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Los 150 años del Colegio Militar de Argentina

Este año se conmemora el sesquicentenario del Instituto donde se instruyen y preparan los futuros oficiales del Ejército Argentino. Tres eventos marcaron el inicio de las actividades conmemorativas. El primero fue la ceremonia realizada en el Patio de Honor del Instituto, donde el nuevo director del Colegio Militar de Argentina, el general de brigada Roberto Ariel Agüero, relevó al general de brigada Agustín Humberto Cejas, quien estuvo al frente del Instituto los últimos dos años.

Consecutivamente, ingresaron 600 postulantes de la promoción 153 del Instituto. De entre ellos egresarán dentro de cuatro duros años los subtenientes de las armas de Infantería, Caballería, Artillería, Ingenieros y Comunicaciones, y de los servicios de Intendencia y Arsenales. Además, se colocó una placa recordatoria en el pedestal del monumento a Sarmiento en el parque Tres de Febrero.

Cabe recordar que en 1869 surgió la inquietud de organizar un instituto de formación de oficiales para el Ejército argentino. En ese sentido, ya existían varios ensayos se habían hecho desde mayo de 1810.

El 9 de agosto de 1869, el Presidente de Argentina, Domingo Faustino Sarmiento,  envió a la Cámara de Diputados un proyecto para la creación de una escuela castrense que proveyera de oficiales altamente capacitados para el Ejército. De esta manera, tras algunos debates ambas cámaras aprueban la ley N° 357 que autorizó al Poder Ejecutivo para la formación de una escuela militar, la cual fue promulgada el 11 de octubre y se convirtió en la piedra fundamental del Colegio Militar de la Nación.

Asimismo, el gobierno argentino designó una comisión militar especial a efectos de proponer el reglamento y plan de estudios de la nueva escuela. Integrada por un selecto grupo de oficiales, veteranos de muchas campañas y que habían acreditado destacadas condiciones intelectuales, entre ellos: el brigadier general Emilio Mitre, el general Indalecio Chenaut, los coroneles Mariano Moreno y Juan Czetz y el sargento mayor Lucas Peslouan.

En poco menos de dos meses la comisión completo la tarea, que permitió al Poder Ejecutivo dictar un decreto en 1870, firmado por el presidente Sarmiento y refrendado por el Ministro de Guerra General Martín de Gainza, que designó como cuartel del Colegio Militar al edificio que sirviera de residencia a Juan Manuel de Rosas y al mismo tiempo nombra director del Colegio Militar al coronel Juan Czetz y a los primeros oficiales.

Los primeros cuarteles: San Benito de Palermo y San Martín

El edificio se erguía 1 legua al noroeste de la ciudad, en los terrenos limitados por el arroyo Maldonado y el Río de la Plata. Su construcción databa de 1838. La primera tarea del flamante director fue adaptar este edificio de estilo colonial y de grandes proporciones,  para su nueva función. En sus aulas y recintos se mantenían aún, muebles, estufas, alfombras, arañas y espejos que ornamentaron el lugar en tiempos de su original propietario. Algunos de ellos, como un conjunto de rojos sillones de jacarandá, un escritorio de caoba, una cómoda y una caja de caudales, actualmente forman parte del museo del Instituto.

Por espacio de 22 años, funcionó en este caserón de San Benito de Palermo el Colegio Militar alcanzando un alto prestigio académico, formando a los cadetes en un riguroso secundario que se consideraba de excelencia en la época y se ubicaba entre las mejores academias militares del mundo.

Para 1892 la antigua estancia de Rosas ya era ocupada por 118 cadetes, más el cuadro de oficiales, el claustro de profesores y el personal de tropa y servicio. Fueron 17 las promociones de oficiales que egresaron de las aulas de este predio, antes de ser abandonado ese mismo año en búsqueda de mayor espacio.  La nueva sede se fijó en la localidad de San Martín, donde actualmente se encuentra el Liceo Militar General San Martín. Ese ámbito, al igual que el primero, no fue construido como un instituto militar sino que era un antiguo Colegio de Artes y Oficios. Luego, surge la necesidad de buscar un espacio especialmente diseñado como academia militar. Así nace el proyecto para construir la sede definitiva del Colegio que se hizo realidad en el año 1937.

