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La preocupante fragilidad de la frontera sur de España

La zona sur del territorio español, concretamente las fronteras de Ceuta y Melilla con Marruecos son continuamente atravesadas por hordas de subsaharianos organizados por mafias que empleando tácticas de guerrilla urbana, entran en masa a través de las vallas en busca de los Centros de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETIs) a sabiendas de que serán recibidos con los brazos abiertos por las ONGs, todo ello ante la inacción del Gobierno.

Este verano se dieron varios factores que han disparado el número y virulencia de entradas tanto por vía marina como a través de las citadas fronteras.

La negativa del actual gobierno italiano a permitir la entrada de nuevos barcos con inmigrantes en el Mediterráneo ha supuesto que el flujo ahora se dirija a España, habitual canal de entrada a través del Estrecho principalmente desde Marruecos. Si a esto sumamos dos anuncios que fueron muy mediáticos como la acogida del barco Aquarius con sus 629 inmigrantes al puerto de Valencia y el anuncio de finales de julio de devolver el acceso universal al Sistema Nacional de Salud a inmigrantes irregulares, el efecto llamada está claro.

Preocupante es que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado no cuenten con los medios humanos y materiales suficientes para enfrentarse a esta amenaza. Sirva como ejemplo que 10 agentes de la Guardia Civil se enfrentaron a más de 300 personas que atravesaron la valla de Ceuta, consiguiendo finalmente entrar 115. En julio lo consiguieron más de 600 en un solo día. Los asaltos se han recrudecido empleando cal viva, heces o sangre contra los agentes, que cuentan solo con su equipamiento individual de protección.

Baste recordar que tras la tragedia en la playa del Tarajal del 6 de febrero de 2014 en la que murieron quince subsaharianos, el uso de medios de contención está restringido. Si esto sigue así no tardará mucho en producirse alguna desgracia, ya sea en el bando de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado o entre los subsaharianos.

Recursos técnicos y tecnológicos hay de sobra para reforzar la seguridad de dichas fronteras, empezando por no retirar la concertina, sino desplegando medios disuasorios que las armas no letales permiten, ya sea el empleo de los poco sofisticados cañones de agua o los dispositivos tipo taser por citar dos ejemplos.

Pero parece haberse dejado a su suerte a estos agentes desde el Gobierno, que se limita a mandar más que mensajes de apoyo vía redes sociales, en lugar de reforzar las plantillas, dotarles de medios adecuados o incluso desplegar a las Fuerzas Armadas en la frontera.

En lugar de ello, incluso vemos como algunos políticos animan a los subsaharianos a continuar, véase el caso de las alcaldesas de Madrid o Barcelona, reconociendo algún tipo de mérito por estas acciones violentas. La realidad muestra CETIs desbordados en toda la zona sur de Andalucía e incapacidad para acoger más inmigrantes y gestionar su presencia en el territorio.

Además esta entrada incontrolada de individuos presenta importantes riesgos para la seguridad, puesto que como se ha comprobado en otros países en Europa, aprovechando estos movimientos migratorios, integrantes de grupos terroristas han conseguido introducirse en Europa. Además no hay olvidar el riesgo biológico, es decir, la posibilidad de que algunas de estas personas puedan ser portadoras de enfermedades contagiosas, lo que supondría un serio riesgo para la salud pública, hecho que además puede emplearse precisamente como arma de bajo perfil por los grupos citados.

Por último resulta llamativo, como se ha podido comprobar en las imágenes televisivas y como comentan los agentes fronterizos, que la mayoría de subsaharianos que entran ilegalmente no presenta un aspecto famélico ni desnutrido que se podría esperar de su situación, sino que presentan no solo buen estado de saludo sino una envidiable energía y fortaleza. Habría que pararse a pensar las consecuencias legales para un ciudadano de a pie si se le ocurriera actuar contra los agentes de la ley como lo hacen estas personas. (José Mª Navarro García)

Fotografías:

·Una imagen que parece no dejará de repetirse (La Sexta TV)

·Unidades de la Comandancia General de Melilla en abril (Ejército de Tierra)


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