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División Azul , la "Gran Historia"

¿Por qué varios miles de españoles, abandonan sus hogares para ir a combatir en una formación voluntaria, a miles de kilómetros de su patria, tras haber padecido en ella una larga guerra civil? ¿Por qué el gobierno español, no beligerante, permite y estimula la formación de una División, que irá a combatir al lado del Ejército alemán?. Cabría pensar que sobre el tema de la “División Azul” está todo dicho, o que ya no puede suscitar interés alguno. Pero que ambas cosas son falsas lo demuestra el hecho de que aún se siguen editando libros y artículos sobre el tema. En 1979, los profesores G. R. Kleinfeld y L. A. Tamba, de la Universidad de Illinois, editaron (Faffer and Simons, Londres) su obra “Hitler’s Spanish Legion. “The Blue Division in Russia”. En 1978, el escritor francés Saint Loup, publicó (Presses de la Cité, París) “La División Azul’ continuando la serie de libros que ha dedicado al estudio de los voluntarios europeos que sirvieron en el Ejército alemán (“Les Volontaires“,  “Les Heretiques”,  “Les SS de la Toisson  d‘Or”)...

Al tema de la División Azul, se le consagró una abultadísima bibliografía. Los que fueron sus mandos superiores, han escrito algunos libros básicos, desde el punto de vista militar: “La División Azul en línea”, del general Díaz de Villegas, “La División Azul”, del teniente general Esteban Infantes, y “Con la División Azul en Rusia”, del general Martinez Esparza. Ex-combatientes de la División, que no eran militares profesionales, también han compuesto obras al respecto, desde el pequeño y emotivo libro de Tomás Salvador, escritor de prestigio (“División 250”), al monumental empeño de Fernando Vadillo, del que salieron tres volúmenes, “Orillas del Voljov”, “Arrabales de Leningrado”, “Lucharon en Krasny Bor” y su autor anuncia ya el cuarto y último: “Balada final de la División Azul”. También en el extranjero, como hemos visto, el tema despertó gran interés, pero de las varias obras consagradas al tema, sólo una de ellas fue traducida al castellano, la del profesor de la Universidad de Idaho, Raymond Proctor “Agonía de un neutral”, que estudia las relaciones germano-hispanas, durante el período 1939-45 y a través de ellas, a los voluntarios españoles.
En cuanto a artículos, el número de los dedicados a la División Azul, es prácticamente imposible de contar.
Una mención especial merecen los artículos aparecidos en los diversos boletines editados por hermandades provincial es de ex-combatientes de la División.
La mayor parte de estos libros y artículos, han tratado sobre la pequeña historia de la División: sus hechos militares, sus anécdotas. Para hacer comprensible históricamente a la División Azul, es necesario sin embargo, integrarla en unas coordenadas superiores, en la gran historia del momento de su formación y desarrollo.

Foto: El sucesor de Muñoz Grandes, al frente de la División Azul, general Esteban Infantes, a la derecha, acompañado por el también general español Martínez Campos, durante una visita de este último al frente del Este.

LA “GRAN HISTORIA”

En primer lugar es necesario conocer el estado de las relaciones hispano-germanas, en aquellos momentos. El régimen de Franco había adquirido una “deuda de sangre” con la Alemania de Hitler, pues los voluntarios de la Legión Cóndor, asumieron un destacado papel y muchas bajas, combatiendo junto al Ejército Nacional. Es lógico que el gobierno de Madrid, oficialmente neutral, se inclinase, una vez iniciada la Guerra Mundial, por aquellos países que habían apoyado la causa nacional y con los cuales existían más similitudes ideológicas.
En España, traumatizada por la guerra civil, el rencor de los franquistas contra Rusia, a la que se presentaba como principal responsable del conflicto, era general, por lo que la invasión de este país, fue acogida entusiásticamente y el gobierno se declaró “beligerante contra el comunismo” El grito de “Rusia es culpable”, y el recuerdo de los voluntarios alemanes de la Legión Cóndor, movieron a crear una unidad de voluntarios, que devolviese a la URSS, su intervención de 1936-1939.
Pero lo que ocurría en España, no era una excepción, ya que en los paises del Eje, en los de sus aliados y en los ocupados por ellos, se presentaron voluntarios para combatir contra el comunismo. La Waffen SS organizó las legiones de voluntarios de los países germánicos: Noruega, Dinamarca, Holanda y Flandes (Bélgica), mientras que el Ejército se hacía cargo de las Legiones de Voluntarios de Francia, Valonia (Bélgica) y Croacia. La neutral Suecia, estuvo a punto de formar otra legión de voluntarios, con el permiso de su gobierno, pero al encontrar inaceptables  las condiciones alemanas, los voluntarios suecos acabaron integrándose en el Ejército finlandés, aliado de la Wharmacht.

