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El sostenimiento en las Fuerzas Armadas: La asignatura pendiente

Es cierto que, en el campo de las fuerzas armadas, las compras siempre resultan mucho más interesantes que los pequeños y a menudo desperdigados contratos de mantenimiento. Los ministerios de Defensa, cuando adoptan decisiones sobre qué sistema comprar o modernizar, actúan como un jurado de un concurso televisivo, donde solo tiene interés el resultado. Pero nadie se ocupa después qué ocurrió con la vida del premiado. Nadie se fija si supo mantener la línea que le hizo a triunfar. Lo mismo ocurre con el sostenimiento en las fuerzas armadas y por eso sigue siendo la gran asignatura pendiente. Mientras el Gobierno continúa con un impulso modernizador, pues fueron los diez meses más prolíficos en la aprobación de programas militares de toda la historia de nuestro país, no podemos asegurar que el pago de los mismos no se convierta en una nueva pesadilla y mucho menos que estos sistemas vayan a operar con normalidad, visto el éxito de operación de las plataformas adquiridas bajo los denominados programas especiales.

Si tuviéramos que describir las tres grandes debilidades de nuestro esquema de mantenimiento, serían las mismas de hace diez, veinte o treinta años, es decir, no hemos conseguido llamar suficientemente la atención sobre esta materia.

  • Insuficiencia de recursos: En comparación con los países que tienen un nivel de gasto similar, dedicamos a mantenimiento la mitad, ratio que ha empeorado en los últimos diez años. En 2019 hay el mismo presupuesto para ello que en 1975 y con unos sistemas absolutamente diferentes.
  • Lo anterior lleva a un mantenimiento low cost, que no está basado en índices de disponibilidad, sino en ratio de escaparate: disponer de unos pocos medios operativos a costa de la indisponibilidad de muchas plataformas, que en caso necesario se tardaría años en poner en orden de combate. Se contratan horas de mantenimiento por debajo del salario mínimo interprofesional. ¿Cómo pretende el Gobierno, que consume el 50 por ciento del PIB, que suban los salarios cuando es el más rata de todos los clientes a la hora de valorar los esfuerzos de los trabajadores y trabajadoras del sector?
  • Poco o nada se ha avanzado en la comunalidad y cada fuerza sigue comprando y sosteniendo sus sistemas. Después de cuarenta años de Ministerio de Defensa, la unificación es una tarea pendiente. La consolidación del sostenimiento en una agencia logística permitiría aprovechar economías de escala, fomentar la acción conjunta, generar masa crítica para la externalización y, además, obtener ingresos de operaciones extrapresupuestarias.

Para el futuro, y en orden a mantener los sistemas con la operatividad que exigen nuestros aliados, debemos adoptar acciones urgentes:

  • Es imprescindible un incremento de presupuesto paulatino, en torno al 15 por ciento anual para los próximos tres años; con aumentos en torno a 50 millones de euros anuales. Sólo con una línea de estabilidad creciente podrán utilizarse de forma eficiente los recursos. Si ahora se duplicara el presupuesto las ineficiencias serían enormes.
  • Creación de la Agencia de Logística de la Defensa, con un cuerpo común de administración y otro de apoyo logístico. Deberían asignarse todos los centros de mantenimiento a la nueva Agencia, así como los presupuestos, y sería responsable de garantizar a la fuerza la disponibilidad de los medios.
  • Debemos superar el concepto de compra de plataformas para sustituirlos por el de compra de sistemas. Cada nueva adquisición debe incorporar, tanto en el acuerdo de techo de gasto, como en sus anualidades de operación, los recursos para el mantenimiento, tanto preventivo como correctivo, así como las modernizaciones mayores. De esa manera se garantizará que cada inversión, que resulta tan costosa, cumple con los objetivos para los que se ha adquirido.
  • Unido a lo anterior, cada expediente de adquisición debería incorporar un informe de la Agencia Logística garantizando la comunalidad, así como la estimación presupuestaria.

La logística constituye las arterias del cuerpo de la defensa. De poco sirve tener mucho músculo si no llega la sangre de forma adecuada y constante. Siguen existiendo muchas reticencias a esta unificación, pero la continuidad de este modelo low cost es impropio de un país como España, una potencia económica, miembro de la Alianza Atlántica y primera línea de defensa de Occidente en el flanco Sur. Otro aspecto fundamental de la construcción de este nuevo esquema de sostenimiento será la implantación de un modelo PPP público-privado para la explotación de esos medios, basarlos en modelos de disponibilidad y no en la suficiencia de recursos. Esa colaboración permitirá aprovechar sinergias, optimizar los medios de los que disponen las empresas y los centros de mantenimiento y, sobre todo, mejorar la disponibilidad de los medios.

En cuanto a los procedimientos de contratación, las reformas deben ser profundas. El mantenimiento de los sistemas no puede adjudicarse a precio/hora. Es ridículo primar para los sistemas que garantizan nuestra defensa el precio sobre la calidad y la entrega. Asimismo, deben firmarse contratos de sostenimiento para un mínimo de cuatro años, que justifiquen realizar las inversiones necesarias. Otro aspecto clave son los acuerdos de cooperación industrial. No se entiende por qué no se exigen compensaciones, como hacen nuestros aliados europeos para las compras extracomunitarias, y que las mismas se dirijan a asegurar la mayor autosuficiencia posible en el ciclo de vida de los sistemas, lo que también se puede requerir a contratistas europeos a través del contrato principal y generar de esta manera mayor retorno industrial y, sobre todo, tener el dominio de los sistemas que operan nuestras Fuerzas Armadas.

La tecnología será sin duda otro aspecto fundamental. La revolución 4.0 es sobre todo un paso de gigante en los procesos industriales. Los sistemas basados en cadena de bloques permitirán optimizar precios y mejorar la comunicación entre proveedores y usuarios. En definitiva, siguen siendo muchos los retos, pero la puesta en marcha del nuevo plan inversor por el Gobierno permite ser optimistas sobre el compromiso de las instituciones con la defensa y la seguridad. Cuando un país invierte en su defensa y fuerzas armadas y se preocupa por su eficiencia y operatividad está enviando una señal inequívoca de confianza en el estado, en su unidad, permanencia y desarrollo social. Por eso es tan importante que la defensa, la política de estado por excelencia, disponga de los medios que nos hagan más fuertes a todos.

Por Enrique Navarro

Presidente MQGloNet


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