Cuando escribo este artículo, Estados Unidos e Israel cesaron sus operaciones militares y se adentran en negociaciones con Irán con un objetivo estratégico que no existía antes de la guerra y que fue creado por Irán para ceder una victoria pírrica: abrir el estrecho de Ormuz. El régimen de los ayatolahs continuará, pero sin capacidad militar, descabezado y con un futuro incierto. Israel también ha diezmado la capacidad militar de Hamas y de Hezbola y se adentrará en un periodo nuevo tras las elecciones de octubre, que seguramente supondrán un cambio de Gobierno, como ocurre siempre cuando las guerras terminan.
Las IDF (Israel defense Forces) están exhaustas y necesitan una paz prolongada para recuperarse del esfuerzo militar de tantos años. Se abren, por tanto, nuevas oportunidades de tranquilidad en los conflictos y esta es una excelente noticia. La crisis de Irán muestra también que China y Rusia, sus aliados, apenas han hecho algo más que unas tibias críticas, pero en estos momentos Xi Jinping, que ha concentrado todo el poder en China, se prepara para una reunión de amplio espectro con Trump.
Beijing necesita estabilidad para continuar con su faraónica obra de ser la primera potencia económica de mundo y las turbulencias generadas por Trump no ayudan a conseguir ese objetivo, y también está interesada en la estabilidad a corto y medio plazo.
En Ucrania, la guerra adormece, de vez en cuando con una andanada rusa de misiles, pero cada día se asienta el convencimiento de que no habrá victoria militar sobre el terreno. Kiev ya es capaz de desarrollar capacidad militar para sostener una guerra de baja intensidad y ya de nada le sirve a Putin continuar con este esfuerzo. Así lo declaraba el presidente finlandés: estamos muy cerca de las condiciones para una paz en Ucrania. No se habrá resuelto nada del todo, pero la simple suspensión de los combates abrirá un escenario muy diferente.
Finalmente, Trump se enfrenta a unas elecciones de medio termino en noviembre que se presentan muy negativas para el presidente peor valorado de la historia en su segundo año mandato, peor que Carter durante la crisis de los rehenes en Teherán. La victoria en el Congreso, e incluso con mucha suerte para los demócratas, en el Senado, prometen una segunda parte del mandato presidencial explosiva, para la cual Trump no está preparado.
Es una Presidencia que se amortiza aceleradamente, como si Trump fuera consciente de los tiempos que dispone. Si estas premisas se cumplen, ¿qué pasará con el esfuerzo militar de Europa?; ¿la disolución parcial de las amenazas nos devolverá a un escenario de pacificación?; o ¿los países europeos continuarán con el esfuerzo bélico con el coste que supone ante las lecciones aprendidas?
La respuesta es que irá por barrios
Europa del Norte, ante la continuidad de Putin en el poder, no se dormirá, especialmente ante la retirada de Washington del escenario. Alemania, Polonia y los países nórdicos mantendrán un gran esfuerzo militar, pues es la única manera de contener a Putin. Por otro lado, las 2 potencias globalistas europeas, Francia y Reino Unido, atraviesan difíciles momentos económicos y políticos, pero ante el auge de los países al Norte del Rin, no van a dejar ni el liderazgo nuclear europeo, ni se van a quedar atrás.
Pero su peso ante el nuevo escenario continuará disminuyendo. Alemania y sus satélites se convertirán en actores fundamentales en la defensa de Europa, sin capacidad nuclear de momento, pero se va a producir una mayor concentración del poder político, económico y militar alrededor de Berlín y esta es la consecuencia más clara que deberá afrontar Rusia: tener enemigos en Europa que sean superiores en términos convencionales.
¿Y los PIGS (Portugal, Italia, Grecia, Spain), cómo vamos a afrontar esta nueva etapa? La experiencia y las sensibilidades conducen a pensar que el programa de rearme quedará muy matizado y que objetivos superiores al 2 por ciento del PIB (Producto Interior Bruto) serán guardados en el cajón. Más bien deberíamos esperar una desaceleración, especialmente si se produce algún fenómeno de recesión económica.
En cualquier caso, una continuidad del actual Gobierno más allá de 2027 supondría un escenario de regreso a los dividendos de la paz, ante la carencia de presiones extremas desde Washington y la eventual calma del escenario internacional. No sabemos si un cambio de Gobierno implicaría un cambio sustancial en esta tendencia o se mantendría una situación de ligero descenso del gasto militar y, en especial, de los programas.
Los demás países del Sur, por su mayor irrelevancia geoestratégica, como España, podrán retornar a una senda de menor gasto en defensa ante la necesidad de recuperar terreno económico y político ante las economías del Este de Europa, que se muestran mucho más boyantes, lo que tampoco es una buena noticia, ya que el peso de esta UE tornará de Berlín para el Norte y para el Este, y esta sí es una pésima noticia para nuestro país.
El futuro Gobierno tendrá más información de la que tenemos hoy. Sería una pésima decisión no mantener el esfuerzo inversor en Defensa e incluso no incrementarlo en el escenario descrito. Ninguna de las raíces de los conflictos ha desaparecido y no podemos olvidar que la nueva guerra fría tiene sucursales muy peligrosas en el Magreb y en el Sahel. África entrará de forma impulsiva en la escena geoestratégica y económica mundial en las próximas décadas y somos el país europeo más expuesto a esta disrupción.
Perder peso político en la nueva Europa dominada por la burbuja del Norte y Este es algo que no nos podemos permitir. Nuestros intereses y posiciones necesitan tener una voz fuerte en una Europa que ya no se medirá por el número de camas hospitalarias o de plazas escolares o por el importe de las pensiones, sino por la capacidad tecnológica, industrial y militar.
En un proceso de generación de capacidades europeas no podemos diluirnos para soplar y absorber a la vez. Esta opción ya murió para nuestro país. Estos conflictos han advertido sobre las dependencias y la falta de soberanía industrial y tecnológica de Europa. Estados Unidos y China se distancian a velocidad cósmica del Viejo Continente.
El mundo tecnológico disruptivo, las billonarias inversiones en IA de los gigantes asiáticos y Estados Unidos y los avances científicos y económicos, gracias a las nuevas tecnologías, ahondan el gran gap con respecto a Europa e Iberoamérica, que aun vivirán en la revolución industrial nacida de Internet y la digitalización y que ya fenece en las grandes potencias tecnológicas mundiales, ante la robotización, la explotación del espacio y el potencial de la IA. Los conceptos de soberanía y progreso tecnológico van muy unidos a las capacidades militares.
El acceso a minerales raros, semiconductores de nueva generación y nuevos desarrollos tecnológicos con aplicaciones militares serán imprescindibles para no ser relegados en el mundo de las grandes potencias. Sin una Europa más dinámica y enfocada hacia la tecnología, la soberanía energética, industrial y de materias primas, y al mantenimiento de las capacidades militares que disuadan a todos de emprender una nueva guerra contra Europa, mientras desarrollamos capacidades nos hagan más inmunes a las turbulencias globales, estaremos abocados a un estancamiento y a un envejecimiento que nos hará irrelevantes. Esto no es una cuestión de orgullo, sino que clave para mantener el sistema de vida español y europeo. (Enrique Navarro. Presidente MQGloNet)






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