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No es Brahim Ghali

El acogimiento en España por motivos humanitarios del líder Polisario, Brahim Ghali, enemigo de España en la década de los setenta, sólo es una excusa, un motivo para la querella. Marruecos persigue un objetivo de más calado, hacer visible su fortaleza como potencia regional, posición a la que aspira en el Mediterráneo occidental y el Norte de África y que le permitirá sacar ventaja en cuantas negociaciones presentes y futuras tenga que abordar. Y lo ha hecho sin necesidad de utilizar su creciente poder militar, sino aprovechando, una vez más, la vulnerabilidad de su oponente en un conflicto en zona gris. Es en este marco de enfrentamiento es cómo debe analizarse esta crisis. Resulta incomprensible como un movimiento de civiles organizado por las autoridades marroquíes, que incluía centenares de niños, no fuera detectado por los servicios de inteligencia españoles. Es una grave repetición de lo ya ocurrido en julio de 2002, cuando fuimos sorprendidos por la ocupación del islote de Perejil.

El CNI es el derrotado en esta crisis con Marruecos, cuyos servicios de Inteligencia no tardaron en detectar la presencia de Ghali en un hospital de La Rioja, poniendo de relieve la chapuza organizada para atenderlo en España. Un enfrentamiento militar no es creíble. Las relaciones económicas e intereses compartidos, no solo con España, sino con la UE, son garantía de paz, al menos mientras la monarquía alauita conserve el poder frente a envites yihadistas desestabilizadores. Esta estabilidad es el principal interés de España, Europa y, por supuesto, de su principal valedor: Estados Unidos, que ya lo apoyó en 1975 con la Marcha Verde. Es un ejemplo histórico de la maestría marroquí en la explotación de las vulnerabilidades –en aquel entonces la agonía de Franco– sin necesidad de emplear la fuerza militar, entonces insolvente frente a las Fuerzas Armadas españolas, mucho mejor dotadas y preparadas. La paz no significa inexistencia de intereses contrapuestos y conflictos latentes.

Marruecos tiene claros sus objetivos y sabe hacer uso de la paciencia estratégica. No dudará en aprovechar las oportunidades y un entorno favorable, como la inmigración. Así lo hizo con el Acuerdo de Abraham para obtener el reconocimiento estadounidense de su demandada soberanía sobre el Sahara occidental. España debe aprender del pasado, conocer sus vulnerabilidades para mitigarlas y aprovechar, en una acción de Estado coordinada, las de su oponente. Esta grave crisis debería hacernos reflexionar y reaccionar. Son muchos los intereses de España en juego, como la reclamación de Ceuta y Melilla. Asociada a esta, la delimitación de los espacios marítimos en la zona del Estrecho de Gibraltar. Y la más reciente, la ampliación unilateral de su Zona Económica Exclusiva, solapándose con la española de las Islas Canarias. Esto sin olvidar la competencia comercial que representa para España y sus puertos la gran infraestructura portuaria, financiada por China, de Tanger-Med.

Respecto a la fortaleza militar, si bien dijimos que no es previsible un enfrentamiento armado, no obviemos que pueden producirse escaladas militares en zona gris y disponer de una fuerza creíble con efecto disuasorio es fundamental. España lleva años perdiendo su credibilidad disuasoria por la falta de sostenimiento de sus Fuerzas Armadas y renovación de materiales, como denuncian repetidamente los mandos militares. Nadie puede asegurar que en nuestro vecino del Sur no se desencadene una crisis similar a la Siria. Marruecos padece graves desequilibrios internos que pueden generar una crisis social que, sin duda, sería aprovechada por el yihadismo. Su actual poder militar en las manos equivocadas representaría un grave problema para España.


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