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Los carros de combate rusos T-26B de La Legión española

La Legión española no sólo operó los Panzer I (Panzerkampfwagen) alemanes y los L3/35 italianos durante el transcurso de la Guerra Civil,  también sirvió en sus filas un modelo de carro de combate de diseño y construcción soviética, el T-26B. Cuando llegaron a España desde la Unión Soviética se consideraba el más moderno de los carros en servicio en el mundo.

En  el año1936, en España el carro de combate estándar en el Ejército, en muy pequeño número, era el ya por entonces muy veterano Renault FT-17. Con el estallido del conflicto, al bando nacional se sumaron los Panzer y los L3/35, casi en paralelo, la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas) envió el T-26B al bando republicano.

Pronto se comprobó en el terreno que se había entrado en una nueva dimensión en lo referente a este tipo de medio de combate.  El T-26 sumaba por primera vez de una forma muy equilibrada los tres conceptos básicos de los carros de combate modernos: protección, blindaje y armamento. Tenía una movilidad y velocidad similar a sus enemigos, pero su protección y blindaje era muy superior a las de éstos, y sobre todo su armamento principal: un cañón de 45 mm de calibre estaba años luz de las ametralladoras, que armaban a medios italoalemanes.                         

Una desproporción que podría haber dado un vuelco al conflicto, pero aunque los militares soviéticos que los manejaron por primera vez en el frente de Madrid derrocharon valor, no contaron con la adecuada coordinación con la infantería y la artillería del Ejército Popular de la República. Su uso táctico iría  a peor  cuando los blindados fueron pasando a ser operados directamente por los soldados republicanos españoles. 

A ello se sumó que el bando nacional empezó a capturar cada vez más T-26, muchas veces intactos, por quedarse sin combustible durante los combates y abandonados, y fue así que  empezaron a incorporar a sus filas, encuadrados en la Bandera de Carros de Combate de la Legión, y en otras unidades. Los legionarios los usaron junto a los modelos italianos y alemanes, y algunos FT-17, obteniendo el poder de fuego del que carecían sus otros blindados. En las filas de la Bandera en cada vez mayor número participaron en los duros frentes de Madrid, Norte, Aragón y finalmente en la rápida toma de Cataluña.

El T-26B fue el carro de combate más utilizado en el conflicto ya que la URSS llego a enviar 281, de los 347 adquiridos. De esta cifra, en el curso de la guerra fueron capturados o en uso, o con posibilidad de reparación por parte del Servicio de Recuperación de los nacionales, un total de 123 “tanques” rusos, aunque algunos podrían ser del otro  modelo enviado a España por los soviéticos (unas 50 unidades) el BT-5.  Desde mediados de 1937 en las durísimas batallas de Brunete, Belchite, el Ebro, etc, ambos bandos operaron con este medio, al que sucedería en el Ejército de la URSS el mítico T-34, ya en 1941 en plena Segunda Guerra Mundial.

Volviendo a España tras la derrota del Ejército Popular de la República el 1 de abril de 1939, el Ejército  incorporó 178 T-26B, que estuvieron en servicio hasta los años cincuenta, en que empezaron a ser sustituido por material entregado por los Estados Unidos, como los M-26, M-41 o los M-47. Actualmente se conservan varios de estos blindados en varios acuartelamientos el actual Ejército de Tierra, aunque los mejor conservados, incluido uno teóricamente en movimiento, se encuentran en el (MUMA) Museo de Medios Acorazados, sito en la base del Goloso (Madrid).

Otro T-26B especialmente conservado es el de la colección del Museo Militar de Cartagena (Murcia), que como uno de los de la MUMA lleva pintado los colores rojo y gualdas en el mantelete que aplicaban los nacionales para identificarlos de los de sus enemigos en los combates y así evitar en lo posible el fuego propio.(Julio Maíz Sanz)

Fotografia: Imagen del T-26B conservado en el MUMA con el esquema de pintura, incluidos los colores rojoygualdas en el mantelete, que utilizaron los sublevados.


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