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Patrulleros de la Armada española

En la Marina española, la posesión de las que hoy han venido en denominarse “unidades ligeras de combate”, data de los tiempos de la guerra civil. En efecto, a principios del año 1937 la flota nacional incorporó las dos primeras lanchas torpederas de procedencia alemana que aquí recibieron los nombres de “Requeté” y “Falange”. Poco después, a esta pareja inicial se agregó el trío de las “Toledo”, “Oviedo” y “Badajoz” de la misma procedencia. Se trataba de las “Schnellboote” números 1 al 5 construidas por “Lürssen”, en Vegesack (Bremen), en 1930-1932.

Embarcaciones de unas 50 toneladas de desplazamiento, casco de madera, armadas con dos tubos lanza-torpedos de 533 mm. y un par de ametralladoras de 20 y 8 mm., respectivamente. Con motores Daimler Benz de 3.300 HP. de potencia global daban una velocidad máxima de 36 nudos y tenían una autonomía de 580 millas a 22 nudos. Estaban tripuladas por 18 hombres. La “Falange” se perdió por incendio en el puerto de Málaga el 18 de junio de 1937. Y resultaba curiosa la coincidencia: apenas habían prendido las llamas en la pequeña torpedera, cuando en el puerto de Cartagena todavía se luchaba contra el fuego que destruyó —tras una explosión interna—, el acorazado republicano “Jaime I”. En 1939 las cuatro torpederas supervivientes pasaron a ser las “LT” números 11, 12, 14 y 15.
Italia aportó a la Marina nacional otras cuatro lanchas torpederas más pequeñas que las alemanas. La primera pareja fueron las ex-”MAS” números 435 y 436 que aquí recibieron los nombres de “Cándido Pérez” y “Javier Quiroga”. Una colisión entre ambas acaecida en aguas del Estrecho el 7 de mayo de 1937 determinó la pérdida de la “Quiroga”. Eran naves de poco más de 14 toneladas equipadas con motores Issota Fraschini con 1.500 HP. de potencia y armadas con dos torpedos de 450 milímetros y una ametralladora de 7 mm. La velocidad era de 40 nudos y fueron construidas por S. V. A. N., de Venecia, en 1932. La “C. Pérez” adoptó el numeral “LT-19” en 1939 y terminó desguazada en 1943.
Las otras dos lanchas de origen italiano eran más antiguas, pues databan del año 1918. Fueron las ex-“MAS” números 100 y 223 que en abril de 1937 pasaron a denominarse “Nápoles” y “Sicilia”, respectivamente. Pequeñas naves de menos de 12 toneladas, con 500 HP. de potencia motriz y una velocidad máxima de 26 nudos, podían embarcar dos torpedos de 450 mm. que en realidad no llevaron nunca. Después de la guerra pasaron a ser las “LT-l7” y “LT18” y terminaron sus días desguazadas en 1941.

La ayuda naval soviética a la Marina de la República se limitó a cuatro lanchas torpederas que llegaron a Cartagena a bordo del trasatlántico “Cabo Santo Tomé”, en mayo de 1937. Eran del tipo “G-5” y recibieron los numerales “DAR-1” a “DAR-4”. Desplazaban 16 toneladas y montaban dos torpedos que se deslizaban por sendas rampas por la popa en el sentido de la marcha. Daban más de 45 nudos de velocidad.
Una de ellas, la “DAR-4”, fue destruida por un avión nacional cerca de Barcelona en julio de 1937; otra fue dañada en otro ataque aéreo, y en 1939 se recuperaron las “1” y “2” que en las listas navales de la postguerra figuraron como “LT-15” y “LT-16”, aunque pronto fueron dadas de baja.
En el año 1943, en plena II G. M., la Marina española adquirió una flotilla completa de seis unidades del último modelo de la “Kriegsmarine”: las “S-73”, “S-78”, “S-124”, “S1 25”, “S-126” y “S-145”, que en nuestra Armada pasaron a ser: “LT-21” a “LT-26”, respectivamente.

 Estas unidades desplazaban 105 toneladas a plena carga y estaban dotadas de tres motores Daimler-Benz de 2.000 HP. cada uno de los cuales actuaban sobre tres ejes e imprimían una velocidad de 38 nudos. El armamento consistía en dos tubos lanzatorpedos de 533 mm. con dos torpedos de reserva y dos ametralladoras de 20 mm., una a proa y otra a popa. Formaban la dotación 21 hombres.

