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Exportaciones de defensa y desarrollo industrial

En 2005, cuando la crisis en los astilleros de Navantia estaba en su punto más álgido, con un panorama laboral similar al que hemos visto estos días en los alrededores de Puerto Real, el Gobierno socialista decidió vender, contra el criterio de nuestros aliados, 8 corbetas a la democracia más consolidada y menos represora de América, a la Venezuela de Chávez, dañando además nuestras relaciones con Colombia, esa dictadura opresora de terroristas. En aquel momento primaron los intereses industriales sobre los geoestratégicos, que a la larga perjudicaron más que beneficiaron a nuestra industria.

No sin esfuerzo, el Gobierno español, bajo la batuta de Su Majestad, consiguió hace poco un contrato histórico para nuestro astillero de bandera, con destino a nuestro tradicional amigo y aliado, Arabia Saudita. Sin embargo el Gobierno, después de haber obtenido tan suculento contrato, lo ha puesto en peligro al cuestionar el suministro de bombas de precisión precisamente a nuestro país amigo y gran inversor en España.

Para una nación cuyo principal valor añadido es el turismo y los servicios, apoyar nuestras capacidades industriales más avanzadas no es una opción, es una necesidad. Nuestras industrias diseñan y construyen buques de alta tecnología que hoy utilizan las armadas más prestigiosas del mundo y trenes de alta velocidad espectaculares, aviones de última generación y vehículos blindados, gracias a que el Gobierno mantiene sus inversiones en España.

Para los que piensan que esto de las corbetas saudíes es un tema menor, que vean las cuentas de los astilleros y observen cuánto pagamos cada español para mantener sus puestos de trabajo. No tienen más que ver los centenares de empresas que, en la Bahía de Cádiz, quizás el lugar con más paro de Europa, suministran servicios y equipos a Navantia. A falta de carga de trabajo inmediata, el cierre de los astilleros sería cuestión de meses y decenas de miles de puestos de trabajo se perderían en menos de un año.

¿No deberíamos también de dejar de comprar el petróleo a los árabes que sirve para financiar esas acciones? ¿No deberíamos cerrarles los hoteles y casas en la Costa del Sol, para que no vengan a disfrutar después de maltratar a tanta gente inocente? Una vez más toca hacer pedagogía de cómo funcionan las relaciones internacionales y cómo de importantes son para nuestra economía.

En primer lugar, un estado debe saber quiénes son sus principales aliados, casi diría que sus hermanos en el mundo, esos a los que hay que perdonarles muchas cosas y colaborar con ellos porque contribuyen a nuestra seguridad y bienestar. Si no queremos que nuestras tropas vayan a matar a las del Estado Islámico, esos que nos asesinan en nuestras calles y lo externalizamos en Arabia, ¿encima les vamos a capar no vendiéndoles las armas que necesitan para esta misión esencial de cara a nuestra seguridad?

En Medio Oriente, España tiene tres aliados claves, de esos que llamamos hermanos: Arabia Saudita, Israel y Egipto. Es muy posible que no nos gusten muchas cosas de ellos, pero seguro que a ellos no les gustan muchas cosas de nosotros, pero a pesar de eso nos compran barcos y trenes. No lo olvidemos, estos países son nuestros aliados. Son naciones importantes para nosotros y por eso debemos mimarlas. Nosotros no somos importantes por decisión propia, pues nadie nos mima, por mucho que nos quieran convencer de lo contrario.

Y dejemos de jugar al imperialismo europeo deseando que todas las culturas imiten nuestro modo de vida, porque cada uno es producto de su historia y si la democracia para nosotros no es importante en Venezuela, ¿por qué lo va a ser en Arabia, que en lugar de darnos problemas encima crea empleos donde lo necesitamos? Hay que desterrar la hipocresía en estos temas: ¿Es que los misiles de tecnología occidental no se usarán en Yemen? Por cierto, los 72 aviones que tiran las controvertidas bombas de precisión se los vendió otro gobierno socialista, con acertado criterio.

El Gobierno está obligado a invertir en Defensa, primero porque lo demanda nuestra seguridad y nuestra posición de liderazgo internacional. Por eso debe ser un esfuerzo constante. Si no continúan los programas que estaban previstos, nuestras Fuerzas Armadas no tendrán los medios que necesitan para defender la democracia y la seguridad; se perderán miles de puestos de trabajo; e ingenieros en las materias más sofisticadas podrán pasar a ser camareros y funcionarios, que es el modelo económico de Podemos.

Hay que quitarse complejos y asumir que gobernar es hacer todo aquello que redunde en el bienestar y seguridad de los españoles y dejar la Defensa de lado es dejar España de lado, al pairo de potencias extranjeras, que poseen nuestra deuda, el combustible que nos calienta y que sirve para movernos, expuesta a que una implosión migratoria acabe con la convivencia si continúa esta política hipócrita. Construir una política exterior implica sumar y restar; pero hay que acertar en ver dónde se suma y se resta. En cada zona del globo los intereses de España se defienden de distinta manera y cada caso exige acciones distintas.

Si decidimos sumar a nuestra política exterior a Maduro nos equivocamos, si lo restamos ganamos. Si sumamos a los países que luchan contra el terrorismo que nos asesina en nuestras calles y plazas ganamos, si les golpeamos perdemos. Ellos no se van a quedar sin sus armas: hay una larga lista de países occidentales y democráticos deseando vender lo que nosotros no estemos dispuestos a vender, así que mejor seguir adelante con nuestros compromisos y a defender a nuestra industria. En definitiva, preservemos la ecuación fundamental de las relaciones internacionales, defendamos a nuestros amigos, condenemos a los enemigos y cuidemos nuestros intereses particulares. Lo demás es dogmatismo romántico de nefastas consecuencias para el bienestar de los pueblos. (Enrique Navarro. Presidente MQGloNet)


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