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Carros de combate Leopard para Ucrania: España versus Alemania

Un Leopard 2A5 alemán (Bundeswehr)

Los primeros carros de combate Leopard para el Ejército de Tierra español llegaron a fines de los años 90, se trataba de una cesión directa del Gobierno alemán, vehículos procedentes de los stocks del Ejército alemán pero que se encontraban en muy buen estado.

Con estos se equipó a los batallones de carros de las brigadas ubicadas en Badajoz y Córdoba, además de entregarse unidades a las Academias de Infantería y Caballería, para permitir la instrucción de los futuros usuarios.

Esta cesión, en cuya gestión participó entre otros el conocido Coronel Antonio Candil, fue de alguna manera la punta de lanza que llevó a que finalmente surgiera el programa Leopardo, que contempló la adquisición no sólo de 219 carros de combate, sino también carros Buffel de recuperación, simuladores, munición, y todo aquello que se engloba en el concepto de ILS (Apoyo Logístico Integrado).

Se trataba de un programa sin precedentes en el Ejército de Tierra español, en el cual se materializó la tan en boga en aquella época Ingeniería de Sistemas, y cuyo contratista principal fue la entonces Empresa Nacional Santa Bárbara, privatizada precisamente durante la fabricación, para pasar a manos de General Dynamics, principal competidor del fabricante alemán del carro de combate.

Las sucesivas reorganizaciones de unidades de Ejército de Tierra llevaron a que más de 50 unidades de los originales A4 no fueran necesarios, y se depositaran en instalaciones en Zaragoza, el antiguo Parque y Centro de Mantenimiento de Vehículos Ruedas Nº 3 (PCMVR N.º 3) en Casetas, bajo condiciones de almacenamiento protegido. Es decir que los carros debían estar sujetos a un control y preservación, que permitiera su vuelta al servicio en caso necesario con un mínimo de trabajo.

Estos carros son objeto de parte de la polémica internacional sobre la entrega de medios acorazados a Ucrania, y suponemos que el argumento de su “lamentable estado” esgrimido por el gobierno en palabras de su ministra de Defensa para no ponerlos a disposición de las fuerzas armadas ucranianas no debió sentar muy bien al estamento militar.

Este, que se ha enfrentado a serias limitaciones presupuestarias para mantener los sistemas de armas, entendemos que no habrá permitido que lleguen a ese declarado “lamentable estado”, entre otras cosas porque estos carros son aún útiles, y de hecho existe un proyecto de transformación de parte de los mismos a versiones de zapadores, sustituyendo a los Alacrán, reconversión española de los M-60 a carro de zapadores, y como plataformas lanzapuentes.

Adicionalmente también entendemos que ese “lamentable estado” podría ser revertido por la industria nacional, que no sólo ha mantenido estos carros de combate (en ambas versiones 2A4 y 2E) durante todos estos años, sino que recordemos fue capaz de fabricarlos, y además integrando elementos de fabricación nacional, como parte de la españolización del sistema de armas; por tanto ese argumento no termina de encajar en este contexto, sino que parece más bien adecuarse a las reticencias alemanas de ceder carros o en algún motivo de política internaconal española que no puede ser justificado abiertamente.

Un moderno Leopard 2A7 alemán (Bundeswehr)

La postura de Alemania

Ahora bien, ¿qué ha podido motivar la actitud alemanana, enmendada hace escasas horas tras las duras presiones de EEUU, para negarse al envío de sus Leopard a Ucrania?, la primera razón puede ser política, en el contexto mundial cabría entender la postura alemana de no provocar aún más al régimen de Putin, proporcionando un medio capaz de enfrentarse con éxito al ejército ruso. Esto puede dar lugar a numerosos análisis geoestratégicos, con distintos puntos de vista, pero que en ningún caso dejaran a la luz la auténtica verdad que puede esconderse en este conflicto.

Pero también puede existir una razón comercial ya que el Leopard es, junto a los submarinos de la series U-Boat, el mayor éxito de la industria militar germana durante los últimos años. Son productos exportados en gran número, y en el caso del Leopard no parece tener ningún otro competidor, al menos en Europa, en los próximos 15 años, desaparecida la capacidad inglesa de fabricar carros de combate, y una vez que KMW ha llegado a un acuerdo con la antigua Nexter.

Así, los competidores con cierto nivel son únicamente los M-1Abrams estadounidenses, los K-2 Panther surcoreanos y los carros producidos en Rusia (cuando vuelvan a estar disponibles). En el caso del Leopard 2, actualmente es la versión A7 la que se oferta en distintas partes de mundo, pero es la veterana A4 la que se transferiría mayormente a Ucrania.

Desde luego, la operación de los carros alemanes por parte del Ejército Ucraniano no puede ser inmediata, requiere un período de instrucción tanto para las tripulaciones como para sus unidades de mantenimiento, así como adaptar la logística para atender el necesario mantenimiento preventivo y correctivo de los vehículos, además de disponer de suficiente munición para poder actuar con tranquilidad en primera línea.

¿Qué pasaría si el Ejército ucraniano, necesitado de un sistema potente, despliega los Leopard sin haber alcanzado una habilidad suficiente con los mismos?, pues podría ocurrir que los sistemas contra-carro rusos como el Kornet, o que los T-80 y los Armata T-14 (los T-72 desde luego no son enemigos) infligieran daños a los Leopardos.

Estas imágenes a buen seguro serían distribuidas por el aparato de propaganda del Kremlin, ocasionando un terrible daño a la reputación de este extraordinario sistema de armas (basta recordar que el Abrams americano utiliza una versión del cañón de ánima lisa del Leopard), daño que no se limitaría a las posibles futuras ventas del Leopardo sino en general a la industria alemana. No sería pues de extrañar las reticencias del Gobierno Alemán ante este riesgo. (Fernando Aguirre)

 

 


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