LA SERIE ESPAÑOLA

En los años cincuenta, la Marina decidió por cuenta propia ampliar la serie de las “LT” y a tal efecto encargó a la E. N. “Bazán”, de San Fernando, la construcción de un lote de ocho botes siguiendo las características básicas del modelo alemán.
No resultó fácil la construcción de tales naves en aquellos tiempos en que España estaba aislada, en todos los órdenes, del resto del mundo. A la larga, la serie quedó reducida a seis unidades cuyas siglas corrieron desde la “LT-27” a la “LT-32”. Las ex-alemanas de 1943 causaron baja entre 1955-57.
Unidades de madera contraplaqueada y 116 toneladas de desplazamiento fueron saliendo con pasmosa lentitud de la factoría gaditana de la “Bazán”. Con 7.500 HP. de potencia de motores podían alcanzar los 40 nudos con mar en calma y armaban los clásicos dos tubos de 533 mm. y las dos máquinas de 20 mm. Las dos últimas del grupo programado, “LT-33” y “LT-34”, no pasaron del papel aunque en algún anuario de la época se decía que iban a ser dotadas de turbinas a gas…

foto:  El “Quiroga” en sus pruebas de mar.

Las “27”, “28” y “29” se dieron de baja en 1963 y habían entrado en servicio diez años antes. Las “30”, “31” y “32” entraron en servicio en 1956 y en julio de 1977 causaron baja las dos primeras; la “32” fue borrada de la lista oficial en 1974 para convertirla en buque-blanco de los helicópteros del Arma Aérea de la Armada.
Dentro de sus posibilidades, las lanchas torpederas de producción nacional rindieron inestimables servicios a la Marina, lo cual no deja de ser muy importante. Pero más importante fue, a nuestro modo de ver, la experiencia que su difícil proceso de construcción aportó a la factoría de San Fernando en años muy duros en todos los sentidos, cuando la industria naval española todavía no había salido de sus esquemas de los años treinta.

TORPEDERAS PARA CHILE Y EL NUEVO TALLER DE LANCHAS

El director de la citada factoría de la E. N. “Bazán”, don Antonio Villanueva, en una muy interesante conferencia pronunciada en 1976 y cuyo texto apareció luego en la revista “Ingeniería Naval” decía: “Los proyectos de este tipo de buques evolucionaron hacia tamaños mayores, con cascos de acero de finos espesores y superestructuras de aluminio, construyéndose en San Fernando, de este modo, una flotilla de cuatro unidades de 136 toneladas para la Armada de Chile, la cual se terminó de entregar en el año 1966 y está dando, todavía, espléndidos resultados en las aguas del Sur de aquel país, pese a su limitado tamaño y a la dureza de aquellos mares”.
Digamos por nuestra cuenta, que las cuatro lanchas chilenas, cuyos nombres son: “Fresia”, “Guacolda”, “Quidora” y “Tegualda”, desplazan a plena carga 180 toneladas y son, en líneas generales, una reproducción del tipo alemán “Jaguar” de los primeros tiempos de la “Bundesmarine”, elaborado, como es natural, por la acreditada firma Lürssen, de Vegesack. Miden 36 metros de eslora por 5,60 de manga y 2,20 de calado. La potencia de motor es del orden de los 4.800 HP. y la velocidad máxima está en la órbita de los 32 nudos. El armamento consta de: cuatro tubos lanzatorpedos de 533 mm. y dos cañones de 40/70 mm.
Volvamos al relato de Villanueva Núñez: “Los cascos de las lanchas torpederas para Chile fueron construidos por el sistema de montaje en piezas sueltas, siguiendo luego unas secuencias de soldadura muy complicadas, que, si bien aseguraban el conseguir unas formas perfectas de su carena, reducían enormemente la posible productividad de la mano de obra...”
Es decir, que en plena década de los sesenta, en materia de embarcaciones ligeras de combate, nuestra industria seguía, prácticamente, en mantillas. Porque a la industria naval, como a cualquier otra, debe buscársele la obtención de unos productos manufacturados —buques—, pero con un mínimo de margen de beneficio para el capital invertido. Y en aquellos tiempos, como puede apreciarse, la factoría “Bazán” gaditana trabajaba perdiendo dinero.., pero ganando experiencia.
Y la experiencia acumulada sirvió en gran manera cuando, en 1973, la empresa estatal recibió el encargo de construir dos series de patrulleros para la Armada. En efecto, antes de iniciar la construcción de los mismos la E. N. “Bazán” preparó adecuadamente su factoría de San Fernando. En primer lugar, edificó, en un tiempo récord, una amplia y moderna nave que se conoce como “Taller de Lanchas Rápidas”, dotada de todos los medios necesarios para la elaboración de cascos de acero por el sistema de prefabricación. En dicho taller, pueden construirse íntegramente los patrulleros ligeros de la clase “Barceló” o similares, hasta un desplazamiento máximo de 250 toneladas. Del taller, son sacados por medio de unos carros sobre raíles y luego, una cabria o grúa flotante, se encarga de depositarlos en el agua.
Simultáneamente a la construcción del repetido “Taller de Lanchas Rápidas”, se construyeron en la grada número 3 de la mentada factoría, unos cobertizos desplazables telescópicos, cuyo objetivo era el realizar bajo los mismos el montaje de unidades mayores —los tipo “Alsedo”—. cuyos bloques salían preparados del Taller de Lanchas. Según el ingeniero Villanueva Núñez, el objetivo de tales cobertizos telescópicos es proteger de los efectos perjudiciales del sol, a los cascos en montaje, y de manera especial a sus partes más sensibles durante la fase de alineación de ejes.
Tenemos, pues, que el sistema artesanal bajo el cual se construyeron las seis “LT” de los años cincuenta y las cuatro torpederas chilenas en los sesenta, pertenece ya a la historia.