 

Foto: El general Salvador y Díez Benjumea, de la Escuadrilla Azul, que también fue ministro del Aire.

 

La División Española de Voluntarios era, con mucho, la más fuerte de estas unidades voluntarias (los efectivos de las Legiones oscilaban entre el batallón y el regimiento), la única procedente de un país neutral y la única con mandos enteramente propios. Con la evolución del conflicto, sin embargo, mientras la mayor parte de estas formaciones voluntarias aumentaban, transformándose en divisiones y a la vez se realizaba un intenso reclutamiento de voluntarios en la URSS, hasta totalizar casi el millón de ex-ciudadanos soviéticos sirviendo en la Whermacht, España, sometida a las presiones del bando aliado, fue reduciendo su aportación, retiró la División Azul, dejando sólo la Legión Azul, después también evacuada y quedando, al final, sólo unos centenares de hombres en las Waffen SS.
La División Azul, responde pues, a una doble motivación. Por una parte, a las necesidades de la política exterior española y el estado de ánimo generalizado de la población. Por otra, es la manifestación española de un fenómeno más general, europeo, que llevó a muchos miles de hombres a integrarse en las fuerzas armadas alemanas, para luchar contra lo que conceptuaban era su enemigo: el comunismo soviético.

Foto: Avanzando por la estepa. El tercer soldado, a la izquierda, muestra el banderín del Sindicato Español Universitario.


FORMACION Y ADIESTRAMIENTO
La Spanischen Friwilligen Division, o 250 infanterie Division, se organizó en la propia España. Hubo una verdadera avalancha de voluntarios, procedentes del Ejército regular y del partido F.E.T. y de las J.O.N.S. La organización de la unidad corrió a cargo del Ejército de Tierra, si bien el alto porcentaje de voluntarios falangistas le dio pronto una imagen más política, que originó el nombre de Azul, para la División. Es de destacar que también se alistaron en ella, un pequeño número de extranjeros: rusos blancos exiliados y portugueses. Buena parte de los voluntarios tenían experiencia militar, pues eran ex-combatientes de la guerra civil.
Al mando del general Muñoz Grandes, veterano de las campañas de África y de la de España, la División comprendía, al partir, cuatro regimientos de infantería, uno de artillería, un batallón de zapadores, grupos de anticarros y exploración, los servicios y un batallón de depósito, con un total de 17.000 hombres. Desde el 15 de julio de 1941 los convoyes que trasladaban la División a Alemania, empezaron a cruzar regularmente la frontera.
El punto de destino era el gran campo de maniobras e instrucción de Grafenwhor, en Baviera, extensión de más de 200 km. cuadrados, perfectamente acondicionada para acoger y adiestrar a grandes unidades (su capacidad real era de Cuerpo de Ejército). En Grafenwhor, la División recibió el armamento alemán, así como el ganado que necesitaba para sus columnas hipomóviles y la artillería (unas 6.000 cabezas). Los voluntarios españoles, que se habían imaginado que todas las unidades alemanas, o poco menos, eran panzer, sufrieron una gran decepción, al recibir mulos y caballos. En realidad, de las 135 divisiones empleadas originariamente en el frente oriental, 106 eran hipomóviles. Hubo que reorganizar los efectivos, pues la división de infantería alemana, sólo tenía en plantilla tres regimientos y mientras se procedía a estas operaciones, un grupo de oficiales españoles fue destacado a una división alemana en el frente ucraniano, para informarse sobre el terreno, de las peculiaridades de la lucha en el Este.
Uniformados con la guerrera feldgrau alemana, pero con el escudo nacional español en la manga, los voluntarios prestaron juramento de fidelidad al Führer, como “caudillo de la cruzada contra el comunismo “, y poco después salían para Rusia. La instrucción en Alemania había sido acelerada al máximo —sólo duró un mes—, pero dado el alto porcentaje de voluntarios que eran veteranos de guerra, no se consideraba necesario alargarla más.
El viaje hacia el frente supuso una nueva decepción para los españoles. Convencidos de que la Whermacht estaba ampliamente motorizada, no dejaron de considerar como una maldición el que se les hiciera caminar, por Polonia y la URSS, mil kilómetros de polvorientas carreteras. En realidad muchos alemanes hacían el mismo itinerario y alguna unidad de voluntarios, la Legión Croata en concreto, aún cubrió más espacio a pie que los españoles. Cuarenta y cinco días empleó la División en llegar al frente. Desde Grafenwohr a Suwalki (en Polonia) se utilizaron convoyes ferroviarios. La marcha a pie, pasando por Vilna (capital de Lituania) Orscha y que acabó finalmente en Vitebsk ocupó la mayor parte de los días citados. De nuevo los convoyes ferroviarios trasladaron a la División, desembarcando sus 17.000 hombres, 6.000 cabezas de ganado, y 800 vehículos, en la comarca de Nowgorod.

