Bazooka es el nombre informal dado al Instrumento Anti Coerción de la Unión Europea aprobado en 2023, después que, dos años antes, Lituania sufriera una campaña de acoso y derribo comercial por parte de China tras anunciar la mejora de relaciones comerciales con Taiwan. A ese mecanismo, un conjunto de medidas económicas y fiscales, amenazan países de la UE con recurrir para responder al presidente estadounidense Donald Trump si persistiera en sus pretensiones de hacerse con Groenlandia, de una manera u otra, argumentando que es necesario controlar la isla antes que lo hagan Rusia o China y la incapacidad de los europeos para protegerla.
El 17 de diciembre, Trump anunciaba, una vez más a través de redes sociales, la imposición de aranceles adicionales a Dinamarca y a los 7 países europeos que habían anunciado el envío de tropas a Groenlandia (Noruega, Suecia, Francia, Alemania, Reino Unido, Países Bajos y Finlandia). Estados Unidos, en la más pura línea de actuación de su actual presidente, amenazó con aplicar un 10 por ciento adicional a partir de febrero y escalar hasta un 25 en junio y seguir subiendo hasta que Dinamarca acepte vender Groenlandia. Alemania, Francia y Reino Unido enviaron un limitado número de soldados para una misión de reconocimiento, que ha duraba escasamente 48 horas, despliegue que, como ilustraba una foto recogida por los medios, cabía en 2 autobuses.
Si uno no está en la mesa, se arriesga a estar en el menú, son palabras del primer ministro de Canadá, Mark Joseph Carney, durante el Foro de Davos, una llamada contra la inacción de los países ¿aliados? de Estados Unidos, instándolos a reaccionar con contundencia a las pretensiones de Trump. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, anunció que no se dejaría presionar por la Casa Blanca y el presidente francés, Enmmanuel Macron, su intención de solicitar la aplicación del ACI (Anti-Coercion Instrument), a lo que se sumó el primer ministro irlandés, Micheál Martin, además de solicitar a la OTAN la realización de un ejercicio en Groenlandia que deje claro su interés por la seguridad en el Ártico.
Efectos del ACI
De carácter eminentemente disuasorio, el ACI es una herramienta para defender la soberanía de la UE recurriendo a aranceles, restricciones a inversión, exclusión de licitaciones públicas y limitaciones a derechos de propiedad intelectual de empresas del país coercitivo. Golpearía, sobre todo, de ejecutarse, el acceso de las estadounidenses a contratos, inversiones y mercados en la UE. De darse, el impacto neto en la industria de defensa de Estados Unidos sería más de erosión progresiva de cuota y dependencia europea que de colapso.
Un hipotético escenario de restricciones en contratación pública podría excluir a grandes firmas estadounidenses de programas europeos de defensa financiados por la UE, empujando a optar por plataformas europeas, incluso cuando aquellas sean más competitivas. Ante la inestabilidad de las relaciones comerciales entre ambos socios, el sector tenderá a considerar a los proveedores, tecnologías y contratos militares bajo el prisma de la política y la seguridad económica, favoreciendo a proveedores fiables, aunque sean más caros.
Empresas de ambos lados pueden verse afectadas por represalias comerciales en forma de sobrecostes, vetos o ruptura de acuerdos. Pero estas medidas, tan bien es cierto, pueden terminar reforzando la apuesta por la autonomía estratégica y la soberanía tecnológica puesta en marcha por Europa en los últimos años, potenciando más el desarrollo de su industria de defensa, priorizando las compras y favoreciendo la sustitución de sistemas estadounidenses.






1 comentarios