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La Armada en 2021: situación y planeamiento

La Armada española vive un momento crucial en muchos aspectos, especialmente en el de la renovación de sistemas clave, como navíos de escolta, submarinos y buque de salvamento, medios que, que aunque con grandes retrasos por la falta de decisión política, están en marcha.

Así, y aunque, como veremos, ya está en fase final de construcción del primer submarino de tipo S-80 Plus y al menos aprobados los programas de construcción de las fragatas F-110 y el de un nuevo buque de actividades subacuáticas y rescate de submarinos, quedan muchas necesidades por cubrir, en un entorno ya marcado, desgraciadamente,  desde hace muchos años por recortes de  financiación. Sin entrar en las apremiantes necesidades de nuevo material de la Flotilla de Aeronaves (aviación naval) y de la Infantería de Marina; en el apartado de unidades navales es imprescindible no sólo la renovación (los buques de la Armada tienen una antigüedad media de  28 años), sino la dotación de nuevas unidades para compensar las bajas por finalización del periodo operativo. 

Como bien recordó el anterior Almirante Jefe del Estado Mayor de la Armada (AJEMA), el almirante general Luis Teodoro Calderón, en los últimos 13 años “la Armada ha dado de baja 27 buques de distinto porte, y de alta sólo 9”. Así, ya pasa a ser urgente modernizar las fragatas del tipo F-100/F-105, encargar más patrulleros de altura de los denominados Buque de Acción Marítima (BAM), modernizar los imprescindibles cazaminas de la clase Segura que dotan a la 1ª Escuadrilla de Medidas Contra Minas (MCM), encargar un nuevo navío logístico o Buque de Aprovisionamiento en Combate (BAC), etc.

Afortunadamente, en España se cuenta para afrontar estos retos con una excepcional capacidad de construcción naval, encabezada por Navantia, que diseñó y construyó los navíos citados. Además, existe un amplio elenco de empresas suministradoras de sensores, armamento y otros sistemas, que con su actividad generan miles de puestos de trabajo y una gran aportación al PIB español, vía los contratos con la Armada y exportaciones, para las que se requiere que previamente los buques sean operados por esa Institución castrense. 

En el lado negativo, España ha sufrido una serie de Gobiernos que dan muy poca importancia a la defensa, que materializan con la aprobación de unos continuados paupérrimos presupuestos para dicha partida, poniendo al conjunto de las Fuerzas Armadas (FAS) en una situación de pérdida continua de capacidades.  Dicho declive afecta de modo inmediato a la disuasión y credibilidad de España en el terreno de relaciones exteriores, que, junto a la orientación de alejamiento de EEUU y acercamiento a regímenes como el de Venezuela, generan crisis como la contecida con Marruecos. 

Fragatas

Buen ejemplo de la desidia de los Gobiernos en materia de Defensa la encontramos en los hitos del programa para dotar a la Armada con las fragatas del tipo F-110, un proyecto que ya definió en 2010. Así, aunque el entonces Gobierno de centroderecha de Mariano Rajoy comenzó a fraguar con la adjudicación del diseño del mástil-superestructura a Navantia e Indra en su primer Consejo de Ministros, el del 23 de diciembre de 2011, durante los siguientes siete años que estuvo en el poder no lo puso en marcha definitivamente. 

Primero por la crisis y luego por la inacción general que llevo a colapsar su proyecto político en julio de 2018, la orden de ejecución de la fragatas F-110, se quedó en vía muerta, cerrándose dicha etapa con el único encargo en 2014 de 2 BAM, el Audaz (P-45) y el Furor (P-46), que se entregaron a la Armada en julio de 2018 y enero de 2019, respectivamente. El nuevo Gobierno socialista, con el empuje de la  ministra de Defensa Margarita Robles, sí logró por fin que el Consejo de Ministros aprobase la orden de ejecución de las 5 fragatas de dicho tipo en marzo de 2019 por un valor estimado de 4.317 millones de euros. 

Aunque en el momento de la firma se preveía que en 2019 estuviera listo el diseño preliminar PDR (Preliminary Design Review) y en 2020 se iniciase la construcción. Este calendario se revisó en junio de 2020. Así, no ha sido hasta el pasado mes de mayo, cuando Navantia, el Ministerio de Defensa y la Armada han completado la crucial fase de cerrar el PDR, centrado en importantes puntos como los del espacio multimisión, la ciberseguridad integral, el sistema de servicios integrados, el gemelo digital, etc.  

El inició de la construcción está ahora previsto para principios del verano del próximo año -lo que ya está afectando mucho a la carga de trabajo de la planta de la Ría de Ferrol (La Coruña)- cuando comenzarán a construirse estos 5 modernos navíos de escolta, lo que ha motivado movilizaciones de la plantillas. Los sindicatos, conscientes de este parón, y la sociedad civil local reclamaron en 2019 la puesta en marcha del nuevo BAC, posibilidad que cerró enseguida el Gobierno, alegando que no era una necesidad prioritaria para la Institución.

Submarinos

Asimismo, la Armada vivirá durante los próximos años un momento crucial con la incorporación del primer S-80 Plus; la finalización de la gran carena del veterano submarino Galerna, y la posible extensión de la vida operativa un año más de su hermano de clase, el Tramontana. Cuando el Capitán de Navío Aurelio Fernández Dapena asumió el mando de la Flotilla de Submarinos (FLOSUB), esta fuerza de la Armada tenía su único submarino operativo fuera del agua, en fase de realización de trabajos de mantenimiento en Navantia.

