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El sumergible italiano “Jalea” en la guerra de España (1936-1937)

Uno de los episodios menos conocidos de la Guerra Civil española de 1936-39 fue la participación de submarinos de la Marina italiana en las operaciones contra el tráfico mercante y los buques de guerra republicanos. De ahí la importancia de este trabajo aparecido en la “Rivista Marittima”, de Roma, y que por amable concesión de su director, el contralmirante Roberto Cesaretti, reproducimos para nuestros lectores. Dice así:

Ya fue sacado a la luz por los historiadores navales que la actividad de los sumergibles italianos, durante la Guerra Civil de España, tuvo dos momentos de particular intensidad, respectivamente en el invierno de 1936-37 y en el verano de 1937. La suspensión de la actividad operativa submarina por parte de la Regia Marina, en la primavera de 1937, fue decidida tras crearse un dispositivo de control marítimo internacional en el Mediterráneo, que sin embargo se reveló, al poco tiempo, incapaz de alcanzar resultados concretos. Fracasado el control internacional, las misiones de los sumergibles italianos se reanudaron, pues, en la segunda mitad del año.
El sumergible Jalea —botado en 1932, con un desplazamiento de 650 ton. y una dotación de 40 hombres—, fue empleado en ambas fases, primero en la zona de Barcelona, y después en la de Cartagena, siempre al mando del entonces capitán de corbeta Silvio Garino.

foto: El cazatorpedero británico “Basilisk” estuvo a punto de echar a pique al “Iride”

Analizando los sucesos de España tras tantos años, es natural pensar en cuantas indicaciones y experiencias pudieron haberse extraído de ellos en los aspectos del empleo táctico de las naves, de la eficiencia técnica de los materiales y del adiestramiento de las dotaciones. No lo haremos, sobre todo porque otros autores ya se encargaron de ello con clara competencia y a través de profundas investigaciones (1). En estas páginas, trataremos de reconstruir tan sólo, con un cierto detalle, las operaciones españolas del Jalea alumbrando algunos episodios particulares y contando pequeñas cosas que sucedieron: es sólo un pedazo de vida vivida, cuya lectura pensamos que vale la pena ofrecer a los apasionados de la Historia Naval o, simplemente, a los apasionados de la Marina.

(1) Por citar sólo tres de entre las múltiples publicaciones históricas sobre el tema, señalamos las siguientes: “Sommergibili italiani. Cento anni di vita trastoria e leggenda”, de A. Flamigni; A. Turrini y T. Marcon, suplemento de la “Rivista Marittima”, nº 5, mayo 1990. “Uomini sul fondo”, de G. Giorgerini, colección “Le Scie”, Arnoldo Mondatori Editore, 1994. “La Marina italiana en la Guerra de España”, de J. L. Alcofar Nassaes, colección Historia y Tiempo, Editorial Euros, Madrid, 1975.

Las noticias aportadas provienen sea de los informes de misión del Jalea conservados en el Ufficio Storico della Marina Militare, sea de documentos personales del comandante —fallecido hace tiempo— sólo recientemente encontrados por los familiares, sea, por último, del neto recuerdo de relatos de su viva voz en épocas ya lejanas.

PRIMERA MISION: 20 DE DICIEMBRE DE 1936 - 2 DE ENERO DE 1937

Esta misión fue precedida por una salida de adiestramiento en aguas de La Maddalena hacia finales de noviembre, durante la cual, como se lee en el informe enviado al Comando Sommergibili, se produjo una avería consistente en el bloqueo de un timón de profundidad.

foto: El comandante y la tripulación del “Jalea”.

La avería fue reparada con los medios de a bordo, gracias también a la directa intervención, en calidad de buzo, del jefe del servicio GN (2) de la unidad, recién embarcado. El hecho, por sí mismo, no merecería ser mencionado, sino fuese por el nombre del citado jefe de servicio: el teniente GN Teseo Tesei (3). Pero volveremos más adelante a citarlo.
El Jaleo partió, pues, de La Spezia en la proximidad de la Navidad de 1936. A bordo iba el teniente de navío de la Armada Española Gonzalo Díaz (4), que debería haber figurado como comandante en el improbable caso de un encuentro con unidades navales de otras naciones, presentes en esa época en la mar. Además, considerada la duración prevista de la misión, había sido embarcado un tercer oficial de Estado Mayor, concretamente el subteniente de navío (alférez de navío) Francesco Costa. El nombre del sumergible había sido borrado de la proa y la estrella de Italia tampoco aparecía en la parte frontal de la torreta, de la cual se eliminó igualmente el indicativo JA, pintado en rojo sobre los dos lados. La obra muerta iba pintada en negro. El teniente de navío Díaz participó también en el turno de guardia, acompañad o siempre por el jefe de máquinas, demostrándose muy agradecido y orgulloso por la confianza en él depositada por el comandante, y supo ser —además de una válida ayuda en el servicio— un excelente colega a bordo.

