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Tensión en el Golfo

Es una verdad incontestable que el hombre es el ser racional capaz de las acciones más irracionales y, por ello, no deben extrañarnos actitudes de determinados estados o grupos que, por hacer prevalecer sus intereses sobre los de la colectividad, son capaces de generar situaciones que en un momento dado son imposibles de detener. Uno podría pensar qué interés tiene Irán en bloquear el estrecho de Ormuz, cuando es consciente de que se trata del punto estratégico más importante del mundo, y no sólo por los petroleros que lo circulan, sino, sobre todo, por la confluencia de intereses contrapuestos que coinciden en la zona.

Hay países que, por razones históricas, geográficas o económicas, tienen ambiciones estratégicas que van más allá de sus fronteras. En muchos casos, las reivindicaciones se encuentran en grandes imperios de la antigüedad o en razones religiosas. En Oriente Medio se han dado todos los componentes citados, ya que, a fin de cuentas, lo que llamamos civilización nació en aquellas tierras que dieron a la humanidad los grandes imperios. Persia ha sido tradicionalmente un país con aspiraciones dominantes, como también Turquía, a diferencia de los demás estados de la zona, que han vivido al pairo de estos dos grandes imperios de Oriente y de las potencias coloniales.

Durante la época del Sha, y con el apoyo occidental, Persia se convirtió en un agente de estabilidad, siendo un factor esencial para mantener los precios del petróleo estables, lo que fue fundamental para la recuperación de las economías occidentales después de la II Guerra Mundial.  En los años cincuenta y sesenta fue la gran potencia de Oriente Medio y satisfizo una gran parte de sus aspiraciones. Pero el coste de este sistema fue el crecimiento del radicalismo religioso que anidó entre los millones de desheredados del régimen.

Pero la llegada de Jomeini dio a estas aspiraciones tradicionales una nueva razón, la religiosa, de manera que Irán se convirtió en enemigo del mundo sunnita representado por Sadam Hussein, la familia real saudí y sus aliados y, en consecuencia, de Occidente. Irán ha pretendido desde 1979 convertirse en una potencia contra todo el mundo, a costa de la seguridad mundial y de su propio pueblo. Desde comienzos de los años ochenta inició su expansión, promoviendo de forma activa el terrorismo internacional, iniciando una carrera nuclear y lanzándose a una guerra de desgaste con Irak, por lo que no debe sorprendernos nada de lo que está aconteciendo.

En la actualidad existen tres factores que han provocado esta escalada del conflicto:

  • El acuerdo nuclear con Irán fue atacado por Trump desde las primarias de su partido, por considerar que no era justo para todas las partes. Mientras Europa respiraba al pensar que no habría misiles nucleares apuntando al Viejo Continente, la realidad era que nuestros aliados en la región se sentían cada vez más amenazados. Ese programa nuclear, se venda como se venda, sólo tiene un objetivo: convertir a Irán en el principal jugador nuclear de la zona. Solo así se entiende su secretismo y que coincidiera con la llegada de científicos nucleares y expertos en misiles de Paquistán y Corea del Norte. Que el garante de ese acuerdo fuera Putin añadía más sospechas de que Irán sólo pretende ganar tiempo para conseguir el levantamiento de las sanciones.
  • El régimen iraní ya no es el bloque monolítico de los noventa. Hoy en día existen fuertes movimientos sociales y políticos contra un sistema diseñado por ancianos en un país repleto de jóvenes. Por esta razón, las fuerzas más extremistas del régimen tienen numerosos incentivos para esta escalada de tensión en la zona y entre ellas debe incluirse a la Guardia Revolucionaria islámica, que es un cuerpo armado independiente, responsable del soporte a Hizbullá y a otros grupos terroristas en Yemen y de la intervención militar en Siria.
  • Estados Unidos cuenta con un sólido esquema de alianzas en la región. Las tres grandes potencias militares de la zona, Arabia, Egipto e Israel, son fieles aliados de Occidente, junto a otros países, como las repúblicas del Golfo y Jordania. El hecho que Turquía vaya un poco por libre, lejos de ser una amenaza, ha dejado al descubierto muchas de sus debilidades militares, alimentadas por sistema social que le define como el país de la eterna contradicción, entre un islamismo creciente y un laicismo muy asentado en las capas sociales medias y altas.

Los ataques a los petroleros sólo han podido llevarse a cabo por pequeñas embarcaciones que han salido de puertos o embarcaderos iraníes. Podría dudarse que el Gobierno de Teherán controle a todas sus fuerzas, pero sin duda las únicas que no van por libre son sus guardianes de la revolución, que disponen de los medios y capacidades para poner minas lapa en el casco de los grandes petroleros. El video mostrado por el Pentágono es una prueba definitiva de su implicación en unos ataques que pretenden escalar el conflicto para provocar una ruptura en la cada vez más frágil alianza entre Europa, la gran valedora del acuerdo con Irán por intereses económicos, fundamentalmente, y Estados Unidos.

No existe en el mundo un lugar de apenas 100 km2. más vigilado que Ormuz. Hasta un niño con su flotador de pato sería identificado por todos los sistemas de vigilancia, por lo que la autoría no genera muchas dudas. Sólo nos falta saber si la orden salió del primer ministro, del presidente o de los que realmente mandan en el país, más interesados en la diplomacia de las cañoneras, que en la negociación real y honesta.

Lo cierto es que una vez más estamos ante una situación de colapso; cualquier incidente en un área tan pequeña podría ser un casus belli y recordemos que tenemos a Arabia luchando contra chiitas en Yemen y con una ruptura de relaciones con Catar; a la alianza internacional en la guerra en Siria y a los grupos terroristas amenazando las ciudades de Israel, mientras Putin y Erdogan pretenden revivir viejos imperios; y sirios, iraníes e iraquíes tienen enfrente al pueblo kurdo, héroe en las guerras con el Estado Islámico y principal aliado de Estados Unidos. Y a todo esto se añade que el 30 por ciento del petróleo del mundo pasa por Ormuz. Una semana de corte llevaría el precio del barril de petróleo a hitos históricos y produciría una depresión semejante a la de 2009, pero ésta afectando a la economía real, no a la financiera: sus consecuencias mejor ni pensarlas.

Enrique Navarro

Presidente MQGloNet

Fotografía: El USS McFaul y el USS Gonzalez en el golfo Pérsico después de pasar el estrecho de Ormuz.


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