El programa de sustitución de motores del bombardero estratégico B-52H de la Fuerza Aérea de Estados Unidos (USAF) ha superado la Critical Design Review (CDR), un hito técnico clave que permite iniciar la modificación de los dos primeros aparatos a la nueva configuración B-52J con motores Rolls‑Royce F130. La revisión, en la que han participado expertos de la USAF, Boeing y Rolls‑Royce, valida el diseño completo del sistema de remotorización y confirma que cumple los requisitos operativos y técnicos antes de arrancar los trabajos de integración en aeronaves reales.
El B-52J Commercial Engine Replacement Program (CERP), gestionado por el Air Force Life Cycle Management Center con el apoyo de las direcciones de Bombarderos y Propulsión, sustituirá los antiguos motores Pratt & Whitney TF33 de los años sesenta por ocho F130 de nueva generación en cada avión. El objetivo es mejorar de forma significativa la eficiencia en consumo, el alcance, la fiabilidad y los costes de sostenimiento, además de aportar más potencia eléctrica para integrar sistemas y armamento avanzados que mantengan al Stratofortress en primera línea más allá de 2050.
Tras la CDR, Boeing, como contratista principal de integración, ha comenzado a fabricar y adquirir los componentes necesarios para la modificación de los dos primeros B‑52H en su planta de San Antonio (Texas), donde está previsto que llegue el primer bombardero para su conversión a B‑52J a lo largo de este año. Una vez completadas las modificaciones, ambos aparatos se trasladarán a la base aérea de Edwards (California) para una campaña intensiva de ensayos en tierra y en vuelo que validará los nuevos motores y sistemas asociados antes de extender la modernización al resto de la flota.
Según la información hecha pública hasta ahora, la remotorización se acompaña de la instalación de nuevos generadores en cada motor y de una profunda revisión de la arquitectura eléctrica y de otros subsistemas del avión. Este esfuerzo de ingeniería, que ha requerido años de diseño detallado y “ensayos en seco” entre la USAF y la industria, es descrito por los responsables de programa como un paso decisivo para asegurar que el B‑52 pueda seguir operando con garantías en escenarios de ataque de largo alcance durante varias décadas más.
Por su parte, Rolls‑Royce viene encadenando hitos en el desarrollo del F130, incluyendo pruebas a nivel del mar y ensayos de integración en configuración de doble góndola, así como la superación de su propia revisión crítica de diseño del motor, que tuvo lugar el año pasado. Estos avances han permitido definir la configuración de producción y allanar el camino hacia las fases finales de pruebas de altitud y fabricación en serie de los motores que equiparán a toda la flota de B‑52J. (José Mª Navarro García)






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