LA NUEVA “JEUNE ECOLE”

Desde que en 1967 una lancha egipcia de procedencia soviética (tipo “Komar”) hundió al destructor israelita “Eliath” con el disparo afortunado de un misil SS-N-2 “Styx”. puede decirse que la añeja teoría de la “poussiére maritime” del almirante francés Aube ha vuelto por sus fueros. Es evidente, que hoy la técnica naval ha evolucionado mucho y la actualizada teoría de Aube ya no puede tener el alcance que él preconizó hace casi un siglo; pero es cierto que el pequeño navío polivalente ha llegado a ocupar, de unos años a esta parte, un papel preponderante en la composición de las flotas modernas siguiendo la pauta marcada, nada menos, que por la segunda potencia naval del mundo: la URSS.
En todas las flotas militares, incluida la norteamericana, las unidades de pequeño tonelaje, alta velocidad y armamento artillero y/o misilístico, ocupan lugares preferentes en los anuarios navales. Ello evidencia, pues, que en todos los estados mayores existen capítulos tácticos dedicados a la “guerra de microbios” que tanto entusiasmó al almirante Aube en 1881.

foto: El “Lazaga” al poco de su entrada en servicio. Obsérvese que este buque y los primeros que le siguieron, fueron dotados provisionalmente de un cañón de 76/50 mm. Tipo americano. El OTO-Melara fue montado inicialmente a partir del tercer buque de la serie.

Históricamente, en el ámbito naval y hasta el suceso de “Eliaht”, la lucha —a la larga— la ha ganado siempre Goliat. Significa, pues, que el futuro es incierto. Ahora bien, sí resulta evidente que, siquiera en el plano especulativo, el pequeño David goza —siempre ha sido así— de las simpatías de las gentes, y por otra parte, sus medios y “astucia” no deben ser menospreciados; motivo por el cual su actual encarnación en la multitud de tipos que figuran en las panoplias navales de nuestros días tienen su razón de ser.
¿Volverá a fracasar la lancha o el pequeño lanzamisiles el día que tenga que actuar “de verdad”?... Es posible. Pero ante la duda —pensamos que los sofisticados ingenios dirigidos de hoy no son los defectuosos torpedos de finales del XIX—, es mejor proveerse de tales unidades, pues a fin de cuentas se trata de buques rápidos y relativamente económicos y pueden, evidentemente, cumplir, además, otras muchas misiones.

