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La Armada y la industria española en la encrucijada iraní

Tras retirarse unilateralmente el año pasado del histórico acuerdo nuclear que Estados Unidos y otras potencias mundiales, Rusia, China, Francia, Reino Unido y Alemania, suscribieron con Irán en 2015 bajo la Administración de Obama, Donald Trump ha ido incrementando la presión sobre el Gobierno persa con una batería de medidas con las que espera imponer, por asfixia económica, la negociación de un nuevo acuerdo que se extienda también al programa iraní de misiles balísticos.

El despliegue en mayo de bombarderos B-52 en Catar, del buque USS Arlington, dotado de una batería de misiles antimisil Patriot y la entrada en el Golfo Pérsico del portaaviones USS Abraham Lincoln estuvieron precedidos de la decisión de Trump de volver a aplicar nuevas y fuertes sanciones a Irán, que afectan a compañías petroleras bancos y a la industria minera. Teherán había anunciado poco antes que dejaría de cumplir parte de los compromisos asumidos en el acuerdo nuclear de 2015.

En 2018, cuando Washington confirmó la ruptura del acuerdo con Irán y las sanciones consecuentes, la Unión Europea activó el llamado Estatuto de Bloqueo, a fin de proteger los intereses de las industrias comunitarias que habían iniciado relaciones comerciales con el país, entre ellas Airbus y Renault, que terminaron por cejar en el empeño ante la factura que habrían de pagar en Estados Unidos de persistir en vender a Irán. La alineación con la postura europea frente a Washington era entonces, dentro del sector aeroespacial y de defensa, prácticamente tónica general. La retirada, por decisión del Gobierno español, de la fragata Méndez Núñez del grupo de combate norteamericano en el Golfo Pérsico ha tenido ahora lectura bien distinta.

Desde no pocos foros se apunta a España como un socio poco fiable por haber tomado esta decisión que, efectivamente, ha puesto a la Armada en una comprometida situación y a sectores de la industria nacional en un escenario complicado, nadando en las enturbiadas aguas de las hoy tocadas relaciones bilaterales con Washington. Pero mientras las banderas permanecen, quienes ostentan su mayor titularidad se ven sometidos a las urnas cada cuatro años y la América de Trump, en guerra comercial con Europa, amenazando con la aplicación de enormes aranceles, es hoy el gran socio y aliado al otro lado del Atlántico.

Que Estados Unidos pueda estar engordando a conveniencia la amenaza bélica que hoy supone Irán entraría perfectamente dentro de lo posible. Ya pasamos por esto en Irak y el juego terminó muy mal. Pero ante el desatino de calentar el escenario del Golfo Pérsico más allá de la sensatez, España no debe responder con acciones improvisadas, que ponen en riesgo cuestiones de enorme importancia. La histeria y el golpe en la mesa no deben ser la tónica a este lado del Océano.

 


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