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3 de febrero de 2009, el submarino francés Le Triomphant colisiona con el británico HMS Vanguard

El 3 de febrero del 2009 ocurrió un incidente al que los más avezados matemáticos no le calcularían más de una posibilidad entre un billón: dos submarinos nucleares balísticos (SSBN), británico y francés, habían salido de sus bases, posiblemente con el Año Nuevo, para establecerse en patrulla en alguna zona recóndita del Atlántico Norte, lejos de las derrotas habituales de los buques mercantes y en aguas frías para mejorar las condiciones de propagación del sonido bajo la superficie del mar.

Un SSBN británico de 15.980 ton. en inmersión, el HMS Vanguard (S-28), había salido de su base de Faslane, en el Firth de Clyde (Escocia), armado con 16 misiles balísticos intercontinentales Trident 2 (D5),  con no más de 48 ojivas nucleares y se encontraba navegando en inmersión, posiblemente a una cota superior a 100 m. y a una velocidad comprendida entre 3 y 5 nudos, al haberse establecido en patrulla en una zona no muy alejada de su base y al Sur de Islandia. Procedente de otra isla, Île Long, esta vez francesa, salía un segundo submarino nuclear, de 14.335 ton., Le Triomphant (S 618), portador de 16 misiles balísticos M45, cada uno de ellos armado con hasta seis ojivas nucleares de 100 kilotones cada una, que arrumbaba hacia el Noroeste, para establecerse  en patrulla en un lugar secreto del Atlántico Norte, en una zona igualmente al Sur de Islandia.

Y aquí empiezan una serie de coincidencias, que nos llevarían finalmente a un inesperado desenlace y al accidente final. Las zonas de patrulla donde se establecen los submarinos balísticos, a diferencia de lo que ocurre con los diesel convencionales (SSK) o con los nucleares de ataque (SSN), no se revelan a terceros países, aunque sean aliados, pues estas operaciones con misiles balísticos intercontinentales armados con varias cabezas nucleares constituyen el pilar básico de la disuasión nuclear de las naciones que los poseen y que tan sólo son cinco en todo el mundo: EEUU con 14 unidades de la clase Ohio de 18.750 ton. en inmersión; Rusia con 3 gigantescos Typhoon (Akula) de 26.500 ton. y 12 unidades de las clases Delta III y Delta IV; China con tan sólo un SSBN, que podríamos calificar de obsoleto, al ser de 1981, el Xia, de 6.150 ton., sin bien tenía un proyecto de construir cinco unidades de una nueva clase, denominada Jin; y cierran esta corta lista Francia y el Reino Unido con cuatro unidades cada una, cuyos submarinos cabezas de serie son precisamente Le Triomphant y el HMS Vanguard.

Foto: Submarino francés Le Triomphant

Pues bien, ambos colosos, francés y británico, deberían haber permanecido en sus respectivas zonas de patrulla un período de tiempo próximo a tres meses, con la terrible responsabilidad de que si en un momento dado recibían una señal radio de VLF, que penetra en la superficie del mar para poder llegar a sus destinatarios cuando navegan a cota profunda, procedente del Elíseo o de Downing Street, respectivamente, con la orden de destruir un objetivo estratégico, sus comandantes deben ser capaces de cumplir su misión sin pestañear. De ahí la zona de patrulla escogida, lejos de cualquier interferencia electromagnética y alejada de las trazas acústicas de los buques mercantes.

Los errores cometidos 

Cualquier submarinista en el primer mes del curso de la especialidad conoce lo que es el Water Space Management, o control del espacio marino, equivalente al aéreo, con la diferencia de las denominaciones. Las aerovías de los aviones referidas a los submarinos se denominan Moving Haven,  que son unos cajones en los que se encuentra un sólo submarino que se mueve a una velocidad determinada por una derrota específica  comunicada a todas las naciones aliadas que tienen sumergibles. Los responsables de la seguridad de estas navegaciones son las autoridades operativas de submarinos, que en el caso español es el comandante de la Flotilla de Cartagena, que tiene la alta responsabilidad de comprobar que todas las derrotas se encuentran libres de interferencias con otros sumergibles aliados. Así, en cualquier sala de operaciones de las diferentes flotillas de submarinos, están representadas las diferentes derrotas de todos ellos que se encuentran en la mar, con sus zonas de patrullas incluidas. De esta forma, igual que se hace con el tráfico aéreo, se corrigen las  interferencias y se evitan posibles colisiones e incidentes.

En el caso que nos ocupa, el procedimiento seguido con los submarinos balísticos (SSBN) es diferente, pues solamente si hay un acuerdo bilateral o MOU (Memorando de Entendimiento), se comunica de una nación a otra la  situación y las zonas de patrulla de sus respectivos submarinos balísticos. Es decir, en este caso la Marine Nationale y la Royal Navy, deberían haber conocido con anterioridad la situación de sus respectivos sumergibles nucleares, conforme a sus acuerdos bilaterales, pues además mantienen oficiales de enlace en el Estado Mayor de ALFOST (Almirante de la Fuerza Estratégica francesa) y en el Cuartel General de Northwood (Reino Unido), donde tiene su puesto de mando el contralmirante británico FOSM (Flag Officer Submarines).