Foto: Las duras condiciones climáticas de Rusia constituyeron un inconveniente de primer grado. En la fotografía los españoles durante una operación de avituallamiento en el lago Ilmen.


LOS COMBATES DEL VOLJOV
El sector asignado a los españoles formaba parte de un frente que no podemos definirlo como tranquilo, pero sí como estático. Se libraban en él operaciones de ofensiva y contraofensiva, pero con objetivos limitados. Una intensa actividad de patrullas y golpes de mano tenía lugar a las orillas del río Voljov, en una zona pantanosa, donde sólo en invierno, al helarse las corrientes, era posible emplear grandes masas de maniobra.
El frente español inicial era de unos 50 kilómetros, de los cuales 20 lo ocupaban las riberas del lago Ilmen, zona sin práctica actividad militar. El despliegue de la División fue, en resumen, este: el 2690 regimiento asumió al subsector norte, el 263° el subsector central y el 262°, el sur, sobre el limen. Los españoles habían llegado justo a tiempo para participar en una de las últimas operaciones ofensivas alemanas en la campaña de 1941. Se trataba de cruzar el Voljov y de enlazar con los aliados finlandeses, que progresaban al este del Ladoga. De esta forma el cerco a Leningrado sería total y eficaz, pues por el Ladoga llegaba a la gran urbe sitiada, el suministro.

Foto: Voluntarios de la División Azul. Sobre la manga derecha el escudo de la Unidad con los colores de España.


La operación era extremadamente difícil, tanto por las crudas condiciones del invierno, que se había adelantado, como por la escasez de fuerzas movilizables por la Whermacht. De hecho no llegó a realizarse plenamente, pero en la semana siguiente a la llegada de los españoles, empezó el cruce del río por fuerzas alemanas y de la División Azul. El día 19 de octubre los españoles aseguraban su cabeza de puente, partiendo desde allí a la conquista de las localidaddes de Sitno, Russa y Tigoda. Fueron detenidos en Dubrovka, pero alcanzaron y ocuparon Nikitino, Possad y Poselck. Un contraataque general soviético, el día 27, fue rechazado aunque el avance alemán ya no podía seguir. Faltaban las reservas. Y los voluntarios españoles se encontraron con que se les había sacado de las seguras posiciones de la ribera occidental del Voljov, para lanzarlos a la conquista de unas comarcas difíciles de mantener, en el momento mismo en que los soviéticos pasaban al contraataque en todo el frente del Este.
Durante el mes de noviembre la División Azul soportó los combates del Ejército Rojo, que pugnaba por romper el Frente alemán y enlazar con Leningrado.

