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La crisis militar con Argelia

Pedro Sánchez posa junto al presidente de la República argelina.
Pedro Sánchez posa junto al presidente de la República argelina.

Las recientes medidas adoptadas por el Gobierno de Argel para restringir los intercambios políticos y comerciales con España son de las más agresivas que un estado ha adoptado unilateralmente contra otro desde el final de la Guerra fría. Esta situación, por su envergadura, no puede estar supeditada a un cambio de criterio sobre una cuestión internacional compleja pero no relevante para la seguridad internacional. En primer lugar, debemos recordar que Argelia es un firme aliado de Putin, hasta el punto de ser el único país del mundo en recibir los Su-37 de quinta generación fabricados por Sukhoi.

No solo eso, sino que dispone de submarinos con muy escasa señal, con capacidad de lanzar misiles estratégicos Kalibr que podrían barrer la Península Ibérica en unos pocos minutos sin capacidad de respuesta. Estos sumergibles de última generación rusos no tienen como objetivo Marruecos, sino el Mediterráneo. Se ha negado a apoyar todas las resoluciones internacionales condenatorias de la invasión. Además de ese posicionamiento externo, no podemos dejar de lado la deriva autocrática del régimen argelino, que está desarmando a toda la oposición política. Es decir, Argelia es hoy una dictadura militar bajo el paraguas de Moscú.

España, con su tradicional política del avestruz, vivió tranquilamente recibiendo el gas argelino y manteniendo a Marruecos en un segundo plano, aun cuando se le diera un protagonismo de escaparate, mientras que mostraba su apoyo tácito al Frente Polisario, pero sin mostrar ninguna acción que pudiera resultar hostil para Marruecos. Es un equilibrio que solo está al alcance de las grandes potencias. ¿Cuáles son los dos hechos trascendentales que han conducido a que el único responsable de este desaguisado, el presidente, haya cometido el error estratégico más importante de nuestra historia reciente y que puede abocarnos, no solo a una crisis energética, sino incluso a un conflicto militar?

La creciente presencia rusa en África, con el ejército privado de Wagner, las concesiones rusas y chinas, los golpes de estado que se han producido en los últimos cinco años en el Sahel y Golfo de Guinea, la guerra de Libia, el terrorismo islamista, alertaron a Estados Unidos de la más que probable victoria de Moscú en el Magreb y en el Sahel y para ello necesitaba un aliado fuerte, estable y que, sobre todo, tuviera una trayectoria contraria a los intereses de la alianza ruso-árabe y ahí Marruecos es la pieza clave. Washington consiguió que Rabat triplique su gasto militar, ha puesto a Israel y su tecnología a su servicio y le ha suministrado sus mejores equipos militares.

Hoy Marruecos tiene el Ejército mejor armado y preparado de África junto a su vecino Argelia. Es decir, Marruecos es el gran aliado de Occidente frente al Kremlin y Argel. La victoria de Argel y del Polisario contra Marruecos en el Sahara, supondría una amenaza enorme a los intereses occidentales en la zona, y de ahí que la posición en Europa respecto del problema saharaui haya virado hacia una solución pragmática: que el aliado de Occidente controle el acceso al Atlántico de Argelia impidiendo el triunfo del Polisario, permitiendo una autonomía en el Sáhara que el fondo facilite el control militar del territorio.

En todo este entorno tan complejo, hemos cometido varios errores de bulto, cada uno de ellos en un sentido diferente y que han conducido a la situación actual.  La llegada de Brahim Gali a España llevó a Rabat a unas acciones agresivas contra España sin precedentes: envío de civiles, emulando la Marcha Verde, a Ceuta, ocupación de zonas marítimas españolas, cierre de fronteras bilaterales y retirada de embajador. Saberse apoyado por Occidente le permitía a Marruecos lanzar este órdago, que España fue incapaz de responder o sostener. En este entorno, Argelia se sentía triunfadora en el conflicto, lo que perjudicaba enormemente a los intereses occidentales.

España recibió un claro mandato: había que restituir la relación bilateral con Marruecos, especialmente en el entorno del conflicto de Ucrania. Ceder ahora a las pretensiones argelinas contra Marruecos era de una gravedad extrema para nuestra seguridad. El presidente entonces se encuentra ante el hecho de que debe ceder con Rabat y organiza el viaje para reunirse con Mohamed VI, muestra un cambio de postura moderado con la posición respecto del Sahara y obtiene garantías de que la normalidad retornará a las relaciones bilaterales, pero en la diplomácia las heridas tardan en cicatrizar y todavía tenemos contenciosos importantes con Marruecos sin resolver.

Pero, el Gobierno sabía que Argel no iba a permanecer de brazos cruzados y entonces inventó el espionaje de Pegasus para convencer a Argelia de que Marruecos, a pesar del acercamiento, seguía siendo hostil a los intereses de Madrid, pero, claro, esto no ha colado. Argelia, siguiendo instrucciones de Putin, ha decidido dinamitar a la Unión Europea negociando con Italia acuerdos preferenciales de suministro de gas, en la esperanza de que Francia e Italia, que son los aliados más débiles de la alianza contra Putin, sucumban a la trampa. La suspensión del Tratado de Amistad y el cierre de relaciones bilaterales, es la culminación de su objetivo político: poner a España dentro del eje del mal contra Argel.

Se trata de una acción que en otros momentos de la historia habría sido considerada como el preludio de una guerra. ¿Por qué Argelia decide ahora dar este golpe de gracia?, por la propia debilidad política del Gobierno, conocedor de que la mayoría que apoya a Sánchez, incluyendo a una buena parte de sus propias filas, está más cerca de Argel y Tinduf que de Washington y Bruselas. Cuando dos países esta inmersos en la mayor carrera de armamentos de lo que va de siglo y cada uno es apoyado por un bloque, la historia nos muestra que las posibilidades de entrar en un conflicto militar son enormes y ahora España ha pasado a ser parte de esta dinámica y deberíamos prepararnos para lo peor.

Cuando Marruecos ocupó Perejil, pedimos apoyo a la Unión Europea, que se puso de perfil; Estados Unidos no nos autorizó a usar material militar norteamericano, como ocurrió en Sidi Ifni; Francia, en su línea, apoyó a los dos bandos e Italia esperaba ver cómo sacaba tajada del momento. Es decir, no podemos esperar nada de la Unión Europea ni la OTAN para resolver este problema. Lamentablemente estamos solos y, encima, ni Biden nos presta atención. Sin embargo, no es una situación que pueda alargarse en el tiempo, ya que sus consecuencias pueden ser muy profundas.

Por Enrique Navarro

Presidente MQGloNet


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