LOS PATRULLEROS ESPAÑOLES

En la segunda fase del Programa Naval correspondiente al período de 1972-1979 y al Plan FUVIMAR incluido en el III Plan de Desarrollo, se pensó en la construcción de: 6 lanchas portamisiles, 13 patrulleros pesados y 10 patrulleros ligeros. Andando el tiempo y por razones de índole económica, el plan ha venido a quedar reducido a: seis patrulleros pesados y seis ligeros, los primeros con capacidad misilística, construidos con créditos de la Subsecretaría de la Marina Mercante aunque armados, dotados y mantenidos por la Armada.
Cuando la E. N. “Bazán” recibió, en 1973, la orden de construir las dos series de patrulleros, la Armada le fijó, al mismo tiempo, un objetivo muy concreto: alcanzar el máximo grado de nacionalización del programa. La “Bazán” acudió de nuevo a la veterana “Lürssen”, de Vegesack, que le proporcionó los planos y proyectos de los modelos a la par que, en la propia factoría germana se construían los prototipos de las dos series en lo que respecta a casco y equipo propulsor: el “Barceló” del grupo de los pequeños, y el “Lazaga” del lote de los grandes. El armamento de tales unidades se ha efectuado en España.
Por O. M. número 564 del 26 de julio de 1974, se designaron los nombres que iban a recibir los nuevos buques y que fueron, para los mayores —en principio se les catálogo como “pesados” pero resulta evidente que tal calificativo es inapropiado para un barco de apenas 400 toneladas—: “Lazaga”, “Alsedo”, “Cadarso”, “Villaamil”, “Bonífaz”, y “Recalde”. Para los pequeños (“ligeros”) se optó por bautizarlos: “Barceló”, “Laya”, “Javier Quiroga”, “Ordoñez”, “Acevedo” y “Cándido Pérez”.
Detallamos seguidamente los numerales, fechas de botadura y año de entrada en servicio, de los doce buques.

PRINCIPALES  CARACTERISTICAS

Los “Lazaga” son barcos que rozan las 400 toneladas de desplazamiento máximo con unas dimensiónes de: 58 metros de eslora, 7,60 de manga y 2,60 de calado. Están accionados por dos hélices movidas por sendos motores MTU-Bazán 16 V. con 8.000 HP. de potencia global que les imprimen una velocidad máxima de 30 nudos. La autonomía es de 6.100 millas a 17 nudos. Cuentan con un radar de navegación, otro de exploración y tiro “Signaal” M.20, un sonar de quilla y equipos de contramedidas electrónicas.
El armamento actual consta de: un cañón de doble uso OTO-Melara, de 76/62 mm. automático, a proa; un cañón Bofors-Breda de 40/70 mm. con cargador automático de 144 disparos, a popa, y dos ametralladoras de 7,62 mm. en los alerones del puente. Forman la dotación 30 hombres.
Estos buques están previstos para montarles un sistema de misiles antinave. Para ello, cuenta ya con la correspondiente dirección de tiro “Signaalaparaten” que puede conjugar la acción del cañón de 76/62 mm., del 40/70 mm. y de cuatro misiles MM-38 “Exocet”, mediante el seguimiento simultáneo de tres blancos diferentes (uno aéreo y dos de superficie) y disponiendo de un computador 24-X de capacidad que permite la actualización de los datos dos veces por segundo, con lo que el máximo error de los datos transmitidos permite al misil y a la artillería una probabilidad de impacto superar el 95 por 100. La información procedente de los sensores del barco se procesada y presentada al mando del buque de forma que éste puede responder a las amenazas, con su Sistema de Armas, después de una ponderación realista de la situación táctica.
Las antenas de los radares de exploración, tiro y del equipo 1FF. están alojadas en un domo especial situado en el tope del árbol cuádruple de estas unidades.
Actualmente, ninguno de los patrulleros “Lazaga” está todavía equipado con misiles antibuque aunque, como vemos, su montaje en fecha próxima está previsto. La duda estriba en cuál será el modelo de misil a utilizar por estas naves. Los estudios de la E. N. “Bazán” parece ser que están basados en el supuesto de que el ingenio a montar fuera el “Exocet”. Sin embargo, la Marina parece más inclinada hacia el americano “Harpoon”, pues éste es el que se montará adicionalmente a las fragatas tipo “Baleares”; parece que también lo tendrán las nuevas corbetas tipo “Descubierta” y, por ende, sería lógico que lo viéramos en los patrulleros grandes tipo “Lazaga”, pues a efectos logísticos lo que no puede hacer la Marina es diversificar los tipos en demasía. De todas maneras, una cosa es evidente y tomamos las palabras del ingeniero Villanueva Núñez: “Sin la “misilización”, cuyo coste es muy reducido, los patrulleros de 400 toneladas están aún a menos de la mitad de camino de lo que deben ser como buques de guerra”. Cierto.
Los buques de la serie “Barceló” son mucho menos sofisticados, aunque gozan también de un alto valor militar. Desplazan 134 toneladas y son sus dimensiones: 36,20 metros de eslora; 5,80 de manga y 3,51 de puntal. Sus dos motores Diesel-Bazán totalizan 6.000 HP. suficientes para imprimirles una velocidad máxima de 36-38 nudos, por lo que son los buques más rápidos de la Marina española actualmente.
El armamento comprende: un cañón Bofors-Breda de 40/70 mm. a proa, una ametralladora Oerlikon de 20 mm. a popa, y dos pequeñas ametralladoras de 7,62 mm. en los alerones del puente. La dirección de tiro es óptica, disponiendo de radar de navegación y excelentes equipos de comunicaciones. La dotación es de 19 hombres.