Hubo lugares en los que la batalla fue muy dura; especialmente en Possad, los españoles realizaron una heroica defensa. Y no se retiraron hasta que el mando alemán, convencido de lo inútil de mantener aquellas posiciones, puesto que no se iba a continuar el avance, permitió el repliegue. Este se realizó desde el ocho de diciembre, en forma ordenada y escalonada, abandonando Possad, Poselck y Nikitino. Una vez en la orilla izquierda los españoles fortificaron y acondicionaron sus posiciones para el durísimo invierno ruso, manteniendo a la vez una constante lucha de patrullas.
El invierno trajo una quietud general sobre el frente español. El frío era el principal enemigo. Dos hechos merecen ser, sin embargo, reseñados. Los soviéticos intentaron una penetración en el dispositivo español, entre Lubkowo y Udanik, encontrándose con la resistencia de uno de los puntos de apoyo establecidos por los divisionarios: la Posición Intermedia. Las órdenes especificaban que los soldados debían resistir allí, como “Clavados al terreno” En efecto, resistieron con valor la acometida soviética, posibilitando el contraataque. Pero cuando llegó el auxilio, los cuerpos de los defensores se hallaban espantosamente mutilados y clavados en el suelo con picos. Este horroroso episodio conmovió a los voluntarios. También les conmovió la gesta realizada por la Compañía de Esquiadores de la División, que protagonizó la odisea de cruzar todo el limen, helado, para ir en ayuda de un destacamento alemán, cercado en el sur del lago. Muy pocos supervivientes volvieron de aquella misión.

A la vez que lanzaban su contraofensiva en el sector de Moscú, los soviéticos prepararon un ataque para liberar Leningrado. Los rusos, interpretando el repliegue alemán sobre el Voljov, como signo de agotamiento, organizaron un ataque general a partir de ese sector. La punta de lanza fue el 2° Ejército de Choque, que cruzó el Voljov al norte de las líneas españolas, poniendo en un grave aprieto al mando alemán, que no contaba en absoluto con reservas en el sector. Hubo de recurrirse a utilizar batallones procedentes de cada una de las unidades establecidas en la zona: “Los batallones de voluntarios estonianos, letones, holandeses, flamencos, noruegos y españoles, lucharon al lado de los viejos regimientos alemanes’ escribe en su historia de la SGM, el alemán H. G. Dahms. Estas operaciones duraron toda la primavera y parte del verano de 1942.

Foto: Los entonces teniente coronel Zamalloa  y comandante Pallarés, con otros oficiales, en una posición avanzada.


LA ESCUADRILLA “AZUL”
La presencia en Rusia de una escuadrilla de Aviación española es mucho menos conocida por el gran pública. Y sin embargo, su actuación fue especialmente brillante.
La Escuadrilla Azul no actuó en el sector Norte del frente, como la División, sino en el sector Centro. La plantilla de la unidad comprendía un escalón de vuelo y combate, con 15 pilotos, mecánicos y radios, y un escalón de tierra, con dos comandantes, cuatro capitanes, doce tenientes, seis especialistas y 102 cabos y soldados. Los componentes de la Escuadrilla eran relevados cada cierto tiempo, de tal forma que en Rusia llegaron a actuar cinco escuadrillas distintas. La primer a la mandaba el entonces comandante Salas Larrazabal; les releyó el comandante Salvador Diaz-Benjumea; el comandante Ferrandis mandaba la tercera escuadrilla y el comandante Cuadra Medina la cuarta. La quinta escuadrilla, que fue reintegrada a España antes de llegar a combatir, la mandaba el comandante Murcia.
La primera escuadrilla llegó a Berlín el 27 de julio de 1941 y permaneció un mes entrenándose en la Escuela de Cazas de Werneuchen, cerca de la capital del Reich. El 22 de septiembre el escalón de vuelo partió hacia el frente, participando en la gran batalla del cerco de Vyasma, donde fue aniquilado el ejército de Timoschenko. Luego apoyó el avance alemán hacia Moscú, en concreto en la región de Kalinin. A las misiones iniciales de ataque a tierra y escolta de bombarderos pronto siguieron las misiones específicamente de caza.
La unidad hubo de padecer la caótica retirada del frente central alemán, en el invierno de 194142, siendo relevada el 7 de febrero de 1942. Su comandante; Salas Larrazabal, unió a sus victorias obtenidas en la guerra de España, otros siete derribos. De las restantes unidades la que más destacó fue la cuarta escuadrilla, con setenta y cuatro victorias. Su comandante, Cuadra, atestiguó que se batieron contra pilotos españoles, exiliados, que luchaban en la aviación soviética y también contra de la escuadrilla francesa Normandie-Nieman . Este último dato lo ratifica Proctor, que narra cómo en un encuentro entre oficiales de aviación franceses y españoles, celebrado en 1960, ex-combatientes de la Normandie-Niemen, y de la Azul, intercambiaron sus recuerdos y experiencias.
Por desgracia los datos que hemos encontrado son parciales y hacen referencia a la 1 y 4 escuadrilla únicamente (período de 22-IX-4l a 7-1142 y de 4-VI-43, a 2-1144) siendo, de todas maneras, extremadamente elocuentes: 2.234 servicios prestados, 364 combates, 88 victorias y 12 pilotos muertos. La Escuadrilla continuó en Rusia al ser repatriada la División y sólo cuando se retiró la Legión Azul fue finalmente disuelta.


