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La OTAN destina 40.000 millones a crear una muralla antidrones

Interceptor contra UAVs desarrollado por la empresa española ARMMO, con cabeza de guerra de la también española INSTALAZA (autor)
Interceptor contra UAVs desarrollado por la empresa española ARMMO, con cabeza de guerra de la también española INSTALAZA (autor)

La OTAN ha puesto cifras concretas a su guerra contra los drones: los aliados han comprometido 40.000 millones de dólares para reforzar sus capacidades antidron y desplegar una red de entrenamiento específica frente a este tipo de amenazas, reflejando hasta qué punto la experiencia de Ucrania ha hecho saltar las alarmas en la Alianza.

Una inversión de 40.000 millones para protegerlo todo

La OTAN admite que los drones baratos y proliferantes, desde cuadricópteros comerciales hasta municiones merodeadoras, han abierto una brecha preocupante en las defensas aliadas, especialmente en el flanco oriental. La cifra de 40.000 millones de dólares comprometida por los aliados busca acelerar el paso de soluciones improvisadas a una arquitectura antidron sistemática, interoperable y escalable, con prioridades claras: protección de fuerzas desplegadas, infraestructuras críticas y centros urbanos.

El anuncio realizado durante la cumbre de Ankara es la culminación de varios años de ejercicios y evaluaciones técnicas en los que la OTAN ha testado decenas de sensores, inhibidores y efectores cinéticos frente a enjambres de drones en escenarios como los Países Bajos, Lituania o el Báltico. Ejercicios como el C‑UAS TIE23 o proyectos como Flytrap 5.0 han permitido someter a prueba más de medio centenar de tecnologías distintas, desde radares de baja cota y sensores electro‑ópticos hasta jammers de radiofrecuencia, armas de energía dirigida e interceptores de corto alcance integrados en redes de datos tácticos compartidas.

Doctrina, entrenamiento y un catálogo de soluciones

El esfuerzo no se limita al hardware: la OTAN está desarrollando una doctrina específica antidron y estándares comunes de formación para los operadores, con el objetivo de que las fuerzas aliadas hablen un mismo idioma táctico frente a UAS hostiles. En paralelo, maniobras como Northern Star en Finlandia y ejercicios en el Báltico han dado forma al concepto de muralla frente a drones en el flanco oriental, combinando sensores distribuidos, sistemas C‑UAS en capas y centros de mando capaces de coordinar respuestas en cuestión de segundos.

Para traducir la inversión en capacidades concretas, la OTAN ha lanzado un “mercado piloto” de sistemas antidron que agrupa 18 soluciones ya evaluadas, pensado para acelerar su adquisición por parte de las capitales aliadas. Industry days y foros C‑UAS celebrados en Bruselas y otras capitales han reunido a mandos militares, responsables de adquisiciones y empresas para ajustar requisitos, debatir sobre soberanía tecnológica e impulsar una arquitectura de defensa por capas que combine sensores, C2 y efectores de distinto coste y alcance.

La guerra en Ucrania ha funcionado como laboratorio en tiempo real, demostrando que una combinación de drones baratos, municiones merodeadoras y plataformas improvisadas puede saturar defensas costosas y sofisticadas. Los aliados del flanco oriental —de los bálticos a Rumanía— han presionado para que la OTAN acelere inversiones específicas en C‑UAS, conscientes de que el uso intensivo de drones por parte de Rusia e Irán anticipa el tipo de amenaza que podrían enfrentar en su propio territorio.

Medios C-UAS de Indra en un ejercicio reciente (Indra)

Oportunidades para la industria europea y española

El paquete de 40.000 millones abre un espacio significativo para la industria europea, que lleva años desarrollando soluciones C‑UAS pero a menudo se ha topado con ciclos de adquisición lentos y presupuestos limitados. La combinación de un catálogo aliado de 18 sistemas, procedimientos de compra acelerados y la presión política por reforzar la base tecnológica europea crea condiciones favorables para que proveedores de sensores, jammers, radares de baja cota, software de fusión de datos y sistemas C2 opten a contratos OTAN y nacionales vinculados a esta iniciativa.

En el caso español, empresas especializadas en guerra electrónica, comunicaciones tácticas, mando y control, integración de sensores, protección de infraestructuras críticas y las mismas cabezas de guerra y motores cohete para interceptores están bien posicionadas para aprovechar esta ventana, especialmente si logran demostrar interoperabilidad con estándares OTAN y desplegar soluciones competitivas en coste para la protección de bases, puertos, aeropuertos y nodos energéticos. La participación activa en ejercicios aliados C‑UAS, la presencia en los industry days de la Alianza y la capacidad de integrarse en consorcios multinacionales será clave para que la industria española no solo suministre componentes, sino que se consolide como proveedor de sistemas completos en un mercado que, a la vista de la experiencia reciente, difícilmente se contraerá en la próxima década. (José Mª Navarro García)


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