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VCR 8x8 “Dragón”, mucho más que un vehículo militar de nueva generación

Definir 2020 como un año complicado es ser optimista. La economía y la sociedad en su conjunto se han visto duramente golpeados por el COVID-19, cuya vacuna abre, por fin, la puerta al final de la pandemia y nos devuelve la esperanza en 2021. Las Fuerzas Armadas españolas han vivido en este año que se marcha el más impredecible de sus despliegues: dentro del territorio nacional y con un enemigo tan letal como invisible. Resiliencia, esa palabra tan de moda, es la que mejor define su respuesta. En España, Defensa ha navegado por estas aguas turbulentas, manteniendo e incrementando sus capacidades en la medida en que unos presupuestos, a todas luces insuficientes, se lo permiten, un esfuerzo que ha de reconocerse.

 

Un programa que, tras acumular una década de retraso, en 2020 se formalizó, por fin, y al que dedicamos esta edición es el del Vehículo de Combate de Ruedas (VCR) 8x8 Dragón. Con él, el Ejército de Tierra se dotará del blindado que requiere desde hace años para acometer de forma eficiente y segura las misiones que se le encomiendan, reemplazando a otros sistemas que ya han dado todo lo que podían y que aún siguen en servicio. La fabricación del primer lote, de los tres previstos, de 348 vehículos blindados otorgada a Tess Defence, supuso el espaldarazo definitivo para una producción eminentemente nacional, que se ampliará los próximos años hasta adquirir, de cumplirse las previsiones, casi 1.000 vehículos en total. Todos se integrarán en la nueva estructura del Ejército de Tierra, diseñada en torno al concepto Fuerza 2035.

 

Tess Defence, creada ad hoc para ello, es la punta de lanza de una base industrial nacional de la defensa que se ha volcado en el principal programa de adquisición de blindados en la historia de las Fuerzas Armadas españolas. Junto a las cuatro compañías que la integran trabajarán más de 200 empresas nacionales y extranjeras, que se benefician de un concepto y estructura que apostó por la reducción de riesgos tecnológicos en forma de varios demostradores de sistemas, cuyo desarrollo supuso una inversión superior a los 90 millones de euros y que no han sido evaluados en su totalidad, cuando ya se ha aprobado la fabricación. Confiamos en que esta apuesta tecnológica nacional se materialice en el mejor sistema disponible para el cliente final, en un refuerzo efectivo de la base industrial del país y en la potenciación de una red que reclama desde hace años programas lanzadores que respalden sus apuestas tecnológicas y que puedan ser exportadas posteriormente.

 

Analizamos en la edición de enero de la revista Defensa lo que supondrá la incorporación del vehículo para el Ejército de Tierra, así como la propia plataforma y sus sistemas, las compañías implicadas y sus tecnologías, tanto del Dragón en su concepción actual, como algunas de las aplicaciones que podrán llegar en el futuro. Esperamos que la apuesta del Ministerio por reforzar la base industrial nacional en torno a este programa como motor de la economía y locomotora de la recuperación se convierta en una política a largo plazo del Gobierno. La elevada productividad, la apuesta por la investigación, el desarrollo y la innovación, así como el perfil profesional de sus trabajadores y sus retornos industriales, otorgan a este sector un papel fundamental. Sería de gran ayuda avanzar en el reclamado Plan Industrial para el sector y en una política de Defensa de Estado, alejada de vaivenes políticos.


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