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¿Mundo VUCA?... ¡Mundo WARFARE!

Tropas españolas desplegadas en Letonia en el marco de la disuasión avanzada reforzada de la OTAN (Ministerio de Defensa)

En los últimos tiempos se ha generalizado un término pensado para definir de alguna manera los convulsos tiempos que vivimos, quizá para expresar de alguna manera tangible la imposibilidad de captar el mundo actual y en consecuencia, prepararse para un futuro más o menos predecible. Hablamos del término VUCA.

Este acrónimo se inventó a finales de los años 80 en la Escuela de Guerra del Ejército Norteamericano como un intento de definir las nuevas situaciones que se iban a afrontar en el futuro próximo. Así, se hablaba de que nos enfrentábamos a situaciones Volátiles y faltas de certezas absolutas, Inciertas (Uncertain), puesto que la Unión Soviética había caído, se estaba descomponiendo y todavía no se preveía un resultado estable, Complejo, puesto que empezaban a aparecer los problemas que estaban ocultos tras la directa confrontación entre bloques, y Ambiguo, ya que la falta de conceptos firmes ocasionaba malentendidos y conflictos.

La compleja actualidad

Pero, como de costumbre, la situación actual nos ha sobrepasado. Las características del siglo XXI no se pueden agrupar en tan pocas palabras. Quizá estemos sufriendo la conocida maldición china: “Ojalá vivas tiempos interesantes”, maldición aparentemente contradictoria, puesto que los “tiempos interesantes” son atractivos en los libros de Historia, pero para quienes los sufren, sus situaciones son intensas, llenas de cambios, de acciones, de decisiones… y de tragedias.

Y el siglo XXI parece que enfrenta “tiempos interesantes” para los historiadores del futuro. Hemos afrontado una pandemia mundial de consecuencias todavía desconocidas, estamos inmersos en una guerra en Ucrania, se nos viene encima una crisis alimentaria de falta de cereales, las migraciones amenazan la estabilidad de los Estados, y todo esto prevé futuras y cercanas crisis humanitarias, migratorias, energéticas…. Estamos viendo que VUCA es un concepto superado por los acontecimientos…

Entonces, ¿cómo podríamos definir el mundo actual? No es fácil, pero sí podemos ir analizando algunas características comunes a las sociedades y las interacciones humanas.

La primera característica es la conectividad.  El mundo actual está más conectado que nunca, todo se mueve en internet: compras, ventas, trabajo, ataques, defensas, relaciones humanas, etc. Los jóvenes son capaces de interactuar con sus amistades a través del ordenador de un modo que los adultos no somos capaces de imaginar.

En los años en que se inventó VUCA, lo máximo que se podía imaginar en conectividad era una larguísima conversación por teléfono. Ahora hay interacciones con millones de “seguidores” con los que se interactúa en tiempo real, y se recibe retroalimentación instantánea sobre la aprobación o desaprobación de nuestras conductas y actitudes.

La conectividad ha llegado a estar tan presente en nuestras vidas que todos tenemos una “segunda vida” digital, desde la que gestionamos miles de actividades, y la exposición en la red ha incrementado enormemente los delitos digitales, tanto que la mayoría de las empresas, (grandes y pequeñas) y los Estados y Ejércitos del mundo han creado un Departamento de Ciberdefensa.

Esa misma difusión de información no es lenta, pausada y razonada, lo que nos lleva a la siguiente característica.

La difusión es acelerada hasta niveles máximos. Hemos sobrepasado la volatilidad del VUCA, pues la aceleración que caracteriza al siglo XXI convierte las situaciones en volátiles. Volátil es un concepto indefinido que sólo se puede categorizar a posteriori, mientras que la aceleración es concreta, y medible, y esta aceleración imprime volatilidad. La conocida frase periodística “no hay nada más atrasado que un periódico de ayer” ha pasado a ser “no hay nada más atrasado que el “trendic topic” de hace quince minutos”.

Esta aceleración implica que los cambios en el mundo serán tan rápidos que nuestros conocimientos se quedarán desfasados, y será necesario aprender nuevas cosas o actualizarse constantemente. La capacidad de adaptación y de aprendizaje continuo será la clave de la diferenciación.

Cuando estudiaba bachillerato en los 80, un día comentamos en clase la velocidad de las revoluciones humanas, y comentamos los miles de años de la revolución paleolítica, la neolítica, la imprenta, la revolución industrial, la informática que se avecinaba, etc. Y pusimos en valor que cada revolución duraba mucho menos que las anteriores. En ese momento, uno de mis compañeros dijo una frase premonitoria: “A este paso, en el siglo XXI las revoluciones humanas serán revoluciones por minuto”. Y tenía razón.

La aleatoriedad es el siguiente punto marcado en el entorno del siglo XXI. Y su principal consecuencia es la imposibilidad de prepararse para un evento o situación predecible. Hemos abandonado la incertidumbre del VUCA, para observar que los sucesos no es que sean inciertos, lo que indica una cierta predictibilidad, es que son aleatorios, y no dependen de situaciones previas.

