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La segunda fase de la Guerra de Ucrania

Casi dos meses después del comienzo de la invasión de Ucrania por Rusia, nos encontramos ante una nueva fase de la guerra. La primera, terminó en un tremendo fracaso para Moscú, incapaz de conseguir sus tres objetivos primarios: la caída del Gobierno de Zelenski, impedir la ampliación de la OTAN y el control del Donbass. Rusia nunca estimó un largo y penoso asedio para tomar la capital y, cuando se percató que la resistencia iba a ser épica, decidió variar los objetivos para no morir en las puertas de Kiev. Además, para esta estrategia necesitaba a Minsk, pero Bielorrusia apenas tiene capacidad militar y su presidente llegó a la conclusión de que esta guerra podría acabar con su dictadura, que dura ya casi treinta años, por lo que le hizo un Hendaya a Putin.

Ahora se trata de controlar el Este del Dnieper y reducir Ucrania a un estado fallido, al expoliarle grandes zonas agrícolas y mineras. Reducir la invasión sólo a las regiones del Donbass les dejaría en una situación táctica muy débil frente a Ucrania y condenaría a Crimea a quedarse sin agua potable. Sin embargo, esta nueva fase también fracasará, a pesar de que será larga en el tiempo y penosa en cuanto a la destrucción y muerte que dejará. Seis serán los inevitables errores de Putin que le conducirán a replantear en unos meses las operaciones, hasta el punto de considerar una paz de mínimos.

Las tropas rusas están exhaustas tras meses de despliegues y operaciones, con una moral por los suelos. El hundimiento del buque insignia de la flota del Mar Negro es, sobre todo, un aviso de la capacidad bélica de Ucrania, que todavía dispone de lanzaderas de misiles, radares, y armamento ligero. Colocar a la Armada al alcance de misiles ucranianos es un error por el que se ejecutaban almirantes no hace mucho tiempo. Un ataque frontal en las llanuras del Este será un calvario para Rusia, que solo tendrá como recurso destruir las ciudades, sin que por ello consiga ninguna ventaja táctica.

Una operación como la que plantea Rusia debería ser una combinación de fuego aéreo y de artillería durante semanas para destruir las posiciones ucranianas y, posteriormente, lanzar los carros de combate y la infantería, pero se defienden con alta movilidad y escasa infraestructura que destruir. Adentrarse en las llanuras puede ser el final de las divisiones blindadas rusas. Moverse por una meseta de 600 km. de ancho y 300 de profundidad es una operación complicadísima, que requerirá miles de plataformas y centenares de miles de hombres, que ya sabemos que Rusia no tiene. La deficiente logística se acentuará en esta fase.

Es famosa la frase del general Bradley de que los aficionados hablan de estrategia y los profesionales de logística. Este ha sido sin duda el Talón de Aquiles ruso. Sus poderosas armas de combate con ruedas pinchadas durante días; el uso de camiones civiles con nula capacidad off the road; la ausencia de carros de recuperación y de zapadores y la falta de combustible y de munición en las primeras líneas, son deficiencias imperdonables en una invasión. Ha sido nula la capacidad de reparar los vehículos dañados en segunda línea y, el error más grave, los depósitos que deben apoyar las operaciones no pueden estar a más de 200 km. del frente; es decir, la logística tiene que avanzar con el ejército.

Es imposible lanzar una operación en Ucrania apoyándose en exclusiva desde Rusia. La vulnerabilidad de estos desplazamientos amenaza con cortar drásticamente las líneas de suministro y, en el caso de la ofensiva en el Este, estos problemas se multiplicarán por diez. Recordemos que fue Eisenhower quién detuvo a Patton en su marcha acelerada hacia París, para no alejarse de sus líneas de suministro, lo que hubiera llevado a una complicadísima situación a las tropas aliadas. Rusia no tiene ni doctrina ni capacidad para adentrase en territorio ucraniano en estas condiciones.

Ha despreciado el factor tiempo, considerando que jugaba a su favor. Mantuvo durante meses a sus tropas alrededor de Ucrania, permitiendo preparar al país para la invasión. En esas semanas entre noviembre y febrero, Ucrania recibió combustible, munición, puso sus fábricas a buen recaudo y comenzó a recibir material militar. En estos dos meses de fracaso militar, Rusia ha permitido que Ucrania no reciba ya solo lanzacohetes y armas cortas, sino una amplia panoplia de equipos, mientras que ha sido incapaz de cortar Internet y la telefonía en el país, perdiendo asimismo la batalla de la comunicación.

En estos dos meses, Ucrania ha equilibrado la balanza, aunque tiene un tremendo hándicap, la ausencia de medios aéreos. No obstante, su capacidad de defensa antiaérea compensa en gran parte esta carencia. Rusia ha demostrado un gran atraso tecnológico en sus sistemas. Los aviones y helicópteros no salen para evitar a los misiles de corto alcance; han debido sacar a sus unidades navales fundamentales para apoyar las operaciones en la costa del radio de acción de los misiles, perdiendo una inmensa capacidad de fuego, de protección y dirección de sus unidades aéreas, que ahora están cegadas.

Sus sistemas de armas están obsoletos y carecen de capacidades que Occidente ha suplido hace décadas. Mantiene una gran capacidad de fuego, pero es incapaz de llevarla al frente y de generar una ventaja táctica. La ofensiva rusa en el Este requerirá de un frente muy amplio y profundo, en el que deberá tomar ciudades como Jarkov; Dniepetrovsk con un millón de habitantes; Zaporiya, con 716.000; y, al menos, otras diez urbes de más de 200.000 habitantes. Es decir, que veremos repetidas en varias ocasiones las imágenes de Mariupol. Las muertes de civiles por la ofensiva del Este excederán de las 100.000 y Rusia podría sufrir decenas de miles de bajas.

Ya no cuentan con la protección de las marismas del Sur de Bielorrusia y Norte de Ucrania; las tropas rusas deberán moverse en campo abierto y la única opción de que esto sea exitoso es a base de destruir todo cuanto se encuentren por delante de sus líneas con la aviación estratégica de reducida precisión y gran capacidad destructiva, y la potente artillería rusa, con los riesgos de esta exposición. Las posibilidades de una clara victoria rusa se diluyen cada día, pero eso no es lo más grave para Moscú; es que ahora conocemos después de ochenta años la realidad que intuía­mos de su poderío militar, incapaz de desarbolar a un estado fronterizo con un Ejército muy inferior.

 

Por Enrique Navarro

Presidente MQGloNet


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