LOS COMBATES DE LENINGRADO
Al igual que la escuadrilla, los elementos de la División eran periódicamente relevados a través de sucesivos batallones de marcha que una vez en la División se disolvían, pasando los voluntarios del relevo a los diferentes cuerpos y servicios. Disipando el frenesí de los primeros momentos de la campaña contra Rusia y con las primeras grandes victorias aliadas, el flujo de voluntarios comenzó a disminuir. Estos batallones de marcha recorrían la larga retaguardia de la División Azul (3.000 kilómetros hasta Hendaya), pasando por una serie de puntos donde habían establecido servicios de etapas. En el mes de mayo de 1942 tuvieron lugar los primeros relevos.

 

Foto: Llegada de víveres y regalos desde la Patria, con motivo de la Navidad. El sargento, a la derecha, lleva uniforme español. Los demás el alemán.


Para atender al intenso tráfico de hombres (relevos, permisionarios, evacuados) con plenas garantías, veinticinco destacamentos de feldgendaremerie españoles, actuaban desde el frente hasta la frontera francesa (el mayor de ellos contaba con 18 hombres): Riga, Vilna, Danzig, Munich, Karlsruhe, Berlín, París.

Se evitaba así que los voluntarios se despistaran y aprovecharan la ocasión para viajar por Europa. Los servicios principales de la División estaban en Berlín y Hof (cerca de Granfenwor). Además de en estas dos ciudades, había hospitales españoles en Riga, Vilna y Koenigsberg. Señalaremos también que semanalmente, un Junker-52, con tripulación española, hacía el viaje Berlín-Escuadrilla-División, para atender las necesidades urgentes.  
A comienzos de agosto de 1942 empezó la División a trasladarse de frente, más al norte, a las líneas que cercaban la ciudad de Leningrado; se hablaba insistentemente de un asalto general a la plaza cercada y de que el vencedor de Sebastopol, Von Manstein, iba a dirigir el asedio. El 7 de septiembre la División había terminado de relevar a las tropas alemanas del sector que ocupaba y que se extendía desde Puschkin a Krasny Bor. Precisamente aquí y a partir del río Ishora, un saliente ruso en forma de bucle, penetraba hacia las líneas españolas. Sobre ese saliente, se hallaban dos ejes vitales para Leningrado, la carretera y el ferrocarril Leningrado-Moscú, que los soviéticos trataban de conquistar. El 263° Regimiento de Infantería ocupó el subsector occidental, el 1690 el central y el 2620 el oriental. Los españoles se enfrascaron rápidamente en tareas de fortificación, dada la importancia del frente asignado, así como de acondicionamiento para el invierno que se avecinaba. El sector español era de 30 km.
El día 12 de diciembre se produjo el relevo del general Muñoz Grandes, por el general Esteban Infantes. Los primeros combates de importancia en el frente de Leningrado, no los libraron los españoles en su sector, sino más al este, al sur del lago Ladoga, donde los soviéticos, en uno de tantos intentos por liberar Leningrado, habían puesto en serios apuros a los alemanes y amenazaban con conseguir un amplio corredor. A finales de enero, un batallón español fue enviado, junto a otras fuerzas, al sector amenazado. La actuación de los voluntarios al sur del Ladoga, mereció unánimes comentarios de admiración por parte alemana. Sólo unos días más tarde los españoles volvieron a dar pruebas de su valor, en la batalla de Krasny Bor. En la zona de Kolpino los soviéticos penetraban, con sus líneas, en el dispositivo español, aproximándose a Krasny Bor, entre las vías del ferrocarril y la carretera Leningrado-Moscú. Ambas vías, de comunicación, sin embargo, quedaban dominadas de flanco, por las posiciones españolas. Los españoles, que esperaban participar en la ofensiva contra Leningrado, vieron cómo los planes de ataque se suspendían y a la vez, los rusos preparaban su ofensiva.
Esta, desencadenada el 10 de febrero de 1943, tuvo dos fases. En la primera, el ataque se produjo entre la carretera y el ferrocarril, amenazando con destrozar el regimiento 262°. Dado el despliegue de la División, fue difícil reforzar a este regimiento, que recibió la acometida de hasta tres divisiones soviéticas, con carros y un impresionante apoyo artillero. Los rusos perfilaron las líneas por la vía del ferrocarril y amenazaban con cercar a la división española, moviéndose hacia el oeste. Fue necesaria una sobrehumana resistencia para detener el ataque ruso, en medio de unas condiciones climáticas espantosas, con 30 grados, bajo cero.