También es cierto que durante más de medio siglo ha habido submarinos balísticos soviéticos, primero, y rusos después, que nunca comunican su posición a las naciones occidentales, con más de un SSBN en la mar, sin que nunca hubiera una colisión con ninguno de ellos. Posiblemente no eran tan silenciosos como el HMS Vanguard y Le Triomphant, pero no es menos cierto que los sofisticados equipos de escucha de ambos buques, entre ellos sus sonares de casco TMSL Type 2054 y Thomson Cintra DMUX 80, respectivamente, les permiten descubrir un delfín que se mueva  en sus proximidades y, con mucha más razón, un gigantesco submarino nuclear navegando con una turbina de vapor moviendo una gigantesca hélice a través de un engranaje.

La colisión

Por último, hay que admitir que ambos sufrieron un auténtico caso de mala suerte, pues aunque los dos desconocieran las zonas de patrulla del otro y sus sensores y operadores no hubiesen sido capaces de detectarse en inmersión, la coincidencia en el tiempo y en la situación geográfica no era suficiente para colisionar, ya que se mueven en tres dimensiones como los aviones, pero… ¡también coincidieron en la cota de profundidad!: ¿Cien, doscientos, trescientos metros?

El caso es que, en la noche del 3 al 4 de febrero, el francés Le Triomphant embistió con su proa un costado del HMS Vanguard, sexto buque de la Marina británica en llevar este nombre tradicionalmente reservado a buques de línea. Los daños fueron considerables en la proa y la dotación del submarino galo no debía estar muy atenta a la navegación, pues su propio Ministerio de Defensa emitió un comunicado oficial el día 6 de febrero en el que explicaba: Durante su regreso de una patrulla, el submarino nuclear lanzador de misiles “Le Triomphant” ha chocado, estando en inmersión, con un objeto sumergido, probablemente un contenedor.

Foto: Submarino británico HMS Vanguard

Y ahora viene la pregunta del experto, ¿Cómo se puede confundir la colisión con un submarino de 16.000 ton. con el impacto de un contenedor de 30? Si en una carretera no es igual chocar con una bicicleta que con un camión, en el caso que nos ocupa este ejemplo vale. La reacción lógica de todo sumergible al sufrir un impacto en la proa es salir a superficie para comprobar los daños, que en caso del francés le supuso, además, que fueran graves en el domo del sonar de casco, que afectarían a la presentación y funcionamiento del equipo sonar Thomson Sintra DMUX 80. El británico salió mejor parado, pues el impacto recibido fue lateral, por lo que posiblemente sus daños se redujeran a un lastre abollado o un tanque damnificado, además de las marcas detectadas en el costado, que en este tipo de buques está protegido por un recubrimiento anecoico que, además de reducir su firma acústica hacia el exterior, también actuó de amortiguador. Únicamente un impacto por la aleta podía haberle dañado los timones de buceo de popa o incluso alguna cuaderna.

Conclusiones

Tanto el HMS Vanguard como Le Triom­phant, deberán entrar en dique seco y pasar allí una buena temporada, mientras se comprueban exhaustivamente no sólo los daños visibles sufridos, sino también los posibles estructurales en sus cuadernas y, en el caso del francés, tubos lanzatorpedos, que puedan afectar a la seguridad en inmersión. No olvidemos que pueden bajar a más de 500 m. de profundidad y, en esa cota, un fallo supone la pérdida del buque. Después vendrán las largas y costosas reparaciones. Recordemos el triste caso del también británico Tireless, que estuvo un año amarrado en un muelle de Gibraltar para corregir tan sólo una pequeña fuga del sistema de refrigeración del reactor.

La buena noticia en este caso fue la pequeña velocidad a la que colisionaron, con lo que los cascos resistentes, donde se encuentran el reactor y los misiles, no deberían haber sufrido ningún daño. La mala noticia es que este incidente con toda seguridad les costó la cabeza a los dos capitanes de navío que los mandaban y, posiblemente, las responsabilidades no se pararan allí. Paralelamente, para mantener la disuasión nuclear permanente de Francia y el Reino Unido, otros dos submarinos nucleares balísticos deberían hacerse a la mar, algo que creemos llevó algún tiempo, pues los SSBN tenían un apretado programa de adiestramiento y mantenimiento, con un calendario establecido que es difícil variar.

Afortunadamente, ni los 111 marinos franceses ni los 135 británicos sufrieron algún daño, ni tuvieron que lamentar ningún tipo de contaminación medio­ambiental y de esto último debemos congratularnos todos por las graves consecuencias que el inmenso potencial nuclear transportado en ambos buques hubiera tenido.


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