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Regimiento de Caballería Infante nº 4

De memorable debe calificarse a este Regimiento de Caballería en atención a que, en su principio, constituyó un cuerpo montado de singular característica marcial para, más tarde, sobresalir por su osada pujanza combativa. Fue creado en tiempos deL Rey Felipe IV de Austria quien decidió levantar un Tercio de Caballos que tituló de Ias Ordenes al ser el monarca Gran Maestre de Ias de Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa.

La causa de su constitución obedecía al hecho de que en 1640 se insurreccionaron Cataluña y Portugal, entre otras zonas peninsulares, lo que obligó a crear nuevas fuerzas ya que, el grueso del Ejército peleaba por Europa en la denominada Guerra de los Treinta Años. Bajo esas coordenadas el Rey dispuso en 1642 la organización del citado Tercio de lo que se encargaron en el contorno de Madrid, los condes de Monterrey, de Castrillo y el marqués de Castro-Fuerte. Su fuerza constaba de cuatro escuadrones totalizando un millar de caballos al mando de D. Juan Oto, D. Pedro Chirinos, D. Tomás de Beaumont y D. Rodrigo Tenorio, respectivamente, asumiendo el mando supremo el duque de Mortara. Los efectivos los componían, en gran parte, lo más esclarecido de Ia nobleza hispana que de buen grado aceptaron Ia premisa impuesta por el soberano de vestir como en el Medievo, es decir: usar Ia cota de burato sobre el hábito blanco con Ia cruz al centro, ligero bacinete en Ia cabeza y en Ia montura, Ia silla de borrenes con artísticas bridas y arneses y, como armas, Ia clásica espada y un par de pistolas, detalle este último que contradecía el general atuendo. Todo esto les daba imagen de caballeros de Ias Cruzadas, pero Ia misma fue efímera y sólo duró el tiempo de acompañamiento del Rey en Ia jornada de Cataluña donde el clérigo Pau Ciarís, con el apoyo de Francia, había proclamado la República Catalana. Nuestro Tercio, ya con Ia traza normal de Ia época, participó con inusitado ardor en cuantos combates se libraron por esa región y con el mismo brío actuó después en Portugal. Y cuando en 1652 D. Juan José de Austria tomó Barcelona volvió a batirse por tierras del Norte catalán hasta penetrar en Francia por Ia Cerdaña y el Rosellón.

Pasó el tiempo y con el siglo XVIII el solio hispano fue ocupado por el primer Borbón, Felipe V, quien renovó totalmente el Ejército dando lugar a que el inveterado Tercio figurase, en 1706, como Regimiento Viejo de Ordenes. Como tal intervino en Ia guerra sucesoria hasta que, en 1715, fue disuelto para reorganizarlo copiando el modelo francés recibiendo el simple nombre de Ordenes que habría de conservar hasta 1763 en que recibió nuevo título quedando como Regimiento de Caballería de Línea Infante nº 4.

De esta manera el ahora Infante prosiguió su ejecutoria castrense en lo que quedaba de reinado de Carlos III aún en perenne acción americana cada vez más agitada por los intereses anglo-franceses. Luego, entre 1779 y 1783, se planteó en el Sur peninsular el asedio a Gibraltar y el Infante, incluido en las tropas del general Castaños, tomó parte en el mismo. En 1793 estalló Ia Guerra de los Pirineos siendo agregado el Regimiento a Ias fuerzas del general Ricardos a cuyas órdenes se batió bravamente por el macizo pirenáico y el mediodía francés continuándose así hasta el final de Ia campaña, en 1795. Ya en plena Guerra de Ia Independencia contra Napoleón, en 1807, el Infante se integró en las fuerzas del marqués de la Romana que combatieron por el Norte de Alemania y, en el transcurso de esa triste odisea se vio forzado, en Gotemburgo, a embarcar en un transporte inglés que le llevaría a España teniendo que abandonar monturas y demás pertrechos militares. Una vez puesto el pie en Ia costa galaica, el Infante hizo frente a Ias huestes napoleónicas a Ias que en más de una ocasión hostilizó duramente. Acabada la guerra, en 1814, el Regimiento quedó tan maltrecho que indujo a formar una unidad montada en base de los cazadores del Sagrario de Toledo, cazadores de Ia montaña de Córdoba, húsares de Galicia y cazadores de Cantabria formados en tres escuadrones de a dos compañías cada una con 82 caballos y 93 hombres mandados por el coronel Blasco.

En 1815 este Cuerpo se integró en el reaparecido Infante pero fue disuelto en 1823 a causa de Ia abolición del Ejército constitucional quedando como 2° Provisional compuesto por lanceros de Fernando VII, del Príncipe y Ligeros Realistas de Cataluña, organizados en cuatro escuadrones de a dos compañías con 438 caballos y 624 hombres al mando del coronel D. Francisco Saliquet. En adelante, por un R.D. de 18 de julio de 1826, volvió a figurar como de Caballería Infante nº 4 que mantuvo a través de Ia primera Guerra Carlista en Ia que sus escuadrones se batieron brillantemente. Después tuvo lugar el desatado fárrago de hechos sociales y políticos en los que el Ejército se vio introducido y, así en 1848, en Ia noche del 13 de mayo, se produjo en Sevilla Ia sublevación de un batallón de Infantería Guadalajara al que se unió el Infante lo que supuso un flagrante delito de conspiración. La reacción fue inmediata y Ia Reina Isabel II, mediante el RD. en 29 de mayo, dispuso que el Infante quedase definitivamente extinguido. Su coronel, demás jefes y tropa fueron juzgados severamente. En cuanto a sus estandartes se depositaron en el museo de Artillería y el armamento, quedó a buen recaudo en los almacenes del Ejército.

Texto y dibujos de Miguel Montaner


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