En los últimos años, el Fondo Europeo de Defensa (EDF) se ha consolidado como una de las principales herramientas de la Unión Europea para impulsar la innovación y la cooperación industrial en el ámbito de la defensa. Para España, representa una oportunidad histórica: reforzar capacidades estratégicas, ganar autonomía tecnológica y posicionar a nuestra industria en los grandes programas europeos. Sin embargo, desde la perspectiva de las start-ups, scale-ups y pymes (que constituyen aproximadamente el 99.8% del tejido empresarial español y europeo) la realidad es bastante más compleja.
Aquí, no se pretende, por supuesto, cuestionar la necesidad del EDF ni el papel tractor de las grandes compañías ya que su liderazgo es imprescindible. Pero si no se corrigen determinadas dinámicas, el riesgo de que una parte sustancial del tejido innovador español quede estructuralmente fuera de juego, justo cuando se anuncian en el horizonte nuevos instrumentos tras los EDF, es muy grande.
El coste invisible de “estar”
Para una gran empresa, acudir a los Infodays en Bruselas (o incluso tener una sede de representación allí), a las jornadas nacionales, eventos de formación de consorcios o reuniones bilaterales forma parte de su actividad ordinaria. Para una pyme (o peor aún start-up), cada desplazamiento supone un coste directo (viaje, alojamiento, tiempo improductivo) y uno indirecto aún mayor: dejar de desarrollar producto, cerrar ventas o atender a clientes.
La presencia continuada en estos foros parece casi condición necesaria para acceder a los consorcios. Sin embargo, muchas pymes no pueden asumir esa inversión recurrente sin garantías mínimas de retorno. El resultado es una primera barrera de entrada no escrita: quien no puede “estar”, simplemente no existe en el ecosistema EDF y esto es una dura realidad.
Consorcios: la puerta cerrada
Uno de los mayores desafíos es la formación de consorcios. Formalmente, el EDF promueve la cooperación abierta entre empresas de distintos Estados miembros. En la práctica, muchos consorcios parecen preconfigurados de un año para otro, con núcleos estables liderados por grandes primes que integran a socios recurrentes.
Para una pyme que intenta incorporarse, el proceso resulta opaco: no existe un punto de acceso claro, ni un repositorio estructurado de necesidades tecnológicas reales, ni mecanismos eficaces para identificar huecos en consorcios en formación. El resultado es que muchas acaban pivotando hacia las pocas convocatorias explícitamente diseñadas para pymes.
Y aquí, surge otra paradoja: al existir muy pocas calls dirigidas específicamente a pymes o tecnologías disruptivas, se concentran en ellas casi todas las empresas excluidas o sin posibilidad de inclusión (no por falta de nivel tecnológico) en las grandes convocatorias. Según se reconoció en el propio Infoday nacional, la probabilidad estadística de éxito en estas líneas es extremadamente baja debido a la sobredemanda. Es decir, se crean ventanas específicas para pymes (por opacidad de las otras calls) que, en la práctica, se convierten en embudos muy difíciles de penetrar.
Carga administrativa y ciclos financieros
El EDF exige, además, una capacidad de gestión administrativa, financiera y legal que muchas pymes simplemente no tienen. Hablamos de propuestas técnicas complejas, acuerdos de consorcio extensos, auditorías, reporting exhaustivo y una exposición financiera prolongada hasta que los fondos se liberan.
Para una empresa consolidada, estos plazos son asumibles. Para una pyme, difícilmente asumibles o inasumible en el caso de start-ups y scale-ups. Muchas no pueden esperar largos periodos hasta ver el retorno, ni destinar recursos significativos a una propuesta con una probabilidad de éxito incierta. El coste de oportunidad puede ser letal.
La experiencia nacional: una señal preocupante
El reciente infoday en España ilustra parte del problema. Una primera jornada, con información técnica valiosísima por parte del Ministerio de Defensa y entidades colaboradoras como ISDEFE, dejó sin embargo la sensación implícita de que el mensaje estaba orientado principalmente a las empresas tractoras. La segunda jornada, dedicada a presentaciones para formar consorcios, reunió mayoritariamente a pymes presentándose entre sí, sin apenas presencia de empresas tractoras ni de representantes operativos que trasladaran necesidades concretas de los consorcios en formación a los que poder acceder. Falta este “pasito” en pos de la inclusión del ecosistema industrial completo tanto en España como en Europa.
AGILE: un paso en la buena dirección
La Comisión Europea (a través de DG DEFIS) ha reconocido implícitamente estas tensiones y ha lanzado iniciativas como AGILE, orientadas a reducir cargas administrativas, acelerar la liberación de fondos y facilitar la participación de pymes.
Pese a que esta nueva iniciativa es una señal positiva, no debería convertirse en un canal paralelo que segregue a las pymes hacia instrumentos “simplificados”, mientras las grandes convocatorias estratégicas quedan reservadas de facto a los actores “tradicionales”. Las pymes (incluyendo a start-ups y scale-ups), por su importancia estratégica, no solo deben tener acceso a líneas específicas, sino que deberían poder competir en igualdad de condiciones en los grandes programas estructurales o que estos, estén articulados en pos de la transparencia y de manera eficiente para dar acceso a las mismas sin opacidades de ningún tipo con reglas claras y sencillas de seguir. Todos saldríamos ganando.
2028 y más allá: un riesgo sistémico
Con el EDF vigente hasta 2028 y la previsión de instrumentos más ambiciosos como continuación de los mismos, el momento de ajustar el modelo es ahora. Si la arquitectura de acceso no cambia, existe el riesgo de consolidar un ecosistema dual defectuoso: grandes grupos con capacidad estructural para capturar fondos europeos y un tejido pyme dependiente y confuso que pocas veces va a saber si tiene opciones de ser subcontratado o directamente excluido sin saber el porqué.
En un país donde las pymes representan la práctica totalidad del tejido productivo, esto no es una cuestión menor. Muchas de las tecnologías disruptivas (IA aplicada, sensores avanzados, ciberseguridad, nuevos materiales, espacio) nacen precisamente en start-ups con ciclos de vida cortos y alta necesidad de tracción temprana. Si estas empresas no pueden acceder a los grandes programas europeos a modo de financiación externa por barreras estructurales corremos el riesgo de perder innovación estratégica, de verla migrar o ser adquiridas hacia otros mercados más ágiles.
Conclusión
El sector de defensa necesita líderes industriales fuertes. Pero también, un ecosistema diverso, dinámico y competitivo. Mayor transparencia en la formación de consorcios, plataformas reales de encuentro con necesidades definidas, simplificación administrativa transversal (no solo en instrumentos específicos), calendarios financieros más adaptados a startups y mecanismos de prefinanciación podrían marcar la diferencia.
El EDF ha sido un primer paso decisivo. El siguiente debe ser garantizar que el 99% del tejido empresarial no quede como espectador desorientado de la mayor transformación industrial europea en décadas. Porque sin start-ups, scale-ups y pymes, no habrá verdadera autonomía estratégica europea; solo concentración.
España, cuenta con un ecosistema de pymes de alto valor añadido, con muchas ganas de ayudar, que, coordinado de la forma adecuada, podría hacer que diéramos un paso adelante muy importante a nivel de soberanía posicionándonos, como ha de ser, como una referencia europea y mundial ante países aliados. Está en nuestras manos. (John Doe)






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