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Preservar el mapa industrial español, el gran debate

Desde que se constituyó la Secretaría de Estado de Defensa como organismo político y gestor del armamento, material e industria de defensa en España, liderada por Eduardo Serra, y en particular a partir de la crisis de 1993, se decidió apostar por un escenario que entonces planteaba muchas incógnitas, pérdidas millonarias y falta de competitividad. 

 

Lo urgente era agrupar las capacidades en nuevas tecnologías, electrónica, información, software, simulación y radares que estaban dispersas entre la SEPI y el sector privado. Después venía la creación de un líder plataformista por sector, competitivo, integrado internacionalmente y que proporcionara los sistemas más avanzados.

El tercer paso, era un ecosistema de proveedores y unos Tier 1 que contribuyeran la crear soberanía industrial en sistemas. Ahí nacieron Tecnobit, Instalaza, Expal, Telefónica Sistemas, ITP, Amper, Page Ibérica, Rymsa y un largo etc.

La creación de Indra fusionando INISEL con Ceselsa y las demás empresas de la división de electrónica del INI, creó un líder nacional en tecnologías transversales y en las independientes de plataformas y se convirtió en actor fundamental en Eurofighter, en el mercado de exportación y con una presencia determinante en todo lo no industrial de los programas.

Bazán, por las acciones adoptadas para proteger el sector naval civil nacional, afrontó una integración que impedía su privatización y desde el Ministerio se impulsaron programas como las F-100 y la alianza con Lockheed Martin. La transferencia de tecnología recibida de la norteamericana nunca la hubiéramos recibido desde Europa.

CASA y AISA tenían el reto de sobrevivir al explosivo proceso de consolidación de los años noventa y su integración en Airbus fue determinante del enorme peso que el sector aeroespacial tiene en España, con cientos de empresas alrededor y decenas de miles de puestos de trabajo.

Con las plataformas terrestres había el problema de Santa Bárbara, que perdía más de lo que facturaba, sin programas de modernización relevantes en Ejército por la ayuda militar americana, que redujo los programas de plataformas al carro AMX-30 y a los BMR y llegó a 1995 a una situación límite, creando SBB Blindados, agrupando las factorías de Trubia y Sevilla, y sería ese líder de plataformas que necesitaba España para los programas que eran urgentes, como el ASCOD, el carro de combate y la artillería autopropulsada, mientras que el resto de capacidades en pólvoras y municiones seguirían buscando sus nichos.

Sin un socio tecnológico e industrial hubiera sido imposible seguir la senda que se había conseguido con CASA y Bazán y su privatización tenía dos requisitos: el comprador debería ser líder mundial en plataformas y asegurar transferencia de tecnología y carga de trabajo; adquirir todas las plantas; y mantener el empleo durante cinco años. De las ofertas, la alemana solo quería la parte golosa de las plataformas y Expal la que era más complementaria.

Se pactó con los sindicatos que no se trocearía, adjudicándola a General Dynamics, la nº1 mundial en armamento terrestre. General Dynamics Santa Bárbara entregó de forma exitosa el carro Leopardo y de la primera serie de Pizarro. La confianza y las buenas relaciones entre España y Estados Unidos hicieron que el crecimiento europeo de GD pivotara sobre nuestro país, lo que es un activo político e industrial.

El caso de Santa Bárbara

Cuando llega el ciclo inversor y se lanzan grandes programas, el Gobierno no altera el mapa en el sector aeronáutico ni en el naval, pero dinamita el escenario terrestre sacando a Santa Bárbara. Se me ocurren tres razones estratégicas y para ello quiero añadir un análisis para entender la diferencia en materia de gestión entre una plataforma y un programa.

El primero es un contrato con un integrador para disponer de un vehículo integrado, diseñado por el primero y que en virtud de esta posición puede incorporar en su solución sistemas de interoperabilidad o requeridos por el usuario, pero sin alterar un esquema de responsabilidad único.  

Un programa se da cuando el Gobierno se convierte en integrador y decide cómo será la configuración, sin disponer ni de la experiencia ni de la posición industrial para ello. Para el VCR se creó una entidad responsable, sin control de la configuración, ni la experiencia y es difícil que esto pueda funcionar bien a la primera, y no por incapacidad de los directivos. Es importante saber cuándo prima el programa o la plataforma para priorizar decisiones y asumir los riesgos.

La primera razón para sacar a Santa Bárbara sería por inútil, que fuera incapaz de sacar un vehículo en tiempo y forma, pero hay muchos países europeos que han tenido numerosos éxitos con ella. Soy consciente de que muchos comprarían esta idea basándose en la prehistoria anterior a 2000, pero la visita a las factorías disipa las dudas. La segunda, porque el Gobierno no quiere que los norteamericanos lideren un sector de plataformas militares en España y se pretende una renacionalización.

Esto exigiría explicaciones: ¿Por qué Lockheed Martin sí puede estar y no GD?; ¿por qué fondos americanos son los principales accionistas de Indra e ITP?; ¿Por qué consideramos socios más fiables a Turquía o Corea, que ni siquiera está en la OTAN? En esta línea se entendería el intento de recomprar Santa Bárbara a través de Indra y Escribano, cuando estos eran los socios fiables del gobierno, hace solo un año.

¿Qué hubiera pasado con el campeón nacional si se hubiera aceptado esa oferta para convertir Santa Bárbara en un taller para producir vehículos de empresas alemanas, turcas, emiratís o coreanas?

La tercera razón sería que se quiere renacionalizar la industria de defensa y para ello hay dos maneras, o comprar aceptando su oferta u otorgando contratos amparándose en razones operativas, estratégicas e industriales que desconoceremos.

Puede ser razonable, pero no hacerlo en un entorno de confrontación. Cuando las entregas son claves y hay tantas necesidades, el Gobierno vuelve a optar más por programas que por plataformas, enfocándose en el aspecto industrial y no en el operativo, y luego vendrán los lamentos. El Ejército puede decidir adquirir el K9, el Paladín o la torre de KDNS alemana, pero no se entendería destruir una capacidad para crear una nueva sin la experiencia ni el mercado para ser exitosa.

Sería mejor elegir la solución óptima, con menos riesgo y luego definir la estructura industrial más adecuada. Ponernos a desarrollar nuevas soluciones para fragmentar más Europa o simplemente producir un sistema importado de Corea no tiene mucha lógica. Si insistimos en la interoperabilidad, tendría más sentido utilizar plataformas que ya tenemos y no traer nuevas, que complicarán la logística y el sostenimiento y que requieren nuevas inversiones que son innecesarias por duplicación y que pagaremos todos los españoles.

Creo que Europa, la soberanía tecnológica, la preservación de capacidades acumuladas en la historia y la operatividad deben ser nuestras señas de identidad, Cuando estén las responsabilidades claramente definidas será mucho más fácil exigirlas. Hemos creado una Europa, como diría Kissinger, de los programas terrestres en dónde no sabemos a qué puerta tenemos que llamar para que nos atiendan y este es un problema que debemos evitar a toda costa. (Enrique Navarro. Presidente MQGloNet)


Copyright © Grupo Edefa S.A. defensa.com ISSN: 3045-5170. Prohibida la reproducción total o parcial de este artículo sin permiso y autorización previa por parte de la empresa editora.

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