Tras hacer retroceder sólo un puñado de kilómetros a los españoles, los soviéticos desistieron finalmente. Unos 2.500 voluntarios habían causado baja y las posiciones del destrozado regimiento debieron ser reconquistadas al asalto por voluntarios flamencos y letones de la Waffen SS. En la segunda fase, que duró hasta el 19 de marzo, los ataques rusos se centraron en el recodo que describían la líneas españolas al llegar al río Ishora, pues trataban de ampliar su bucle dentro del dispositivo español y acabar con la amenaza de flaco, sobre la carretera de Moscú. Los soldados soviéticos tampoco consiguieron su objetivo esta vez. Al acabar la batalla, el Estado Mayor español calculó que el enemigo había sufrido 11.000 bajas, sobre unos efectivos de 33.000 hombres. Los españoles tuvieron
3.200 bajas, lo cual dejó a la División francamente maltrecha.
Durante el siguiente verano la actividad fue mucho menor: guerra de trinchera, golpes de mano, duelos artilleros. El sector español se corrió hacia el este, dejando el entrante ruso en Krasny Bor y el recodo del Ishora en manos de una unidad alemana.
A principios de octubre se empezó a hablar de un cambio de sector. En realidad de lo que se trataba era de repatriar la División. La guerra ya no era favorable al Eje y el gobierno español recibía fuertes presiones aliadas para que llamase a los voluntarios El 7 de octubre la División Azul empezó, efectivamente, a ser retirada del frente y poco después, reembarcada para España.

Foto: 11 de marzo de 1943. Dos soldados españoles en un fortín, vistiendo camuflajes de invierno.


LA LEGION AZUL
La delicada situación política, creada por estos hechos, la solventó Madrid, creando una Legión de Voluntarios que continuaría combatiendo al lado de Alemania. Esta unidad siguió dependiendo del Ejército y no de las Waffen SS, que en aquella época estaban absorbiendo a la mayor parte de formaciones voluntarias que luchaban con los alemanes. Inicialmente se habló de unos 4.500 hombres, pero el 19 de noviembre, al constituirse oficialmente la Legión, sólo alistaba 2.000 oficiales y soldados, articulándose en tres Banderas, según el modelo del Tercio, y se la acuarteló inicialmente en Jamburg, cerca de Narwa. Tras participar en operaciones antiguerrilleras la Legión marchó al frente, quedando agregada a la l21 División alemana. Los hombres del coronel García Navarro ocuparon un sector del frente que sus compatriotas habían abandonado sólo dos meses antes, con un total de 11 km.
Los primeros días de 1944 trajeron el inicio del repliegue general del sector norte del frente alemán. Durante el mismo. la actuación de los españoles fue destacada, ya que al mantener con firmeza, las líneas evitaron el cerco de toda una división alemana. Los combates de retirada fueron constantes, tanto contra las vanguardias del Ejército Rojo, como contra los guerrilleros. Al llegar a Narwa, los legionarios se encontraron con la noticia de que el gobierno español había decidido retirar también la unidad. El 30 de marzo comenzó a repatriarse a los voluntarios, dándose oficialmente por extinta a la Legión el día 25 de abril. El 22, había sido disuelta la Escuadrilla.
Satisfacer la “deuda de sangre” y “devolver a los rusos su visita “, costó a los voluntarios españoles 3.934 muertos, 8.466 heridos y 326 desaparecidos. El número total de voluntarios rondaba los 45.000, contando los contingentes iniciales y los sucesivos relevos. Numerosísimas condecoraciones habían sido otorgadas, a los oficiales y soldados, incluyendo Cruces de Caballeros de la Cruz de Hierro, para sus comandantes superiores.
Perdidos en medio de la inmensidad del frente oriental, donde luchaban millones de hombres por cada bando, los españoles representaban, cuantitativamente, poco. Ocupaban, sin embargo, un lugar privilegiado en la historia del conflicto, tanto por las circunstancias políticas, como por el valor simbólico de su presencia y el heroísmo que derrocharon.

