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La Fuerza Aérea de Estados Unidos ya tiene motor para su misil hiperveloz

La Fuerza Aérea estadounidense tiene en marcha dos programas de desarrollo de misiles aire-aire hiperveloces: El Hypersonic Conventional Strike Weapon (HCSW) y el Air launched Rapid Response Weapon (ARRW). Mientras que el primero se basa en el empleo de tecnologías maduras que no han sido integradas en un misil aire-aire, el segundo apuesta por desarrollar tecnologías de última generación surgidas de la colaboración entre la Fuerza Aérea y la Agencia de Investigación de Proyectos Avanzados de Defensa (DARPA). Se espera obtener la capacidad operacional de ambos sistemas en 2022, medios que están siendo desarrollados por la compañía Lockheed Martin que se ha adjudicado sendos contratos.

En el caso del HCSW, Lockheed Martin se adjudicó el año pasado un contrato de 928 millones de dólares para las fases de desarrollo, pruebas y producción inicial. Se pretende desarrollar un misil aire-aire de largo alcance y que pueda alcanzar velocidades superiores al Mach 5. Ahora Lockheed Martin ha encargado a la también estadounidense Aerojet Rocketdyne el diseño del motor de combustible sólido para este misil, adjudicándole un contrato de 81,5 millones de dólares. El HCSW será lanzado en las fases de pruebas desde un bombardero B-52 modificado y deberá ser capaz en el futuro de penetrar en las defensas aéreas más protegidas y abatir objetivos aéreos a grandes distancias.

Aerojet Rocketdyne es una de las compañías de referencia en el área de la hipervelocidad, habiendo participado en la mayoría de desarrollos recientes, aplicando sus tecnologías de combustibles sólidos, motores de aspiración de aire (ramjet y scramjet). De hecho el X-51A Waverider de la USAF empleaba un sistema de propulsión de esta compañía cuando batió en 2013 el record de mayor vuelo hipersónico usando un motor de aspiración.

El ARRW está en la fase de prototipos, habiéndose adjudicado Lockheed Martin otro contrato en agosto del año pasado para desarrollar un segundo prototipo por valor de 480 millones de dólares, contrato que incluye la revisión crítica de diseño (CDR), pruebas y producción inicial. De hecho la USAF quiere incorporar misiles hipersónicos en sus aviones de combate “tan pronto como sea posible” según afirmó la Secretaria de la Fuerza Aérea Heather A. Wilson el año pasado. El pasado mes de junio se realizó la primera prueba de vuelo del ya designado AGM-183A Air Launched Rapid Response Weapon desde un B-52. Un misil sensorizado fue montado en el avión para analizar la integración de ambos en términos de vibraciones y aerodinámica.

Las tres ramas de las Fuerzas Armadas estadounidenses están trabajando en desarrollos de misiles hiperveloces, de hecho  la Agencia de Defensa de Misiles, la Fuerza Aérea, la Marina y el Ejército firmaron el junio del año pasado un memorando para trabajar juntos en el desarrollo de tecnologías hiperveloces. En el presupuesto del Pentágono para el ejercicio fiscal 2020 hay destinados 1.6600 millones de dólares para ocho programas basados en la hipervelocidad

La hipervelocidad

La barrera del Mach 5 es la que da comienzo a llamada hipervelocidad. Desde una perspectiva militar, esta permite enfrentarse a objetivos time-critical, es decir, que se encuentran muy poco tiempo disponibles y que brindan una pequeña “ventana de oportunidad”. Estos pueden ir desde terroristas escondidos en montañas lejanas a plataformas de lanzamiento de misiles balísticos en países lejanos, sin olvidar objetivos navales de superficie distantes. En este caso su elevada velocidad hace muy difícil a los medios de defensa aérea embarcada enfrentarse a su ataque, máxime si se le dota de la capacidad para realizar maniobras complejas en la fase terminal.

Estados Unidos lleva años realizando pruebas con sistemas de este tipo, por ejemplo en 2013 probó el demostrador X-51A Waverider, una plataforma aérea susceptible de ser empleada como misil que alcanzó una velocidad de Mach 5.1 (5.400 km/h) y completó el vuelo hipersónico de mayor duración (5 minutos). Anteriormente otros vehículos habían alcanzado enormes velocidades, como el X-43 que estableció el record de velocidad con Mach 9.8 (12.144 km/h), pero empleando combustibles muy peligrosos como el hidrógeno. El valor añadido del X51A es que hizo uso de un combustible relativamente convencional (JP-7) lo que permite usarlo con seguridad en un entorno militar. El X-51A dispone de un motor de aspiración (air-breathing) ramjet de súper combustión o scramjet que puede alcanzar velocidades entre Mach 3 y 4. Sin embargo a velocidades superiores había problemas para mantener la combustión y antes el motor necesita para funcionar una velocidad de partida muy elevada por lo que la aeronave es primero propulsada por un cohete hasta alcanzar una velocidad que permita la combustión.

La tecnología se considera madura para su empleo práctico tanto en programas espaciales como de defensa, de hecho, la Fuerza Aérea estadounidense está volcándose en el programa High Speed Strike Weapon (HSSW) que debería entrar en servicio en 2.020. La USAF desea disponer de misiles con esta velocidad para dotar a sus F-22 y F-35 y poder emplear armamento de muy largo alcance, muy lejos de los sistemas de defensa antiaérea, que nada podrían hacer contra estos misiles una vez lanzados. Tendría un tamaño parecido al X-51A que permitiría alojarlo en las bodegas de carga de F-35 o B-2 y un alcance de entre 500 y 600 millas náuticas, una velocidad de entre Mach 5 y 6. (José Mª Navarro García)

Fotografía: Uno de los bocetos del HCSW (Lockheed Martin)

·El AGM-183A bajo el B-52 durante el primer vuelo (USAF)

·El X-51A Waverider, bajo el ala de un B-52 Stratofortress (USAF)


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