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Los helicópteros en el asalto anfibio

Hablar de las fuerzas anfibias, es hablar de las unidades militares por excelencia. Lejos de ser esto una exageración, puede afirmarse que reúnen todos los requisitos exigibles a una fuerza de combate en la actualidad como son movilidad estratégica, suficiencia logística y una potencia de combate equilibrada. Las fuerzas anfibias son por tanto la expresión más fidedigna de una fuerza expedicionaria, característica requerida a las actuales Fuerzas Armadas del entorno de la Alianza Atlántica.

Al referirnos a fuerzas anfibias, lo estamos haciendo al binomio indisoluble compuesto por los buques anfibios y su fuerza de desembarco. Los primeros proporcionan el despliegue estratégico, traslada la amenaza allá donde más convenga y son el apoyo imprescindible de su fuerza de desembarco siendo imprescindible un perfecto conocimiento mutuo y un exhaustivo adiestramiento común entre esta última y la fuerza naval.
Recordemos que el asalto es la fase de una operación anfibia en la que la fuerza de desembarco es proyectada desde los buques, sobre la costa, maniobra frente al enemigo y ocupa los objetivos fijados a la fuerza anfibia operativa. Especial énfasis en el asalto anfibio, que tiene la rapidez en la ejecución al objeto de conseguir una acción resolutiva y obtener una situación ventajosa antes que el enemigo pueda reaccionar a nuestra iniciativa.
Con medios de transporte tradicionales, el asalto lo inicia la fuerza de desembarco mediante embarcaciones cargadas en los buques anfibios. El desarrollo tecnológico y  doctrinal de los últimos tiempos, la evolución de los buques anfibios, de los medios de apoyo, ya sean de combate o logísticos y las comunicaciones han revolucionado la tradicional forma de materializar la operación anfibia hoy alejada de la aplicada en el curso de la Segunda Guerra Mundial.

EL HELICOPTERO: FORTALEZA Y VULNERABILIDAD
El helicóptero es una de las herramientas indispensables para conseguir rapidez táctica y para reaccionar y seguir manteniendo la iniciativa en los posibles cambios de la situación durante una operación anfibia, ya que no sólo será utilizado como medio de transporte, sino también como recurso para influir en la maniobra de la fuerza de desembarco. Representa, además, una sustancial diferencia respecto a las embarcaciones que, exclusivamente, participaban en el movimiento buque-costa.
Aunque sin adentramos en las interioridades de la doctrina de empleo de los helicópteros ni de la de las operaciones anfibias, o en el asalto anfibio más concretamente, reflejaremos qué es lo que la fuerza anfibia puede hacer con los medios aéreos actuales de la Armada en el asalto anfibio.

Foto:Un AB-212 puede transportar a doce hombres. Aquí vemos a uno de ellos en el “Príncipe de Asturias” (Foto: V. T.)

Durante la fase de planeamiento de la operación anfibia, el comandante de la fuerza anfibia aprueba el concepto de la operación en tierra del comandante de la fuerza de desembarco, básicamente porque, cumpliendo la misión, puede apoyarla.
El desarrollo de este concepto en órdenes de operaciones precede al planeamiento detallado del asalto helitransportado. No obstante, la disponibilidad de helicópteros ejercerá una considerable influencia en la determinación de objetivos de la fuerza de desembarco y en la selección de playas, zonas de toma de helicópteros y corredores de aproximación.
La vulnerabilidad de una formación de helicópteros aproximándose al objetivo, incluso ante armas ligeras, obliga a seleccionar cuidadosamente los pasillos de aproximación y las zonas de aterrizaje que deben, además, ser cubiertos por fuegos de apoyo. Esta vulnerabilidad se expresa también por una necesidad de protección durante el vuelo, que es asumida por los helicópteros de escolta, que ejercen su más ardua labor, precisamente, durante la aproximación y el despegue de las zonas de toma.
Una vez decidida la línea de acción, el planeamiento del asalto se realiza por el comandante de la unidad de helicópteros y el de la unidad helitransportada, en coordinación con los comandantes de los buques donde aquellos van embarcados.
Los detalles del asalto por helicópteros quedan plasmados en los siguientes puntos que se incluyen en el plan para el desembarco: * Diagrama de aterrizaje de helicópteros. * Cuadro de disponibilidad de helicópteros. * Cuadro de asignación de series y olas de equipos de helicóptero. * Cuadro de asalto y empleo de helicópteros.