Foto: Voluntarios de la División Azul, recién regresados de Rusia, son pasados en revista, en la ciudad de Oviedo.


CAPITULOS FINALES

La historia de los voluntarios españoles estaría incompleta, si no habláramos de dos capítulos. El primero de ellos, es el de los españoles que continuaron combatiendo junto a los alemanes; el segundo el de los prisioneros que quedaron en la URSS.
Sobre el primer tema la información no está demasiado clara. Libros como “Berlín, a vida o muerte”, de M. Ezquerra, superviviente de estos voluntarios, no aportan demasiados datos fiables. El americano Proctor ofrece noticias más exactas, basadas en los archivos alemanes.
Un cierto número de españoles pasan frontera francesa, tras ser retirada la Legión Azul para enrolarse en la Whermacht. Su alistamiento era contrario a la órdenes del gobierno español y por tanto clandestino. Según Proctor, se formaron tres compañías: una de ellas pasó a 1 división Valonia, de belgas voluntarios, de la Waffen SS. Otra a una división antipartisana en los Balcanes y otra a una división en el sector sur del Frente del Este. La segunda compañía citada debió servir en la división SS Kartsfager, empleada e Italia y Yugoslavia, contra las guerrillas.
Según Proctor, la compañía que dio mejores resultados, fue la de la división Valonia. Voluntarios de las otras compañías, desertaban de sus unidades para acudir a enrolarse en la prestigiosa división SS. En todo caso a los españoles que apresaban en los Balcanes se los concentraba en dos compañías asignadas a la 357 D visión, establecida en Prossburgo. Ha pruebas de que esos voluntarios lucharon contra el Ejército soviético en Verblos, este de Bratislava. Estas mismas compañías lucharon después en la batalla d Berlín, junto a franceses de la División SS Carlomagno. Pese a lo confuso de historia (hay otras muchas versiones), no cabe duda de que varios centenares de españoles continuaron su lucha junto al Reich, e incluso lucharon en la batalla por Berlín.

Foto: Abril de 1954. Los prisioneros de la División Azul regresan a España, a bordo del “Semiramis”, tras once años de cautiverio en Rusia.


En cuanto a los prisioneros en manos de los rusos, unos tres centenares, la mayor parte lo fueron en la batalla
Krasny Bor. Su odisea ha sido narrada por el recientemente fallecido general Palacios, entonces capitán, en “Embajador el Infierno”, y por el capitán Oroquiet en “De Leningrado a Odessa”. Estuvieron en varios campos de prisioneros de Rusia europea y de Siberia. Cerca de un centenar murieron en cautiverio. En los 286 repatriados, había 219 miembros de la División Azul, 7 de la Legión Nazi 21 voluntarios de la Waffen SS y 1 de escuadrilla. Al llegar al puerto de Barcelona, procedente de Odessa, el buque griego Semiramis, que los trasladaba, se cerró un importante capítulo de la historia militar española. Era la segunda vez q soldados españoles habían guerreado en Rusia, pues ya los Ejércitos del Gran Corso contaron con un regimiento español, Regimiento José Bonaparte, que hizo campaña de la Grande Armée y participó en la victoria napoleónica de Bordino..


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