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Y llegó el COVID-19…

A las Fuerzas Armadas el COVID-19 las ha situado en primera línea de combate. En España, la aplaudida y esperada actuación de la Unidad Militar de Emergencias (UME) se ha complementado con la de distintas unidades de los tres ejércitos en la llamada Operación Balmis, en homenaje al médico militar Francisco Javier Balmis, al frente de la expedición que llevó la vacuna de la viruela a los territorios del Imperio español en América y Filipinas.

La presencia de los miliares se extendía a todas las comunidades autónomas. No puede haber una prueba más palpable del rol indispensable de la Fuerzas Armadas en un país del calibre de España, a las que no siempre en la historia de la democracia se ha prestado la necesaria atención y, por qué no decirlo, presupuesto para que puedan desempeñar el papel que tienen asignadas en la Constitución, no sólo defendiendo nuestras fronteras, sino apoyando a la comunidad internacional con acciones de paz y humanitarias cuando ha sido necesario y desarrollar operaciones de envergadura con los medios que tiene, ante una emergencia nacional como la que vivimos y de la que estamos convencidos que saldremos fortalecidos, para lo cual debemos contar con unas Fuerzas Armadas más fuertes y mejor dotadas.

Nuestros soldados luchan en la guerra más inesperada, pero que debía haber sido predecible, del Siglo XXI, exigiendo un aislamiento social sin precedentes. Al impacto no escapa parte del sector de defensa, cuya actividad industrial se ha visto alterada para proteger a los trabajadores. Este virus ha dado al traste, además, con algo esencial para el normal desarrollo de cualquier actividad económica: el planeamiento.  Pero es en este escenario de incertidumbre en el que hay que avanzar ahora y puede y debe hacerse. Esto pasará, extraeremos las lecciones aprendidas y continuaremos más fuertes.

Que la población pueda contagiarse de una corriente de empatía y agradecimiento hacia las Fuerzas Armadas españolas es para los dirigentes de algunas comunidades autónomas un temor mayor que el contagio mismo del COVID-19. Lo cierto, con pequeñas cuantitativas y cualitativas excepciones, es que esta crisis sanitaria se ha convertido en la mayor y más efectiva campaña de acercamiento a la población de las Fuerzas Armadas. En palabras del jefe de Estado Mayor de la Defensa, general Miguel Ángel Villarroya Vilalta, la lucha requiere disciplina, espíritu de sacrificio y moral de victoria. De esos tres conceptos los militares pueden dar grandes lecciones.

En Iberoamérica, donde las medidas de contención ya han impactado con fuerza, los militares se han incorporado, como no, a esta nueva lucha. Otra más en una región en la que están asumiendo un protagonismo creciente en operaciones de seguridad interior y de apoyo a la población frente a catástrofes, desde la protección de fronteras, a la de infraestructuras críticas, actuando para salvar vidas en los graves y tan frecuentes escenarios naturales o en la contención del más puro vandalismo callejero en el que ha tornado el derecho de manifestación en algunos países. De esto último bien saben las Fuerzas Armadas chilenas, que ahora vuelven, como tantas otras veces, a primera línea para contener la infección del COVID-19.


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