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El ataque de los “drones”

El reciente ataque con drones contra las instalaciones petroleras más importantes de Arabia saudita, el cuarto país del mundo en gasto militar, ha abierto un nuevo escenario bélico desconocido, el “dronespacio”, es decir, la capacidad de atacar con gran precisión evitando todos los sistemas de defensa actuales y sin asumir riesgos humanos, con la ventaja añadida de la dificultad de adivinar el origen del ataque. No sabemos mucho de cómo ha sido posible que un grupo de terroristas o un país en guerra civil, como Yemen, haya sido capaz de lanzar un ataque contra las principales instalaciones petroleras de Arabia Saudita, a cientos de kilómetros al interior del país, con semejante precisión, pero existen algunas circunstancias que deben matizarse.

 

Es cierto que las autoridades norteamericanas y saudíes están culpando a Irán de este ataque, y no les falta razón; los rebeldes hutíes de Yemen nunca habrían alcanzado la capacidad que vienen demostrando en atacar con drones instalaciones al interior de Arabia Saudita, sin la participación directa de expertos militares de Irán. También podemos estar seguros de que Teherán no ha transferido su tecnología punta en drones a los rebeldes hutíes, por lo que no es posible que estos ataques se hayan llevado en exclusiva por rebeldes. Pero hay más detalles a los que debemos prestar atención sobre este ataque.

 

Los drones usados en las últimas semanas por la alianza hutí-iraní, del tipo Qasef-K2, contra instalaciones militares y civiles cercanas a la frontera entre Yemen y Arabia ni tienen el alcance, ni la precisión para recorrer 1.000 km. e impactar contra un depósito de apenas 30 m. de diámetro. Para volar 1.000 km. es necesario o marcar unas coordenadas de suma precisión y realizar un vuelo perfecto, lo que es casi imposible por todos los condicionantes atmosféricos que intervienen; o bien debería existir un enlace satelital con el dron, lo que es totalmente descartable, o terroristas infiltrados con designadores laser guiándolos, opción que sin duda sería la única creíble para un ataque a tan larga distancia.

 

Los ataques no parecen proceder de drones con armamento, como misiles, sino más bien con una carga explosiva incorporada. Es decir, los estrellaron con las instalaciones provocando las explosiones. El hecho de que los impactos procedan desde el Este, es decir, de Irak o Irán, anularían la versión de que haya sido un ataque desde Yemen, salvo que los drones llevaran planes de vuelo incorporados para, además, determinar desde dónde atacar, lo que se antoja muy lejos de las posibilidades incluso de Irán.

 

Sin embargo, para los iraníes no sería difícil, hablando en términos muy genéricos, alcanzar con sus drones del tipo Shahed 129 desde sus bases de Busher o Shiráz, a menos de 250 millas del objetivo, pero resultaría un esfuerzo enorme y baldío dedicar 20 drones para un ataque de tan escasos resultados, ya que la instalación ha recuperado su actividad apenas tres días después. Y, además, teniendo en cuenta sus 16 m. de envergadura, hubieran sido fácilmente detectados, por lo que un ataque directo es poco creíble, salvo que realmente los americanos tengan suficientes datos para asegurar que se produjo y me extraña que, si esto fuera así, no lo hubieran ya puesto en todos los medios inmediatamente. Trump y Netanyahu llevan años deseando una evidencia así para lanzar su ataque preventivo contra Irán.

 

En términos de operación y de complejidad, esta acción, caso de haberla producido como alegan los rebeldes hutíes, sería mucho más difícil que secuestrar cuatro aviones y lanzarlos sobre el Pentágono y las Torres Gemelas; y llevaría, sin duda, un cambio estratégico de consecuencias impredecibles. Si Irán o sus socios fueran capaces de lanzar drones a 500 km. con esta precisión, el mundo entraría en una etapa de riesgo que cambiaría aún más la vida de todos los ciudadanos, especialmente de los que habitan en todo el Oriente Medio. Sería una ruptura del difícil equilibrio estratégico y obligaría a países como Israel a plantearse ataques preventivos para evitar que estos drones pudieran alcanzar sus ciudades o sus instalaciones nucleares.

 

La opción más razonable desde el punto de vista operativo, sin embargo, abre nuevos frentes de discusión. Si un grupo de terroristas hubiera sido capaz de penetrar 1.000 km. en territorio saudí con 20 drones ligeros del tipo Hudhud-1 en la mochila, aproximarse a las instalaciones de Abqaiq, seguramente el mayor complejo petrolero del mundo, con unas medidas de seguridad enormes, lanzar contra los depósitos y oleoductos estos aparatos con una carga pequeña, pero suficiente para provocar una deflagración, dirigidos desde designadores láser, y regresar sin ser detenidos, mostraría que existe un fuerte apoyo al interior del reino saudí para que esta se realizara y evidenciaría una enorme vulnerabilidad de sus sistemas de seguridad.

 

Cualquiera que haya sido de éstos el escenario de la operación, lo cierto es que se ha producido un cambio estratégico enorme en Oriente Medio. En la región, sólo hay un enemigo con capacidad para diseñar, construir y operar estos sistemas, que es Irán; un país que ya ha demostrado de sobra sus ambiciones sobre la región. Da lo mismo que hayan sido lanzados u operados por yemeníes o iraníes, el efecto es el mismo, y, por tanto, una escalada hacia el conflicto se ha iniciado entre los dos grandes países de la zona, Irán y Arabia saudita, y cada uno con su cohorte de aliados.

 

Cuando estamos a las puertas de una recesión económica mundial, estos ataques tienen un objetivo estratégico que excede del conflicto del Yemen: provocar la inestabilidad en los mercados y generar una situación de tensión que conduzca a un cambio en el escenario, bien sea con el levantamiento de las sanciones a Irán ante la eventualidad de un conflicto, o bien una respuesta militar para terminar con la amenaza iraní, lo que tampoco tendría consecuencias muy positivas, como es obvio.

 

Lo que ahora sabemos es que Irán está dispuesta, por vía directa o indirecta, a provocar el caos y encaminarnos a una situación muy delicada de consecuencias apocalípticas. La guerra en Yemen es todavía una vía de escape en el conflicto entre Irán y Arabia Saudita, pero si se amplían sus fronteras, la guerra será inevitable y nos tendremos que remontar a la de Corea para comprender el conflicto y su dimensión estratégica.

 

Enrique Navarro

Presidente MQGloNet

Fotografía: Shahed 129


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