(2) Genio Navale o Cuerpo de Ingenieros Navales. Este servicio se encarga del control y mantenimiento de la maquinaria, de la electricidad y del casco.
(3) Teseo Tesei, oficial del cuerpo de Máquinas,
fue uno de los héroes italianos de la SGM. A él se deben los “Siluri a lenta corsa” (SLC) o “Maiali”, que tan activo papel desempeñaron en la lucha contra los buques aliados en aguas del Mediterráneo. Ver “1940/45. Los medios de asalto italianos en la Segunda Guerra Mundial”, en
DEFENSA núm. 211.
(4) Se refiere al teniente de navío Gonzalo Díaz García.

Las instrucciones del Comando mentados se proyecta el claro recuerdo personal del autor el cual, unos quince años después del suceso, cuando era alumno en la Accademia Navale, escuchó de labios de su padre —el comandante Garino— una interesante particularidad que, por evidentes motivos, no podía ser mencionada en el informe de misión del ,Jalea. Como es fácil imaginar, a bordo del sumergible apenas posado sobre el fondo tras el impacto, que dejó inservible el periscopio de exploración, se vivieron momentos de preocupación y, desde luego, de incertidumbre total sobre el incidente. Había, por otra parte, que esperar a la noche para emerger y constatar el efectivo alcance del daño sufrido tras el choque, sobre cuyas causas y entidad existían serias dudas. Fue en ese momento cuando el jefe de máquinas, el ya citado teniente (GN) Teseo Tesei, solicitó permiso al comandante para abandonar la nave a través de la escotilla de popa, disponiendo de su personal aparato de respiración, que le habría consentido hacer un trabajo de buzo, inspeccionar el estado del casco por fuera y después volver a bordo por la misma vía.

foto: El “Vasco”, rebautizado “Garbi”, fue torpedeado por el submarino “Enrico Toti” el 9 de agosto de 1938, en Valencia, sin que llegase a alcanzarle.

El permiso —naturalmente— no le fue concedido, al considerar el comandante que no debía arriesgar la vida de su jefe de máquinas en una operación que, en aquella época, tenía algo de increíble y de ciencia ficción. Pero el episodio demuestra, si hiciese falta, el temple de Teseo Tesei y cuál era el espíritu que lo animaba.
El Jalea emergió ya bien entrada la noche y, constatados los daños del periscopio, emprendió en el acto el regreso a La Spezia: no estaba en condiciones, desde luego, de proseguir su misión porque se había convertido, en las delicadas fases de inmersión/emersión, en un buque absolutamente ciego. El periscopio de exploración aparecía completamente doblado hacia atrás por el choque, mientras que el de ataque se encontraba ya desde antes fuera de uso por empañamiento de las lentes y defectos de luminosidad en todos los aumentos. Creemos que puede decirse, después de tantos años, que fue un verdadero milagro que el Jalea no naufragase por colisión con buques de superficie: pero, como resulta sabido, la historia de la Marina está llena de episodios en los que la casuística, a veces favorable y a veces adversa, fue determinante, más allá de la voluntad, de la capacidad y del empeño de los hombres.

foto: Invierno de 1936-37. Sobre la cubierta del “Jalea” vemos, de izquierda a derecha, al guardamarina Bossio, al teniente Tesei, al capitán de corbeta Garino y al teniente de navío Riccardi. Bossio y Riccardi cayeron, a bordo de submarinos, en la SGM.

SEGUNDA MISION: 6-21 DE AGOSTO DE 1937

Con el mismo comandante y un Estado Mayor completamente renovado, el Jalea efectuó una segunda misión en las costas mediterráneas españolas, esta vez con la zona de emboscada en torno al puerto de Cartagena. Desembarcados el ya capitán Teseo Tesei, el segundo oficial, teniente de navío Riccardi, y el oficial de derrota, guardiamarina Bossio, se encontraban a bordo los respectivos sustitutos (7). El teniente de navío Walter Auconi, era el nuevo segundo oficial.

(7) El teniente de navío Luigi Riccardi desapareció heróicamente en el Mediterráneo en septiembre de 1941 al mando del sumergible “Adua”, como consecuencia de una acción antisubmarina adversaria. El guardiamarina Bossio, ya teniente de navío y segundo oficial, desapareció, en ese mismo mes de septiembre de 1941, en el hundimiento del sumergible “Fisalia”.

