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La gestión del Ministerio de Defensa ante los cambios en el Gobierno español

Intensos rumores de remodelación del Gobierno de Pedro Sánchez resaltan que afectarán a la cartera de Defensa, cuyo titular, Margarita Robles, podría pasar a Interior. El desgaste soportado tras tres años de legislatura, marcados por la pandemia, sus efectos económicos y otras cuestiones de gran importancia, como los indultos a los políticos catalanes, determinan el cambio del ministro más valorado según las encuestas. Con ella al frente de Defensa, las Fuerzas Armadas (FAS) saltaron a primera línea en respuesta al COVID-19, poniendo en marcha las operaciones Balmis y Baluarte, actuación que puso en valor y agradeció en numerosas ocasiones. Durante su mandato volvieron de Afganistán las últimas tropas y tuvo lugar el conflicto con Marruecos, en cuya gestión el Gobierno no implicó a las FAS hasta que no le quedó opción.

 

Las tres áreas que el Ministerio consideró prioritarias bajo su mandato han sido la política de personal, la transformación y modernización de las capacidades militares y el fortalecimiento en el sistema de seguridad internacional. España ha mantenido su compromiso en todas las misiones en las que participa de la UE, OTAN y ONU. Robles, que el año pasado propuso acoger y organizar el primer congreso de medicina militar de la UE, a raíz de la participación de las FAS en la gestión de la pandemia, ha conseguido que Madrid reciba en 2022 la próxima cumbre de líderes de la OTAN, pese a la salida precipitada hace ahora dos años de la fragata Méndez Nuñez del grupo de combate del portaviones USS Abraham Lincoln, cuando se dirigía al Golfo a enviar un claro mensaje a Irán: Robles ha sido probablemente quien ha mantenido la interlocución al más alto nivel con Estados Unidos.

 

Mostró asimismo gran preocupación por las políticas de personal, acometiendo diferentes programas para mejorar las condiciones de vida en los cuarteles, mejorando la conciliación familiar, aumentando plazas en centros infantiles o facilitando el acceso a becas y a formación. Respecto a la transformación y potenciación de las capacidades militares, queda un largo camino por recorrer.  España sigue a la cola del nivel de inversión en sus presupuestos de Defensa, siendo actualmente del 1,02 por ciento del PIB, muy lejos de compromiso del 2 en 2024. A pesar de ser a todas luces insuficiente, se han puesto en marcha algunas iniciativas y se impulsaron programas en curso. Estos años han visto un impulso en el Sistema de Armas de Nueva Generación (NGWS) en el seno del nuevo Sistema de Combate Aéreo (FCAS), en el que España participa en igualdad junto a Alemania y Francia, pero con pobres avances por la falta de compromiso.

 

Algunos proyectos, como la fragata F-110 y el submarino S-81 Plus de la Armada, han tenido progresos importantes, como la ansiada puesta a flote de la primera unidad, el S-81; en el Vehículo de Combate de Ruedas 8x8 para el Ejército de Tierra se firmó en agosto del año pasado el contrato para el primer lote, si bien aún con incertidumbre en lo que a sus capacidades se refiere; la futura base logística del Ejército de Tierra; y la aprobación de la Directiva de Política de Defensa, que permitirá iniciar un nuevo Ciclo de Planeamiento en el que identificar y priorizar las necesidades para intentar mantener la operatividad. 


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