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Un año de esperanza para la industria de defensa en España

Nada es más codiciado por las sociedades que la seguridad; sin ella no existe ni prosperidad, ni bienestar social ni desarrollo económico. Esta es la razón fundamental por la que es una buena noticia para un país que su industria de defensa sea competitiva y que su gobierno esté concienciado de la necesidad de invertir en la defensa.

El anuncio inversor del Gobierno en el último año con el lanzamiento de nuevos y necesarios programas para nuestra seguridad sin duda es fundamental para consolidar a nuestro sector y posicionar a España como un líder en el contexto internacional. Sin embargo, lo más importante es incrementar el presupuesto de inversiones de forma sostenida a largo plazo y esta es una decisión que solo quedará plasmada con la existencia de una ley de programación a medio y largo plazo.

En 1997, hace 25 años, el Ministerio de Defensa invirtió en euros constantes de hoy, 3.819 millones. Las compras en el exterior ascendieron a 624 millones de de 2022, con un retorno industrial para nuestras empresas de 490 millones. Es decir, el 90 por ciento de nuestras adquisiciones tenían como destinatario a empresas de propiedad mayoritariamente nacional y generaban empleos y tecnología dentro de nuestras fronteras. La producción total del sector de Defensa ascendió a 2.130 millones de euros de 2022, con un ratio de exportación sobre facturación del 20 poe ciento.

Si regresamos a la actualidad, la inversión media anual del Ministerio de Defensa en los últimos cinco años ha ascendido a 2.522 millones de euros, lo que supone una pérdida de un 25 por ciento en términos reales respecto de 1998. Sin embargo, la industria de defensa ha facturado de forma consolidada 5.800 millones en 2021, es decir, un 125 por ciento más, y, además, con un ratio de exportación del 40 por ciento de su producción. Este es un dato muy significativo, ya que denota que la industria está preparada para absorber un amplio incremento de la inversión en defensa a corto plazo.

Pero seamos conscientes de que venimos de una sequía inversora de muchos años. En España tenemos una amplia tradición de programación militar en las inversiones, desde leyes de comienzos del siglo XX, pero la moderna política industrial y económica de Defensa se inicia con la primera Ley de Dotaciones, de 1971, vigente hasta que, con la crisis de 1993, en plena tormenta de dividendos por la paz, el Gobierno optó por la liquidación de la industria de defensa, con plena disposición a echar por tierra proyectos ya firmados, como la nueva fragata, aviones Eurofigther y los carros Leopardo.

Desde 1996, y con el apoyo de los programas con financiación del Ministerio de Industria, se ha realizado un atisbo de programación de inversiones, pero si entendemos que todavía hay deudas por programas, no solo de aquellos concluidos, sino de sistemas en los que ya se está considerando su reemplazo, nos damos cuenta de que el sistema no ha funcionado. Su constante estiramiento ha contaminado el concepto inicial de financiar la innovación para convertirse en un proceso viciado de financiación con escasa luz. Sin embargo, y pesar de las escasas inversiones, muy inferiores a las de nuestros vecinos, la industria tiene un nivel muy superior a su propia demanda interna.

Nuestra industria de defensa es la quinta en Europa y factura casi 6.000 millones, mientras que la italiana no llega a los 10.000 millones, aun cuando su nivel de inversiones en los últimos siete años asciende a 40.000 millones de euros, frente a 20.000 millones de España. Estamos muy lejos de los 100.000 millones acumulados de Francia y los 135.000 millones de Reino Unido en inversiones. Es decir, a pesar de todos los mensajes, nuestro nivel de inversión en defensa es ridículo, mientras que nuestras empresas exportan a Reino Unido, Arabia Saudita, Australia, Noruega o Turquía, por decir algunos casos.

Como señalaba, nos encontramos en la actualidad ante un momento crítico, no solo de nuestra industria, sino de nuestra Defensa. Ucrania nos ha abierto los ojos a algo de lo que ya algunos éramos conscientes, que vivimos en un mundo inseguro lleno de amenazas y que la defensa es vital para nuestra prosperidad, libertad y seguridad. Si en este momento de nuestra historia no damos pasos decisivos, nuestros enemigos nos verán más débiles, la industria habrá perdido su última gran oportunidad y, sobre todo, estaremos más aislados de los centros de decisión mundiales y no respetados ni dentro ni fuera.

Es el momento de aprobar una Ley de Programación Militar para los próximos ocho años, con recursos asignados específicos, dejando fuera las amortizaciones de los préstamos de industria y las compras de material recurrente, pero incluyendo la modernización y el mantenimiento. No hay otra manera de programar los recursos que sabiendo hacía dónde vamos. Esto es lo más básico que necesita la industria. Lo segundo, es equipararnos en inversiones e I+D a nuestros vecinos, lo que nos llevaría a en torno a los 4.000 millones de euros anuales, de los cuales 600 millones deberían ser para I+D, sostenidos en el tiempo.

Claro que aprobar una ley que defienda a España de sus enemigos requeriría de otras mayorías parlamentarias que las actuales, pero que sin duda existen en el Congreso de los Diputados en la actualidad. Invertir en defensa resulta fundamental para consolidar a la nación, aprobar una ley de programación de inversiones demostraría que en las cuestiones de Estado existe una amplia mayoría, pero si la defensa también entra en el juego corto para mantener mayorías, entonces no debemos hacernos muchas ilusiones.

La industria de defensa ha demostrado su gran capacidad profesional, con una trayectoria internacional que acredita su competitividad, pero es especialmente importante que la decisión sobre los programas se produzca con antelación y con esquemas de contratación claros y orientados a la eficiencia en la gestión de los programas. (Enrique Navarro)


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