El hecho operativo más sobresaliente de esta misión fue el torpedeamiento del destructor Churruca en el golfo de Cartagena, el 12 de agosto de 1937. Alcanzada la zona de emboscada en las cercanías de cabo Tenés, el 9 de agosto, durante varios días el Jalea llevó a cabo el zigzageo previsto a velocidad reducida, saliendo a la superficie tan sólo de noche. En pleno verano, el arco nocturno era mucho más breve que durante la precedente misión invernal, y las molestias de las largas inmersiones resultaron bastante más fatigantes para la dotación. El Jalea releyó en la zona de operaciones al sumergible Glauco (capitán de corbeta Francesco Baslini) que, habiendo sufrido graves problemas por intoxicación de los tripulantes tras formarse gas de cloruro de metileno a consecuencia de la inundación accidental de los locales donde estaban los acumuladores eléctricos, debió volver anticipadamente a la base (8).

(8) El autor dice, a este propósito: “Premonición de la tragedia del Mar Rojo en 1940”. Se refiere a la pérdida de submarinos (en especial una sensibilísima en aquel mar puesto que puso en manos de los ingleses valiosos documentos secretos), causadas por la intoxicación de las tripulaciones. Ver: “Los submarinos italianos en la Segunda Guerra Mundial”, en DEFENSA núm. 123.

Pese a todo, en los primeros días de la misión hubo diversos avistamientos de buques mercantes, sin poder nunca alcanzar una posición favorable para el lanzamiento. Finalmente, a las 09:24 del 12 de agosto, aparecieron fuera del puerto dos destructores tipo Churruca, y el Jalea se dispuso decididamente a atacar lanzando, desde unos 500 metros, un par de torpedos: un 450 y un 533. Mientras que el más grande fue a perderse de nuevo, el 450 lo centró sobre el costado de babor a la altura de la chimenea de proa. Se trataba precisamente del Churruca, que fue asistido y remolcado a puerto por su pareja (9). La unidad quedaría inmovilizada durante todo el resto del conflicto, volviendo a ser operativa sólo años después del torpedeamiento, con la guerra acabada (10). Por este éxito, le fue concedida al comandante Garino la Medalla de Plata al Valor Militar, así como por parte de las autoridades españolas, la Medalla Militar al Mérito en Campaña.

(9) El impacto, producido a las 9: 25 provocó una brecha en la amura de babor de 7x2 metros, quedando fuera de uso tres calderas. Como escribe Ricardo Cerezo en su “Armada Española siglo XX” (tomo cuarto): “El torpedeamiento del ‘Churruca’ frente a Cartagena, cuando acompañaba al ‘Almirante Antequera’, mientras éste realizaba la monótona tarea de compensar agujas, significa un sensible revés —sobre todo moral— para la Flota frentepopulista, si bien la baja del destructor es neutralizada con la incorporación del buque del mismo tipo, ‘Jorge Juan’, a finales de agosto, recién acabada su construcción”.

(10) Los males del “Churruca” se agravaron cuando encontrándose en Cartagena, en reparación, fue alcanzado por las bombas de los “Savoia 81”, de la Aviación Legionaria, que operaban desde Mallorca, sufriendo serios destrozos y pereciendo su comandante, José Benavente. Como informó el comisario general de la Flota republicana, Bruno Alonso, “murieron también bastantes marineros”.

foto: Un grupo de curiosos contempla el torpedo del “Jalea” que fue a parar a la playa de Prat de Llobregat.

ACTIVIDAD OPERATIVA Y VIDA A BORDO DE LOS SUMERGIBLES

Releyendo los informes de misión del Jalea, se confirman muchas de las hipótesis avanzadas por los estudiosos en la materia, para explicar la carencia de resultados bélicos positivos. Hubo una general prudencia en el ataque a los blancos, tal vez con motivo de las severas recomendaciones de no dejarse identificar por nadie en la mar. Es verdad cuanto afirma Giorgio Giorgerini en su libro “Uomini sul fondo”: estábamos aún, en aquellos años, en el concepto del sumergible = boya invisible. Por otra parte, se recoge, en los informes, un sentimiento de insatisfacción por la escasa fiabilidad y el defectuoso funcionamiento de los torpedos. El inconveniente de la inundación del compartimento de guía de los torpedos de 450 mm. fue repetitivo y amenazante como una maldición, pero el jefe torpedista se las arreglaba siempre con ingenio y pese a los limitados medios de a bordo.

foto: Otro de los veteranos de las aguas españolas en guerra: el “Archimede”

Los números de serie de los torpedos pequeños (450 mm.) eran de tres cifras: el que le dio al Churruca llevaba el nº 380 y, probablemente, se trataba de un arma construida durante la guerra de 1915-1918 (11), es decir, veinte años antes. Extrañamente, los más modernos de 533 mm. erraron siempre el objetivo, tal vez por valores de angulación no aplicados correctamente sobre el arma.

