye el ensamblaje de estructuras, la integración de sensores y sistemas de guiado, así como el cableado electrónico a bordo. Este enfoque se enmarca en el deseo de Marruecos de impulsar sus industrias de defensa locales.
Se espera que este proyecto contribuya a la localización de tecnología militar y satisfaga la creciente demanda de equipamiento de defensa, ya que no se limita al ensamblaje final, sino que abarca la asimilación de la arquitectura técnica interna de los sistemas, lo que augura la creación de competencias locales capaces de llevar a cabo el desarrollo y mantenimiento en el futuro.
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Drone kamikaze Saqr Sahara
Los locales
En paralelo a estos movimientos extranjeros, han surgido serios intentos locales de crear una huella puramente marroquí en el campo de los drones, lo que quedó claramente patente durante la edición de 2024 del Salón Aeronáutico de Marrakech (Marrakech Air Show), donde se desvelaron varios modelos de fabricación local. Entre los más destacados se encuentra el dron kamikaze P2 de la empresa Ballistic Defense Systems, fundada en Marruecos en 2023. Este sistema cuenta con un alcance de hasta 1.500 kilómetros y la capacidad de transportar una ojiva de 40 kilogramos, lo que lo sitúa en la categoría de municiones merodeadoras pesadas.
La misma empresa presentó el dron P1, una munición merodeadora con un alcance de 50 kilómetros y capacidad para llevar una ojiva de hasta seis kilogramos, de eficacia probada contra objetivos fijos y móviles, equipado con sistemas de inteligencia artificial para la detección y seguimiento de objetivos, y capaz de fijar y lanzarse de forma autónoma hacia sus blancos con una precisión de un metro. La empresa anunció que ya ha finalizado la fabricación del prototipo de prueba. Además, se exhibió el dron kamikaze Desert Falcon, fabricado por la startup marroquí Qsar Aerospace, fundada en agosto de 2023 y que ese mismo año obtuvo financiación gubernamental destinada a investigación y desarrollo. El alcance de este dron es de 500 kilómetros, puede transportar una ojiva de 20 kilogramos, cuenta con un enlace de datos secundario para el guiado en las fases finales del ataque, y puede volar a una velocidad de 180 kilómetros por hora.
Sin embargo, el panorama no está exento de paradojas y desafíos que exigen un análisis detenido. A pesar de la atracción que generaron estos modelos marroquíes durante el Salón Aeronáutico de Marrakech, sigue existiendo cierta ambigüedad sobre la fase en la que se encuentran estos proyectos: no se ha declarado claramente si estos drones han entrado en la fase de producción real, si aún están en pruebas de campo, o si su exhibición fue un mensaje dirigido al interior para resaltar las capacidades emergentes.
Al mismo tiempo, se observa que la dependencia práctica sigue recayendo en gran medida en los drones fabricados o ensamblados en Marruecos por empresas extranjeras, las cuales gozan de mayor confianza debido a su experiencia acumulada y su historial probado en escenarios de operaciones internacionales. Las instituciones militares y de seguridad tienden por naturaleza a adoptar sistemas probados que ofrecen altas garantías de fiabilidad, en comparación con los modelos locales que aún se encuentran en sus primeras etapas y necesitan tiempo para demostrar su viabilidad operativa.
A esto se suman las numerosas sospechas de corrupción, dado que varios exfuncionarios o sus familiares fundan empresas que fabrican productos de dudosa calidad, los cuales son sobredimensionados por los medios gubernamentales para su comercialización; no obstante, las instituciones de seguridad y militares marroquíes podrían mostrarse más resistentes y cautelosas con respecto a los productos de defensa locales, debido a la sensibilidad de la situación regional y la carrera armamentística con Argelia.
De este entrelazamiento entre inversiones extranjeras e iniciativas locales controvertidas, se deduce que Marruecos ha construido un ecosistema gradual para asentar la industria de los drones en su territorio, comenzando por atraer expertos y localizar el ensamblaje, pasando por la transferencia de tecnología, hasta llegar a intentar fomentar la innovación local. No obstante, el camino que le queda a la industria local aún es largo para alcanzar un nivel de competencia real frente a los consolidados sistemas extranjeros.
Convertir prototipos en sistemas que funcionen eficientemente en condiciones de combate reales requiere inversiones continuas en investigación y desarrollo, pruebas de campo intensivas y, lo que es más importante, ganarse la confianza de las instituciones militares marroquíes en el producto nacional. En conclusión, parece que el establecimiento de empresas mundiales de drones en Marruecos no es un proyecto momentáneo, sino un proceso acumulativo que avanza a un ritmo calculado, convirtiendo al Reino en un punto de encuentro entre la tecnología occidental y las necesidades africanas, con un intento serio de crear una huella local que podría necesitar años adicionales para superar la fase de exhibición experimental y alcanzar la fase de operatividad y adopción plena. (Alex Ribeiro)






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