Foto: “Sea King” SH-3D/H. (Foto: Angel Francés López Argüeta).

Básicamente en ellos se establecen los equipos de helicópteros —o grupos de soldados con sus equipos que embarcan en una sola aeronave—, su lugar en las olas de asalto por helicópteros, las tablas de tiempos para el movimiento buque-costa y otros requisitos necesarios, de manera que sirva de base para los planes de vuelo de los buques y para el control del movimiento por parte de las agencias de control aéreo situadas a bordo de los buques (TACC y HDC).
El asalto aéreo debe llevarse a cabo según el planeamiento previsto, pero tiene además otras implicaciones. No sólo se trata de transporte de unidades, sino de apoyo a éstas tanto de aprovisionamientos, apoyo de fuegos a su despliegue o avance, o escolta a las formaciones de helicópteros, como de aprovechamiento de los vuelos de regreso a los buques para el traslado de heridos. El apoyo a las unidades helitransportadas tiene lugar inicialmente, sólo desde el aire pudiendo estar previsto que las unidades desembarcadas por medios de superficie avancen hasta enlazar con éstas y el apoyo lo reciben por medios terrestres.
El envolvimiento vertical, pese a tratarse de unidades ligeras, contará con una cobertura de fuegos desde los buques y aéreos, evitará los obstáculos y defensas de la costa y resultará especialmente rentable para los objetivos claves en los que su principal ventaja es la sorpresa y la rapidez.

NUEVO SIGLO, NUEVAS POTENCIALIDADES
Las metas a alcanzar en el nuevo siglo por lo que respecta a doctrina anfibia, pasan por —y con— las aeronaves de despegue vertical, al ser los únicos medios capaces de otorgar la flexibilidad y capacidad de reacción necesarios para influir en la acción y participar, realmente, en la maniobra de la fuerza de desembarco. El mar, punto tradicional de partida de toda fuerza anfibia, será utilizado como avenida de aproximación por la fuerza de desembarco y ya no como obstáculo a salvar hacia el objetivo. De este modo la evolución doctrinal obviará incluso el establecimiento de la cabeza de plaza.

Foto: Vista, desde proa, del buque de desembarco tipo LST “Hernán Cortés”. Sólo admite la operación de una aeronave de ala rotatoria (Foto: Javier Sánchez).

Las posibilidades anuales de la fuerza anfibia española para el asalto por helicópteros se vieron muy incrementadas tras la incorporación a la Armada de las recientes construcciones navales. En este aspecto concreto, la de los LPD Galicia y LPD Castilla al Grupo Delta, han supuesto un antes y un después.
Estos buques no sólo contaron con la novedad de su polivalencia de capacidad de transporte y lanzamiento de embarcaciones precargadas y helicópteros que proporcionen mayor flexibilidad a las operaciones de despliegue, sino que al disponer de hangares donde realizar tareas de mantenimiento de aeronaves y todo tipo de servicios de apoyo a una unidad aérea, aumenta la capacidad aérea a grandes periodos de tiempo.
Hace unos cuantos años, sólo podía transportarse un máximo de seis helicópteros en los buques anfibios, tres en el transporte de ataque (TA) Aragón, con una lenta puesta en vuelo —más de media hora—, uno en cada uno de los dos LST Hernán Cortés y Pizarro, y otro en el TA Castilla. La falta de una plataforma adecuada para varios helicópteros obligaba a un lento proceso de formación de una ola de asalto ya cargada, debido a la dispersión de las aeronaves y la escasa capacidad de carga simultánea de las plataformas disponibles.
El hoy, como ya he comentado, es bien distinto. Los dos LPD, con capacidad para seis helicópteros en hangar y dos puntos de toma cada uno, permiten una rápida formación de las olas de helicópteros, a la vez que puede respetarse la integridad táctica de las unidades en su plan de embarque. Es, pues, una realidad poder desembarcar en una sola ola los escalones de asalto de dos compañías de fusiles en dos L/Z (Landing Zone), haciendo lo propio con el resto de ambas unidades además de con sus equipos y aprovisionamientos en olas sucesivas. Téngase en cuenta que dos secciones de una compañía de fusiles reforzada son aproximadamente 80 hombres y que la capacidad de transporte de una unidad de helicópteros embarcada compuesta por seis SH3-D y otros tantos AB-212 sería:
• 6 helicópteros SH3-D de la 5 Escuadrilla (18 hombres cada uno), 108 hombres.
• 6 helicópteros AB-212 de la 3 Escuadrilla (12 hombres cada uno), 72 hombres.
- Total 180 hombres
Otros dos AB 212 pueden ser empleados en escolta de la formación y apoyo por el fuego, puesto de mando, evacuación, salvamento o reserva.

