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Perú en la encrucijada: El Gobierno ante las Fuerzas Armadas

La economía peruana es la que ha disfrutado del mayor crecimiento económico del siglo en América Latina y la que más ha reducido las desigualdades y la pobreza. Es mucho el camino que queda por delante, pero el esfuerzo de innovación y progreso que la sociedad peruana ha hecho en los últimos treinta años es todo un ejemplo de buena gestión. Perú es ahora un referente en la región.

No se puede entender estratégicamente Iberoamérica sin contar con esa nación andina, que hoy en día se posiciona por encima de otros países que tradicionalmente fueron mucho más relevantes en el pasado. Pero los liderazgos para consolidarse necesitan de una apuesta por el país y su desarrollo y esto pasa necesariamente por reforzar las Fuerzas Armadas, que han sido un pilar fundamental en la restauración democrática del Perú tras la marcha de Fujimori.

Se han sometido a los poderes democráticamente elegidos y soportado en sus carnes la lacra del terrorismo, que solo pretendía la subversión, el narcotráfico y la explotación de los más débiles para sus pérfidos intereses. El reforzamiento del papel del Perú pasa por varios ejes de modernización de sus Fuerzas Armadas, en coordinación con los objetivos generales de la nación.

Las Fuerzas Armadas necesitan garantizar la soberanía territorial y marítima y para ello se necesitan programas como el nuevo 8x8 para el Ejército; las fragatas y los submarinos para la Armada; y la aviación de combate. La inferioridad regional del Perú es injustificable desde todo punto de vista. Los despliegues deben adecuarse a las nuevas amenazas. No se trata de generar un ambiente militarista, ni de incrementar la tensión con los vecinos, sino de garantizar los derechos y asumir las obligaciones que al país le corresponden ante los retos actuales.

En segundo lugar, todo este esfuerzo inversor debe coadyuvar al desarrollo económico del país, al fortalecimiento de capacidades tecnológicas, a la creación de empleo y a la reducción de las desigualdades. Una agresiva política de offset indirecto, especialmente unida a estos necesarios programas, traería el mayor impacto de las últimas décadas. Perú debe ser mucho más que un productor de materias primas. Su industria tiene que liderar la región en electrónica, materiales, construcción naval y mantenimiento aeronáutico.

Pero el offset indirecto, como ha ocurrido en otros tantos ejemplos, puede ser un driver fundamental de programas sociales, de integración de comunidades, de micro desarrollos económicos, en definitiva, un poderoso instrumento de justicia y desarrollo. Detrás de todo este esfuerzo material y económico, están los hombres y mujeres de las Fuerzas Armadas. Ninguna otra institución Del estado llega a tantos sitios y tan remotos como los militares.

En muchos casos constituyen la única institucionalidad que se conoce. Contribuir al reforzamiento de sus capacidades, significa reforzar aquellas áreas que hoy están más dejadas. Los productores y recolectores de estas tierras necesitan modelos económicos sostenibles y requieren incorporar valor añadido a sus productos, para que no caigan en las redes de los especuladores que abusan de su posición dominante para tirar los precios.

En definitiva, el país se encuentra ante un gran reto y una gran oportunidad. El actual Gobierno, con una orientación social más acusada, debe hacer suyo este tremendo esfuerzo y dirigirlo de una forma inteligente para un más rápido cumplimiento de sus objetivos. No va a encontrar un mejor aliado. La experiencia con el offset en Perú ha sido muy limitada, condicionada en muchos casos por las propias condiciones en las que se han negociado los contratos de compras.

La sostenibilidad de muchos proyectos aprobados se ha visto debilitada por la insuficiente asignación de recursos. La política de compras e industrial de la defensa requiere de una aproximación global, desde la formulación de los requerimientos operativos, hasta el apoyo al ciclo de vida, incluyendo los aspectos industriales y tecnológicos. Compartimentar estas tareas no es la solución, pues todo el ciclo de planeación debe estar imbuido de esta política.

Una adecuada reformulación de la legislación sobre el offset debería abrir la puerta al indirecto, aquel que no está relacionado con el suministro, y que produce efectos económicos en otros sectores ajenos a la defensa, aunque todos sabemos que cada vez la línea que separa lo civil de lo militar cada vez es más difusa. En este sentido, la industria a través de sus asociaciones, debe alentar este proceso y convertirse en el principal interlocutor del Gobierno y de las Fuerzas Armadas para conseguir unos ambiciosos objetivos.

No existe ninguna razón para no proceder de esta manera. Los recursos de que dispone el Perú y su capacidad de endeudamiento son herramientas que deben ponerse al servicio del desarrollo económico y social. SITDEF 2021 ha mostrado sobre todo el interés de las grandes corporaciones industriales por el país, por participar en sus programas. Este es el tipo de compañías que se necesitan en el Perú, con amplia experiencia en el cumplimiento de sus contratos y en la generación de atractivos proyectos de offsets.

Espero que el Gobierno entienda que las Fuerzas Armadas, su desarrollo y la adquisición de capacidades serán, sin dudas, el mejor instrumento al servicio de sus objetivos políticos, económicos y sociales. (Enrique Navarro, Presidente MQGloNet)


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