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Se retrasa el primer vuelo del ultra secreto bombardero B-21 de los Estados Unidos

Mientras que la producción del segundo bombardero stealth (fantasma) B-21 Raider está en marcha en las instalaciones de Northrop Grumman en Palmdale (California), se esperaba iniciar los vuelos de prueba del primero a finales de este año o principio de 2022. Ahora, el director de la Oficina de Capacidades Rápidas de la Fuerza Aérea de Estados Unidos o USAF (United States Air Force), Randall Walden, en entrevista a la revista oficial Air Force Magazine, afirma que el pronóstico era en una previsión optimista y que si el primer vuelo es a mediados de 2022 es ya una “buena apuesta”.

El primer Raider aún no ha llegado a su ensamblaje final, dijo, pero “realmente está comenzando a parecerse a un bombardero”, mientras que el segundo avión, que ahora se está moviendo por las estaciones de línea de producción, se construirá en menos tiempo, dada la experiencia desarrollada por el constructor al haber aprendido de las dificultades del primer fuselaje. El teniente general James C. Dawkins, jefe del staff para la disuasión estratégica e integración nuclear, dijo el 15 de enero que el B-21 estará disponible para el servicio alrededor del 2026 o 2027. Según la Oficina de Presupuesto del Congreso, en 2018 la Fuerza Aérea estimó el coste de desarrollar y comprar los primeras 100 aparatos en 80.000 millones de dólares.

La fuerza de bombarderos de la tríada nuclear “está compuesta actualmente por B-52 y B-2, y dentro de seis o siete años, por el B-21”, dijo Dawkins durante un evento en la Fundación Heritage sobre armas nucleares de largo alcance. Los directivos del programa B-21 están tratando de mitigar los efectos de la pandemia del coronavirus en los empleados de  la industria aeroespacial antes de que puedan afectar drásticamente el progreso de desarrollo del aparato stealth. “Los proveedores de todo el país están entregando activamente piezas a la planta de Palmdale y estamos haciendo lo que podemos para ayudar en ese sentido”, comentó Walden. El programa está trabajando estrechamente con los proveedores  para asegurar que una entrega de piezas más lenta no retrase la producción de la planta de  Spirit Aviation de Wichita (Kansas), que suministra aeroestructuras en el B-21. Además, esta factoría ha sido reforzada  con los  trabajadores asignados previamente al programa de la construcción del  Boeing 737 MAX, que de otra manera hubieran sido despedidos. “La pandemia nos ha retrasado en ciertas áreas, pero creo que lo hemos compensado”, dijo Walden. “No creo que tengamos retrasos significativos en el primer vuelo”.

Las demoras en la línea de producción “se mitigarán”, añadió, y cualquier cambio en la línea de tiempo prevista de aquí al 2022 se comunicará al Pentágono y a los líderes del Congreso. También cree el ingeniero, que la USAF puede sacar a la luz más detalles sobre el bombardero cuando se acerque su primer vuelo. Walden también indicó que el programa está reduciendo el riesgo tecnológico al utilizar un avión de clase ejecutiva como banco de pruebas para la aviónica, resolviendo los problemas de hardware y software antes de transferirlos al B-21 (Julio Maíz Sanz).

Fotografía: Imagen digital de B-21 “Raider” en el hangar de la base aérea de Dyess (Texas), una de las que se desplegaran los nuevos bombarderos. (foto Northrop Grumman vía USAF)


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