Foto: Cubierta de vuelo del desactivado transporte de ataque “Aragón”, en la que pueden  apreciarse dos AB-212 (Foto: Diego Quevedo Carmona).

Esta composición de la unidad aérea podría variar dependiendo del tipo amenaza a que estuviera sometida la fuerza naval en la que se necesitaría mayor o menor número de helicópteros SH3-D para misiones antisubmarinas. El componente aéreo participante en la operación anfibia incluye, además, los aviones Harrier AV8-B para combate aéreo y apoyo de fuegos, embarcados en el portaaviones…
El adiestramiento actual de las Escuadrillas de la Flotilla de Aeronaves (FLOAN), en el ámbito anfibio, no sólo cubre el aspecto táctico del helitransporte y del apoyo de fuegos. Las capacidades de los modernos buques anfibios con estaciones de descontaminación NBQ (Nuclear, Biológico, Químico) para el buque y personal, unido al adiestramiento de las dotaciones de helicópteros con equipos individuales NBQ a bordo de las aeronaves, las convierten en unidades preparadas para ese posible ambiente del campo de batalla futuro.
También el aprovechamiento de la noche es un reto para las unidades aéreas españolas. Siguiendo la línea ya ampliamente desarrollada por los pilotos de los aviones Harrier AV8 de la FLOAN para operar con gafas con intensificadores de luz (NVG), las demás escuadrillas comenzaron en el año 2000 el adiestramiento de las dotaciones y la preparación de los instrumentos de los helicópteros para que su iluminación sea compatible con dichas NVG. Ello permitió operar a cualquier hora del día efectuando tomas en terrenos no preparados sin ayudas a la navegación lo que aumentará la amenaza que representa nuestra fuerza anfibia en cualquier teatro de operaciones.
Las mencionadas capacidades, unidas al contínuo despliegue fuera de su base de las escuadrillas de la FLOAN, con medios humanos, aeronaves y su sistema de mantenimiento, las convierten en un componente indispensable de la fuerza anfibia no sólo para el asalto anfibio, sino para cualquier otro tipo de misiones. Un ejemplo de ello es la colaboración de los helicópteros AB-212 de la Tercera Escuadrilla en la operación de ayuda humanitaria a Centroamérica a bordo de los buques anfibios Galicia, Hernán Cortés y Pizarro desde noviembre de 1998 hasta marzo de 1999, el despliegue de un subgrupo táctico de Infantería de Marina con dos AB-212 durante el mes de agosto de 1998 o la colaboración de otros dos AB-212 embarcados en el TA Aragón durante el establecimiento de un campo de refugiados por parte de un contingente de Ejército de Tierra español en Albania, en la primavera de 1999, dentro de la operación Allied Harbour, de la OTAN, para socorrer a los refugiados de Kosovo.

Revista Defensa nº 270, octubre 2000


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