El Palomar de Caseros

El lugar elegido esta vez fue la antigua propiedad de Diego Casero, que junto a su conocido palomar, daban nombre a la zona y sus aledaños. Estos campos por su amplitud y cercanía a la ciudad de Buenos Aires fueron considerados ideales para el nuevo proyecto.

La piedra fundamental del nuevo edificio fue colocada por el general Pablo Ricchieri en 1904, sin embargo, recién en 1921 bajo la presidencia de Hipólito Irigoyen, comenzaron efectivamente los trabajos de construcción.

En 1922 el ministro de Guerra, doctor Julio Moreno, ordenó suspender los trabajos para ampliar la capacidad del edificio para 1.500 cadetes. Se encontraba ya construida para ese entonces parte de la Plaza de Armas, pavimentada con adoquinado de granito de Tandil, circundando con trazo elíptico al Palomar de Caseros. Como consecuencia de la ampliación del plan de obras, fue necesario abarcar la totalidad del terreno circundante, que incluía la antigua Escuela de Caballería. A mediados de 1923 el Poder Ejecutivo aprobó el nuevo plan de obras. En 1930, la crisis económica, obligó a paralizar las obras hasta 1935, cuando el presidente Agustín Pedro Justo, ex director del Colegio, destinó los fondos necesarios para terminar en dos años de intensa actividad la obra.

El actual edificio, menos el pabellón C de dormitorios, las tribunas laterales del campo de deportes, el casino de oficiales y la primera capilla, fueron inaugurados el 23 de diciembre de 1937 en ocasión del egreso anual de oficiales.

Con los años esas instalaciones se fueron ampliando, en este momento los cadetes cuentan con numerosos espacios para su uso, se destacan una biblioteca informatizada en permanente expansión de más de 23.000 volúmenes, aulas interactivas, aulas tácticas, laboratorios de idiomas, física, química, polígono de tiro, capilla, salas de conferencias, cine y un importante campo de deportes con gimnasio cubierto, salón de complementos, esgrima y pileta olímpica climatizada.

Además, el Colegio Militar tiene el privilegio de contar con un patrimonio histórico único, ya que alberga dos sitios declarados monumentos históricos nacionales: el Palomar y la Casa de Caseros, testigos mudos de importantes hechos del pasado como la Batalla de Caseros, antesala de la Constitución Nacional, así como de las conversaciones preliminares del Pacto de San José de Flores, que consolidó la unión definitiva del país.

A partir del año 1994 pasó a ser un instituto universitario, otorgando a los subtenientes un título de grado reconocido oficialmente y con validez nacional por el Ministerio de Educación. Actualmente, se puede optar por dos carreras universitarias: licenciatura en conducción y gestión operativa o licenciatura en enfermería.

Asimismo, en el ámbito del Instituto se desarrollan cursos de formación para todos aquellos profesionales que deseen formar parte del Ejército Argentino como médicos, bioquímicos, farmacéuticos, odontólogos, veterinarios, abogados, profesores de educación física, pilotos, informáticos, enfermeros profesionales o directores de banda.

De esta manera, se centraliza en un solo Instituto la formación de la totalidad de los oficiales del Ejército Argentino. Otro hito importante en este proceso de cambio ha sido la incorporación de la mujer a partir del año 1997. De acuerdo a las normas establecidas por la Fuerza, las mujeres en la actualidad ingresan al Colegio Militar en total igualdad de condiciones que sus pares varones.

Hoy este Instituto transita el camino del afianzamiento y consolidación de esos cambios sin dejar de lado su finalidad esencial que es la de educación y formación de los futuros conductores del Ejército Argentino. (Luis Piñeiro, corresponsal en Argentina)

Fotografía: Exigente y duro el CMN es vital para la institucion terrestre.

·Sus instalaciones son impresionantes.

·El predio del Colegio Militar es muy amplio y contiene todas las facilidades necesarias para los cadetes


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