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La defensa de punto de los buques de la Armada española, una asignatura pendiente

La capacidad de auto-defensa de un buque ha sido siempre una necesidad operativa que todas las marinas del mundo han establecido de modo que sus unidades puedan operar con seguridad en cualquier parte del globo incluso cuando se participa en misiones o se opera en escenarios de baja intensidad, especialmente cuando hablamos de unidades que no cuentan con una capacidad de defensa aérea, como pueden ser entre otros, los buques anfibios o logísticos.

Y quizás este ha sido uno de los grandes cambios de este comienzo de siglo. Los escenarios de baja intensidad tal y como los define el Concepto de Operaciones Navales, están evolucionando y la necesidad de proteger a las unidades cuando se encuentran operando cerca de costa ha aumentado en función de las posibles amenazas. En pocas palabras podríamos decir que los escenarios de baja intensidad ya se refieren a un nuevo escenario donde el límite de baja intensidad es notablemente superior a los requisitos históricos. No hablamos de una protección exclusivamente anti-misil, sino de una capacidad que garantice su supervivencia frente a las nuevas amenazas presentes y futuras como vehículos aéreos no tripulados (UAV) de muy baja firma radar o ataques llevados a cabo por embarcaciones tipo FIAC (Fast Inshore Attack Craft), tripuladas e incluso operadas de forma remota.

Se podría argumentar que son los buques escoltas sobre los que debe recaer la responsabilidad de proteger a las unidades valiosas y esto es en parte cierto, pero también es cierto que cada vez más vemos ejemplos en recientes conflictos donde un buque se vuelve especialmente vulnerable y va a necesitar tener la capacidad de defenderse por sí mismo.

Un caso particular es el de las fragatas F-80 clase Santa Maria, que deben de mantener su vida operativa hasta ser relevadas a medida que las F-110 entran en servicio y para ello, necesitarán al menos mantener una capacidad de defensa de punto adecuada a este nuevo entorno de amenazas.

Para resolver este problema de las F-80, sería conveniente considerar al menos cinco puntos. Primero de todo, que se trata de unidades con varias decenas de años de servicio, lo que nos lleva a plantear un sistema no intrusivo a bordo, es decir, que pueda ser integrado físicamente de forma sencilla. Segundo, la necesidad de satisfacer lo antes posible esta necesidad, hace que los riesgos tecnológicos deban de ser minimizados, proponiendo un sistema que esté actualmente desarrollado y a ser posible incluso instalado a bordo de otros buques. Tercero, que la solución sea integral, entendiendo por tal la necesidad de un sistema stand-alone, capaz de operar de forma autónoma a lo largo de todo el ciclo, desde la detección de la amenaza, su seguimiento y evaluación hasta su enfrentamiento posterior. Cuarto, que cumpla de la mejor manera posible el máximo de requisitos de la Armada, entendiendo que teniendo en consideración los puntos anteriores, posiblemente habrá que relajar alguno de ellos. Y quinto, que esté disponible en el menor tiempo y coste posible, facilitándole a la Armada su pronta instalación a bordo y su apoyo durante todo el ciclo de vida del sistema.

Como alternativa al empleo de misiles, se plantea  la posibilidad de apostar por un sistema  dotado únicamente de una artillería de mediano o pequeño calibre de alto ritmo de fuego, basándose esta decisión exclusivamente en el menor coste que supone este sistema. Sin embargo  relajar los requisitos de esta manera puede tener una repercusión operativa importante, además de estar dispuestos a asumir ese riego.

Considerando todo lo anterior, MBDA España ha propuesto al Ministerio de Defensa como solución para las fragatas F-80, el sistema de defensa SIMBAD-RC integrado con el sistema de detección y seguimiento infrarrojo (IRST por sus siglas en inglés) VAMPIR NG de la empresa SAFRAN. Esta solución ofrece, trabajando los dos sistemas de forma integrada, una capacidad de defensa de punto basado en el misil Mistral 3 de última generación, que estará próximamente en servicio en las Fuerzas Armadas españolas y que podría cumplir con un alto porcentaje de los requisitos de los sistemas de defensa de punto impuestos por la Armada.

El Sistema SIMBAD-RC está compuesto por dos lanzadores estabilizados, que son integrados a bordo del buque, buscando maximizar su cobertura. Cada uno de ellos, permite la operación y lanzamiento de dos misiles, siendo operados remotamente por un operador desde una sencilla y ligera consola con cuatro misiles listos para abrir fuego.

Una solución a largo plazo

Pero si miramos al futuro, España tiene la capacidad para desarrollar un sistema que cumpla al cien por cien los requisitos y con el apoyo de un socio tecnológico en el mundo de los misiles europeos como es MBDA, la Armada podría contar con un sistema de defensa de punto basado en misiles plenamente desarrollado en España.

Un sistema, que al igual que está ocurriendo en los demás desarrollos de sistemas de armas que deben de hacer frente a un amplio espectro de amenazas, especialmente en el dominio C-UAV, se podría diseñar con una arquitectura abierta que permita en un futuro su crecimiento y no solamente su evolución, sino la incorporación de nuevos sensores y efectores que hagan frente a las amenazas futuras, arquitectura similar a la propuesta SkyWarden de MBDA para hacer frente a estas amenazas en el entorno terrestre que se ha demostrado de vital importancia tras el conflicto en Nagorno-Karabaj

Este futuro sistema integral de defensa anti-misil debe de dar cabida a las nuevas tecnologías transversales que se integran en todos los grandes proyectos, como es el empleo de la Inteligencia Artificial para mejorar los tiempos de reacción de los sistemas, por nombrar uno de ellos, así como integrar todos los sensores y efectores del buque (incluso los señuelos activos y pasivos) para asegurar una respuesta completa y sincronizada a la amenaza.

Esta capacidad nacional podría plasmarse a través de la estructura empresarial que más convenga al proyecto, desde una UTE entre las principales empresas del proyecto, hasta un esquema más tradicional de contratista principal, pasando por un proyecto apoyado con fondos de la Unión Europea. Lo más importante es que permitiría alcanzar esa meta perseguida hace años de tener un sistema de misiles español, y por otra parte continuar la consolidación de inventarios (y el consiguiente ahorro de costes) mediante el uso del misil Mistral 3 para todas las necesidades, navales o de otro estamento, de defensa aérea de corto alcance.

La Dirección General de Armamento y Material (DGAM), consciente de este problema impulsó hace dos años un primer estudio de reducción de riesgos para un sistema de defensa de punto para los buques de la Armada, basado en el misil Mistral 3, llevando MBDA España a cabo el citado estudio.  Se trata de un primer e importante paso al que debería darse continuidad.

Solucionar la defensa de los buques es un problema que posiblemente requiere llevar a cabo dos caminos  propuestos, por un lado, tal y como hemos  explicado, presentar una solución a corto plazo y urgente para las fragatas F-80 y por otro, y mucho más ambicioso, comenzar con el diseño de lo que será el futuro Sistema Integral de Defensa Anti-Misil de la Armada que bien pudiera ser parte de la contribución española de sistemas de misiles a la futura Corbeta Europea. España tiene la capacidad y el potencial industrial para hacerlo, pero para ello es necesario conseguir el apoyo presupuestario correspondiente porque la protección de los hombres y mujeres de las Fuerzas Armadas será siempre la voluntad de todos.

Fotografía:  MBDA ha demostrado con éxito las capacidades anti-superficie del misil Mistral.

El sistema SIMBAD-RC está compuesto por 2 lanzadores estabilizados.

Lanzamiento de un Mistral desde un SIMBAD RC embarcado.


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