(11) La Primera Guerra Mundial empezó para los italianos en 1915, y no en 1914, de la misma manera que entraron en el siguiente conflicto mundial en 1940 y no como la mayor parte de los contendientes europeos, en 1939.

Según el comandante Garino, el torpedo que enca1ló sin explotar en la playa de Prat de Llobregat el día de Navidad de 1936, lo hizo recorriendo una trayectoria real desviada 30° respecto a la introducida como regulación en el lanzamiento.
Había, además, límites y carencias en los instrumentos y en los materiales asignados, desde la lamentada escasez de prismáticos (tres en total a bordo), a la insuficiente dotación de cartas náuticas (si llueve en cubierta no hay una carta seca de respeto que poder usar en la cámara de mando). Por no hablar ya de la dificultad de gobierno en superficie debido a la falta de telégrafos de máquinas y de timonería en el puente exterior. Estos inconvenientes se manifestaban particularmente en la fase de ataque a ras de agua durante los crepúsculos, con inmersión inmediata tras el lanzamiento. En los informes, también el problema de los enlaces RT (radiotelegrafía) fue repetidamente evocado: pero, más aún, es la escasez de noticias operativas lo que preocupa. Se siente tanto la falta de una frecuencia de radiodifusión de la que extraer informaciones de todo tipo, que el comandante señala como muy útil la escucha de las emisiones de la red local (Radio Barcelona), efectuada con un receptor de tipo comercial tomado en préstamo del sumergible “Rubino” antes de partir para la misión.

foto: 10 de junio de 1939. El Rey Victorio Manuel III  entrega la Medalla de Plata al Valor Militar al comandante del “Jalea”, capitán de corbeta Garino.

Por último, en el microcosmos del pequeño sumergible de 650 ton., hubo una infinita serie de averías menores, obviadas muy a menudo con la ingeniosa iniciativa y con la tenaz laboriosidad de los suboficiales, verdaderas columnas de a bordo (los personajes clave eran siempre el contable de máquinas (12) y el jefe torpedista). Más allá de esto, tal vez valga la pena recordar que la totalidad de la segunda misión del Jalea se desarrolló con una avería en el bloque del motor diesel de babor, utilizado siempre por debajo de su potencia normal, y que al menos dos días llegó a faltar el motor de estribor, por problemas en la junta Pomini del reductor, más tarde solucionados.

(12) El “contable de máquinas” era el suboficial a cargo del combustible, aceite y otros capítulos de los que respondía ante el tribunal de cuentas.

Las prolongadas inmersiones, de cerca de 12-16 horas continuadas, creaban problemas de habitabilidad a bordo: se relacionan, en el informe del comandante, algunas pese a todo contenidas observaciones a este propósito, indicadas de pasada, procurando que no se transparentasen como lamentaciones. Efectivamente, la humedad y el calor sofocante se hacían notar de forma sobresaliente ya tras seis horas de inmersión, y las cápsulas Brodocchi de regeneración se revelaron muy útiles para contener el malestar. A veinte metros de profundidad los servicios higiénicos no estaban en condiciones de evacuar: fuerte problema para 40 personas hacinadas durante 12-16 horas.
Sobre otro frente distinto, el experimento de los víveres de guerra fue bastante positivo, pero se señalaron también alimentos deteriorados, como el queso y la mantequilla en lata, rancios, o el dentón (13) en conserva, de sabor desagradable, e incluso la carne en lata de calidad degradada, pese a estar etiquetada en 1935. Los sumergibles iban desprovistos de frigorífico. En lugar del vino se pasaba una ración de Marsala, que los tripulantes mezclaban con agua aunque, frecuentemente, provocaba ardores de estómago. Fueron muy apreciados los llamados víveres de integración (chocolate, bizcochos, etc.), pero la pasta —soñada por la mayoría de la dotación, compuesta por muchachos de veinte años— sólo pudo ser confeccionada el día de Navidad, porque su cocimiento en inmersión generaba una insoportable humedad y los hornillos de la cocina eléctrica consumían demasiada energía.

(13) El dentón es un pescado muy extendido en las aguas mediterráneas.