La FLOSUB lleva años sufriendo una progresiva, pero constante, disminución de sus unidades. A principios de este siglo la Flotilla contaba con 8 submarinos: 4 de la clase Delfín o serie S-60 y otros tantos de la Galerna o S-70. Aquella primera década se puso en marcha el proyecto de los nuevos S-80 liderado por Navantia, programa que ha sufrido los retrasos propios de la complejidad de diseñar y construir un sumergible de avanzada tecnología. El carácter estratégico que otorga este tipo de buques a las naciones que los poseen es fundamental, sobre todo por el efecto de disuasión que marcan sus capacidades de guerra naval, obtención de inteligencia, operaciones especiales, etc.

Pero la FLOSUB no es solo un elemento fundamental para la Armada, lo es para la defensa de España en su conjunto. Actualmente la Flotilla solo cuenta con un submarino, el Tramontana (S-74), el más moderno de la clase Galerna, mientras que el otro superviviente de la serie S-70, el cabeza de clase, el Galerna (S-71) se encuentra todavía en fase de gran carena. Estas labores de mantenimiento pesado, que realiza Navantia en sus instalaciones de Cartagena, se está alargando mucho (desde diciembre de 2017), dado a que se trata de la excepcional quinta vez. 

Se ha de tener en cuenta que los trabajos de esta gran carena extra están supervisados por técnicos de la empresa que lo diseñó y bajo cuya supervisión patente se construyeron los S-70 en Navantia en la primera mitad de la década de los años ochenta del siglo pasado, la francesa DCN, ahora Naval Group, que se constituye como autoridad técnica de diseño. La previsión es que en agosto o septiembre de este año el S-71 sea puesto a flote y, a reglón seguido, se inicien sus pruebas de mar, que se alargaran hasta finales de este mismo año o principios de 2022, y vuelva al servicio activo. 

Por delante tendrá cinco años más de vida operativa, por lo que será un seguro activo que convivirá con el primer S-80, el Isaac Peral (S-81), que se entregará a la Armada previsiblemente en el primer trimestre de 2023. Respecto al Tramontana, está programada su baja a mitades de 2022, aunque la Armada pretende encargar un estudio de viabilidad para alargar su vida operativa un año más, lo que conllevaría realizar tres periodos extras de inmovilización programada. Así, estaría en servicio hasta el verano del 2023, cuando ya esté entregado el S-81. Sin embargo, con buen criterio, la Armada prevé que para esas fechas este último navío no esté operativo, por lo que con los 2 S-70 al menos mantendría siempre disponible una unidad alistada. 

BAM-IS

El pasado día 17 de junio se firmaba, tras casi un año de retraso desde la aprobación del gasto por parte del Ministerio de Hacienda, la orden de ejecución por parte del Gobierno del Buque de Acción Marítima de Intervención Subacuática (BAM-IS). Se produjo tras semanas de continuas movilizaciones y protestas de los trabajadores de la factoría gaditana de Navantia de Puerto Real, que reclaman la puesta en marcha su construcción. Aparte de esas presiones para obtener carga de trabajo, estamos ante una pieza clave para apoyar las pruebas de mar de los S-80 Plus que Navantia construye en su planta de Cartagena (Murcia). 

La idea inicial era que el BAM-IS estuviera listo para esa fase del Isaac Peral (S-81) bautizado y puesto a flota el pasado mes de abril, que se iniciarán previsiblemente en el primer trimestre del próximo año y deberían de finalizar a principios de 2023, con la entrega del submarino a la Armada. Los retrasos de los sucesivos gobiernos en la puesta en marcha, en principio prevista en 2017, llevarán a que se tengan que contar con buques de salvamento foráneos para respaldarlas, porque como muy pronto este medio de salvamento de submarinos no estaría listo hasta 2024. 

Se debe recordar que el Ministerio de Hacienda aprobó a finales de julio de 2020 un gasto de 167 millones de euros para la construcción del BAM-IS  para el Ministerio de Defensa. Posteriormente, en noviembre de aquel fatídico año, el Consejo de Ministros autorizaba la modificación de los límites de gasto, con cargo los ejercicios presupuestarios 2021 a 2024, por un importe total de 183.012.000 euros. Basado en parte en la plataforma del BAM, este navío estará destinado a misiones de intervención subacuáticas y de salvamento y al apoyo al rescate de submarinos, una de las necesidades más acuciantes de la Armada, que necesita con urgencia sustituir a su más que veterano Buque de Salvamento y Rescate (BSR) Neptuno (A-20), que entró en servicio en marzo de 1975, y está basado en La Algameca (Murcia), a un paso del Arsenal de Cartagena. 

Además, este programa está incluido dentro del Plan Estratégico de Navantia y se considera clave para el astillero de Puerto Real en Cádiz. Según la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), de la que forma parte Navantia, el techo de gasto necesario estimado es de 200 millones de euros. De este importe, 167 millones corresponden a los trabajos de Navantia, otra partida de unos 20 millones a la compra de equipos de exploración submarina y el resto a propuestas de cambio y revisiones. (Julio Maíz)
 


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