La aleatoriedad nos obliga a estar preparados para cualquier “Cisne Negro”, o “Rinoceronte Gris” que tengamos que afrontar sin saber cómo hacerlo. Esta aleatoriedad nos ha golpeado salvajemente durante la pandemia, y hemos pagado en vidas humanas nuestra incapacidad para afrontar estos hechos.

Destacamento Viespe del Ejército del Aire en Rumania, como parte de la disuasión OTAN (Ministerio de Defensa)

La ambigüedad o confusión es otra característica de los años que vienen es que serán, más que ambiguos, muy confusos. Lo que antes adolecía de falta de definición, de ambigüedad, manteniendo esta característica ha pasado a ser confuso. La ambigüedad inicial ahora está dirigida conscientemente hacia la creación de confusión en la sociedad.

Y se utiliza esta confusión para modificar la percepción de la realidad, y crear tendencias. Ya estamos viendo el poder de las noticias falsas o tendenciosas (fake-news) y su influencia en los movimientos de masas, tanto en internet como en altercados públicos (Black Lives Matter)

Radicular es otro término interesante que caracteriza a las situaciones actuales. Miles de pequeñas raíces se entrecruzan entre ellas sin tener una raíz principal que sustente a la planta. No existe una idea principal a la que otras secundarias apoyen o den sustento, sino que todas las ideas se apoyan entre ellas y crean una tupida red que mantiene la situación. La radicularidad supera la complejidad marcada en VUCA, el entorno no sólo es complejo, sino que las miles de ideas se entrecruzan de forma que es muy difícil aprehender todas sus implicaciones y que cualquier raíz puede ampliarse o desaparecer sin aviso previo. Todas las ideas pueden ser principales o secundarias según la situación.

Las organizaciones envueltas en toda situación han abandonado la jerarquía y los niveles de gestión tradicionales. Se han empoderado y actúan de modo autónomo, sin pedir permiso ni aceptar otras directrices que el seguimiento de una ideología o una guía general de comportamiento. Las redes y la capacidad tecnológica permiten que cualquier persona sea una creadora de opinión y palanca de movilización.

Dentro de este apartado destaca la fuerte corriente de empoderamiento femenino, donde las mujeres reivindican su valía, su reconocimiento y su aportación a la sociedad. Los pequeños equipos descentralizados serán la clave de funcionamiento para el siglo XXI.

Por último, es crucial incluir un aspecto clave en todas las situaciones actuales. La influencia del relato sobre las emociones humanas en el desarrollo y evolución del entorno. La capacidad de emocionar y dirigir a las sociedades es enormemente fuerte por la capacidad de actuar directa y precisamente sobre todos y cada uno de los individuos de una sociedad.

Primero nos emocionamos ante una situación, y después, a veces, pensamos sobre ella. En el siglo XX el discurso de un dirigente llegaba a pocas personas, quienes lo veían en directo, o lo recibían en su radio o televisión. Ahora esa misma influencia llega directamente a cada individuo, y este individuo recibe ese ataque a sus emociones primarias (miedo, rechazo o esperanza) en sus propios terminales digitales individuales, y ese relato modifica sus actuaciones.

Así, vemos que el siglo XXI será Conectado, Acelerado, Aleatorio, Confuso, Ambiguo, Radicular y Empoderado. Y si trasladamos los términos al inglés, lengua franca de la comunicación empresarial, vemos que será Wired, Accelerated, Random, Foggy & Ambiguous, Rooty and Empowered… and Storytelled, es decir... W.A.R.F.A.R.E.S.

Guerras

Guerra: la palabra que encierra el intento de organizar el caos y la incertidumbre. El siglo XXI será un tiempo de guerras. Guerras en plural, porque las guerras no serán únicamente militares. No se buscará solamente la victoria a través de acciones bélicas, sino que se utilizarán masivamente todas las herramientas de presión que se puedan utilizar.

Si Clausewitz situó a la Guerra como la fase final de la política en su frase, “la guerra es la continuación de la política por otros medios”, en el siglo XXI las guerras han pasado a ser parte de la política. Hemos pasado a “los tipos de guerra son los medios para imponer las políticas”.

Acciones bélicas, acciones económicas, acciones sociales, acciones migratorias… que fuercen a un país o a sus dirigentes a cambiar sus líneas de actuación. Lo vemos en Rusia, en Ucrania, en Argelia, en Turquía… Lo que nos lleva a afirmar que el entorno del siglo XXI no será VUCA, será WARFARE. (Fernando Pasquín Agero. Teniente Coronel de Artillería)

(Extracto de la conferencia realizada en la presentación del Manual de Inteligencia Económica y Competitiva, 2º edición, celebrada en la Escuela de Guerra del Ejército el pasado martes 20 de diciembre)

 

 


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