Pese a todo, la salud general de la dotación fue en todo momento óptima, y lo mismo puede decirse de la moral y el entusiasmo de la gente. Como siempre, las cualidades de adaptación, de aguante y de ingenio para afrontar las dificultades típicas de los italianos, tuvieron un peso benéfico considerable en el éxito de las misiones.

foto: El príncipe Junio Valerio Borghese, en  tiempos de la SGM. Luce la Cruz de Hierro de 1ª clase y la cinta de esta última condecoración, en 2ª  clase, más las preciadísimas Medalla de Oro al Valor Militar y Orden Militar de Savoya, italianas.

 CONCLUSIONES

Como se señaló al principio, estas breves notas se proponen, con toda sencillez, describir algunos aspectos genuinamente humanos de la vida en los sumergibles de un ya lejano periodo histórico. Me ha parecido poder reconstruir así, por un momento, la atmósfera a bordo, y también para rendir testimonio de las dotes de carácter y de las cualidades de los hombres de los buques italianos en 1936-37. Para aquella generación de comandantes, de oficiales y de tripulantes las misiones en España fueron el bautismo de fuego que, en cierta medida, les preparó para las duras empresas del segundo conflicto mundial, en el que muchos de ellos cayeron, escribiendo páginas de altísimo heroísmo sobre todos los mares del mundo (14). Me parece pues, que puede afirmarse que también los hombres de los sumergibles italianos de 1936-37 enviados a la Guerra de España contribuyeron, por su parte, a ampliar y consolidar aquel gran patrimonio de valores morales, militares, profesionales y marineros que constituyeron en el pasado, y todavía constituyen, la referencia ética fundamental de la Marina Militare italiana.

(14) Remitimos al lector, una vez más, al excelente trabajo publicado por el profesor Carlos Caballero en nuestro número 123, ya mencionado.

Pensamos, sinceramente, que no incurrimos en una fácil y cumplida retórica diciéndoles un pensamiento de profundo respeto y de admiración por cuanto supieron hacer en aquellas circunstancias.

NOTA BIOGRAFICA DEL ALMIRANTE DE ESCUADRA SILVIO GARINO

Nacido en 1901 y egresado como guardiamarina en 1921, tras pasar cinco años en la Academia Naval de Livorno, entre 1935 y 1938 fue, ya capitán de corbeta, comandante de los sumergibles “Rubino”, “Jalea” y “Glauco”. Ascendido a capitán de fragata sería el primer segundo comandante que tuvo el acorazado “Littorio” desde la fase final de alistamiento en los astilleros Ansaldo de Génova, en 1939, hasta los primeros días de 1941.

foto: 1940. El entonces capitán de fragata Silvio Garino, cuando era segundo comandante del acorazado “Littorio”.

En ese mando desempeñó un papel importante en el mantenimiento de la nave a flote después de que recibiese tres torpedos lanzados por aviones “Sworfish”, provenientes del portaaviones británico “Illustrious”, en Tarento, en la noche del 11 de noviembre de 1940. Comandante de los cazatorpederos “Camicia Nera” y “Mitragliere”, en los años 1941 y 1942, participó en numerosas misiones de escolta de convoyes entre Italia y Libia, y así como en la escolta de buques de guerra durante los choques navales italo-británicos de aquel periodo. En el curso de la guerra de 1940-45 fue distinguido con cinco recompensas al Valor Militar. En 1948-49, luciendo los entorchados de capitán de navío, se hizo cargo del crucero “Duca degli Abruzzi”. Agregado naval, militar y aeronáutico cerca de la Embajada de Italia en Madrid, de 1950 a 1954, ascendió a contralmirante en 1955 desempeñando entonces la jefatura de la base naval de Tarento y de la Región Marítima de Cerdeña, y a almirante de División en 1959, momento en el que le correspondió asumir el mando de las “Force Navali del Dragaggio”. Concluido su servicio en 1961, por razones de edad, fue promovido al grado de almirante de Escuadra en la Reserva. Falleció en Roma el 15 de agosto de 1982.

foto: El “General Sanjurjo”, antiguo “Archimede” italiano. Era gemelo del “General Mola”, del “General Sanjurjo II”y del “General Mola II”

Nota: El traductor agradece al capitán de navío Cesare Braccio, agregado naval a la Embajada de Italia en Madrid, su colaboración para comprender algunas de las peculiaridades del Arma Submarina italiana de la época. También al tratadista naval Juan Luis Coello Lillo por su traslación, a una ajustada terminología española, de las expresiones técnicas italianas, así como por sus enriquecedoras notas y aportes documentales.

Revista Defensa nº 216, abril 1996, Giorgio Garino


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