LA NACIONALIZACION DE LAS CONSTRUCCIONES

La consigna dada por el entonces ministro de Marina almirante Pita da Veiga a la E. N. “Bazán”, en el sentido de alcanzar el máximo grado de nacionalización de las nuevas construcciones, fue debidamente cumplimentada por la empresa constructora hasta el punto de que a grandes rasgos, el índice de nacionalización de los patrulleros mayores, se cifraron el 83 por 100 del valor del buque básico.
Los materiales del casco —plancha de acero de 3 mm. de espesor— y equipos propulsores, no ofrecen, en Iíneas generales, demasiadas dificultades. Los problemas, en todo buque de guerra moderno, surgen a la hora de armarlo y equiparlo electrónica mente. En este sentido y volviendo
a la exposición del señor Villanueva Núñez tomamos sus propias palabras: “En lo que se refiere a los esfuerzos para nacionalizar los equipos de artillería y dirección de tiro correspondientes a estos barcos, elementos comprendidos en lo que se suele llamar “tecnologías de punta”, en que no puede pensarse en una completa autarquía, sino más bien en una cooperación internacional que enriquezca nuestra tecnología del país, son dignos de señalar los porcentajes de nacionalización alcanzados en la fabricación de la artillería Bofors-Breda de 40 mm. y en la OTO-Melara de 76 mm. en la factoría de San Fernando, en que se ha llegado a un 81 por 100 de nacionalización de la primera; y en cuanto a la OTO-Melara de 76 mm. se ha pasado del 41 por 100 para la primera serie hasta el 90 por 100 de las actuales”.

foto: Sobre la grada n°3 y bajo los cobertizos telescópicos, se construyen dos de los patrulleros grandes cuyos bloques han sido elaborados previamente en el Taller de Lanchas Rápidas.

Pero tales porcentajes pudieran ser mejorados en un futuro inmediato con la adopción de un nuevo patrullero elaborado íntegramente por la E. N. “Bazán” y que ha sido bautizado con el nombre de “Cormorán”. Las características apuntadas para este proyecto son las siguientes: Desplazamiento máximo 355 toneladas; dimensiones: 51,90 m. de eslora; 7,53 de manga, 1,86 de calado. Potencia: tres motores MTU MA-16 V-956 con 13.500 HP de fuerza global suficiente para imprimir una velocidad máxima de 36 nudos. Armamento: un cañón OTO-Melara de 76/62, un Bofors-Breda de 40/70 y cuatro misiles “Exocet”.
La futura construcción de una nueva serie de patrulleros, adoptando el tipo “Cormorán” significaría que el índice de nacionalización subiría al 85 por 100, y que eliminaríamos el pago de “royalties” en unos cuarenta mil millones de pesetas por buque.
En rápida ojeada, hemos pasado revista a cuarenta años de lanchas torpederas y patrulleros modernos de nuestra Marina. Desde luego, el tema da para muchas más páginas, pero tampoco es nuestro propósito fatigar al amable lector. Simplemente hemos querido ofrecer una panorámica del estado actual de nuestras unidades ligeras de combate, modernas y de reciente construcción y que han venido a llenar un vacío que desde hace años se dejaba sentir en la Armada. Pensamos que los “Lazaga” y los “Barceló”, como buques de combate, son las primeras series. Esperamos que en breve seguirán otros grupos homogéneos para llegar a constituir, como mínimo, las dos docenas de unidades de cada tipo.
Y ya como punto final, anticipemos una noticia. Con motivo de la reciente aprobación del límite de las 200 millas de nuestras aguas jurisdiccionales atlánticas, la Armada ha elaborado un proyecto de patrullero de unas 300 toneladas que, en breve, será ordenado en una serie de ocho buques. No será un sofisticado tipo “Lazaga” ni un rápido “Barceló”. Se trata, en síntesis, de un barco muy robusto, muy marinero, armado con ametralladoras y equipado con modernos medios de navegación, comunicaciones y detección. Un barco, en suma, estudiado para ejercer el control marítimo y con una velocidad del orden de los 25 nudos. El jefe del Estado Mayor de la Armada, almirante Arévalo Pelluz, dijo recientemente que esperaba firmar el encargo de la serie en este año 1978.

Revista Defensa nº1, abril 1978, M. Ramírez Gabarrus


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