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Robert Samuel “Bobbie” Johnson, un tipo con suerte

Johnson fue un distinguido piloto de la USAAF, que voló el P-47 Thunderbolt sobre Europa y al que acreditaron 28 derribos durante la Segunda Guerra Mundial, reconocido por ello con una gran la lista de medallas (Distinguished Service Cross, Silver Star, Distinguished Flying Cross, Purple Heart, Air Medal, Distinguished Flying Cross) pero no las ganó fácilmente, como lo demuestra el hecho de estar a punto de morir varias veces el mismo día, mientras ejecutaba una misión rutinaria

En la ocasión que traigo aquí, su formación, compuesta por varios P-47, fue barrida del cielo por un grupo de 16 Focke-Wulf Fw 190 del II Gruppe, JG 26 que los había pillado por sorpresa. La primera pasada de ametrallamiento organizada por los cazas alemanes, consiguió dispersar a los P-47 y provocó graves daños al avión de Johnson.
Parcialmente cegado por la pérdida de aceite y soportando el dolor que le provocaron algunas quemaduras, Johnson intentó saltar del avión, pero su paracaídas se enganchó y el dosel no deslizaba por el riel debido por los daños sufridos en el combate. Al bueno de Johnson no le quedó otra que “coger el toro por los cuernos” y tratar de dominar el avión, costase lo que costase.
Después de salir de un giro incontrolado y con el fuego apagándose por sí solo, Johnson debió de pensar que se había producido un milagro, y optó por dirigirse hacia el Canal de la Mancha.

Cuando ya estaba disfrutando de su salvación, y seguramente ya estaba dándole las gracias a Dios por los servicios prestados, apareció de la nada un solitario Fw 190 y lo ametralló en varias ocasiones. 
Johnson no podía defenderse, más allá de hacer algunos giros y encajar impactos. En un momento dado, al Fw 190 se le agotó la munición y el piloto alemán, rendido ante la evidencia de que aquel norteamericano había vuelto a nacer, agitó las alas para despedirse y dio media vuelta. Johnson, que no podía creer su suerte, le devolvió el saludo mostrándole el dedo corazón y continuó la marcha.
Finalmente, por increíble que parezca, Johnson consiguió aterrizar su avión en Inglaterra y al bajarse, comprobó asombrado que el aparato parecía un queso Gruyer. Allí estuvieron contando agujeros sus mecánicos y él, hasta que al superar la cifra de 200 impactos, se dieron por vencidos.
Este fue un buen ejemplo, pero no el único, por el cual el P-47 se ganó la fama de “chico duro” y Robert Samuel “Bobbie” Johnson, siempre fue considerado un tipo con suerte.

Dibujo y texto: Reinaldo Munilla (Dibujos con historia)


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